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| 1/6/1986 12:00:00 AM

PELEA ENTRE HERMANOS

Animos caldeados en Medio Oriente por amenaza de guerra entre Egipto y Libia.

"Advertimos a aquellos que están pensando en atacar a Libia que de hacerlo tendrán que vérselas simultáneamente con el poder conjunto de Libia y Siria". Esta rotunda declaración, formulada el 2 de diciembre por Abdel Halim Khaddam, vicepresidente sirio para asuntos extranjeros y políticos, cayó como ducha fría sobre las cumbres gubernamentales de El Cairo, desde donde estaban emanando -a raíz del incidente del Boeing egipcio desviado a Malta- ambiguos mensajes sobre la posibilidad de una nueva aventura militar de Egipto contra su vecino.
El primer indicio de que la postura asumida por Damasco ponía a pensar dos veces a los egipcios, fue la frase apaciguadora que soltó el presidente Hosni Mubarak, al día siguiente de que Jana, la agencia de noticias libia, lanzara al aire la advertencia de Khaddam. "Egipto es un país árabe y africano y es imposible para Egipto luchar contra un hermano árabe y africano", dijo el Mandatario. Lo de país "hermano" contrastaba enormemente con las palabras pronunciadas el domingo anterior por Ali Lufti, Primer Ministro egipcio, quien hizo recaer la responsabilidad del secuestro del avión "sobre un país vecino que lamentamos siga siendo considerado como parte integrante del mundo árabe e islámico".
Ali Lufti, haciendo calculadas frases para dar la impresión de que su gobierno se preparaba para "castigar militarmente" a Libia, agregó que lo de Malta "es un asunto con graves repercusiones" que será examinado "objetivamente para poder tomar una decisión en el momento y el lugar oportunos, porque no podemos olvidar su crimen".
Radio Trípoli, mientras tanto, sostenía que "las Fuerzas Armadas egipcias concentradas en la frontera han acabado sus preparativos para desencadenar una agresión contra Libia, en coordinación con las fuerzas norteamericanas reagrupadas frente a nuestras costas". En efecto, desde el 24 de noviembre último, El Cairo había declarado en estado de alerta a sus tropas y ordenado urgentes desplazamientos de equipos blindados hacia el occidente del país. "No tenemos cifras, pero la información que tenemos señala un alto grado de preparación y de planificación" de los egipcios, dijo a la prensa norteamericana un diplomático de Occidente en El Cairo, interrogado sobre las posibilidades de una guerra inminente.
El ambiente en las calles de la vieja ciudad no era menos agitado. Encuestas espontáneas hechas por periodistas extranjeros mostraban que una mayoría de la ciudadanía parecía dispuesta a aceptar que se desencadenara por lo menos una "guerra corta y limitada" con Libia en esos momentos, en represalia por el secuestro que llevó a la muerte a 60 personas. La población recordaba con resignación cómo Anwar el Sadat había lanzado a su país en agosto de 1977 a una guerra contra Libia, durante la cual el Ejército egipcio penetró 32 kilómetros dentro de Libia y ocupó brevemente el oasis Jaghbub.
En su libro " Khadafi y Estados Unidos desde 1969", Edward Haley explica que Sadat pensaba invadir plenamente a Libia para deshacerse del régimen del coronel Muammar Khadafi, formidable enemigo de Egipto desde el momento en que Sadat decidió acercarse a Israel. Haley afirma que Sadat pidió a Washington garantías sobre la no intervención de la Unión Soviética en caso de generalizarse el conflicto con Libia, pero que la administración Carter no respondió positivamente a ello, razón por la cual el incidente no pasó a mayores. ¿Logrará Mubarak hacer lo que no pudo Sadat, habida cuenta de que ya no es Jimmy Carter, sino Ronald Reagan, quien ocupa el mando en Washington? La pregunta no es gratuita si se tiene en cuenta el plan revelado hace algunos días por el Washington Post según el cual la CIA estaba buscando empujar a Egipto a una intervención armada contra Libia para derrocar al incómodo Khadafi.
El Cairo desde hace años viene acusando al líder libio de ser un "aventurero al servicio del terrorismo internacional". En el expediente que las autoridades egipcias le tienen, abundan historias como el supuesto intento frustrado de volar la embajada norteamericana en El Cairo, o el proyecto de bombardear la represa de Asuán, o el de atentar contra la vida de disidentes libios refugiados en Egipto. El coronel Khadafi, quien califica a Mubarak como "agente secreto a sueldo de la CIA", rechaza tales cargos. Sin embargo, al menos en una oportunidad, el régimen libio cometió un desliz que lo desacreditó enormemente. Fue el asunto Bakush. Cuatro pistoleros pagos por Trípoli fueron detenidos por la Policía egipcia antes de que pudieran atentar contra la vida de Abdel Hamid Bakush, ex primer ministro libio del rey Idriss, emigrado desde 1977 en Egipto.
Ni cortos ni perezosos, los policías fotografiaron al disidente caído en el suelo en medio de un charco de sangre y lanzaron la noticia falsa del asesinato de éste. De inmediato, la radio oficial libia anunció la "ejecución" del "traidor y perro bastardo" de Bakush. No contentos con ese fracaso, los libios volvieron a mandar comandos suicidas contra el asilado errando el tiro de nuevo.
Ante el caso del secuestro del avión a Malta, los egipcios tienen muy pocas pruebas contra Libia. Fuera de que Trípoli negó sistemáticamente haber impulsado a los cuatro terroristas que capturaron el Boeing de Egipt Air, Khadafi ha desafiado a Mubarak a presentarle la más pequeña evidencia contra él en ese escándalo, sin que hasta la fecha el Mandatario egipcio haya respondido con elementos concretos. Aparentemente, lo que tienen los egipcios son tres indicios: la exigencia de los piratas de dialogar con el Embajador libio en Malta, la distribución de un comunicado de la agrupación Liberación de Egipto por parte de un diplomático libio en Kuwait, y la estancia de Omar Mazurki -el único sobreviviente de los piratas- en Libia, junto con su familia, según afirma el Primer Ministro egipcio Lufti.
Trípoli se prepara para el ataque egipcio recibiendo de Moscú, según los servicios de espionaje norteamericanos citados por la cadena de televisión ABC, un número indeterminado de misiles SS-5, que tienen un radio de acción de 500 kilómetros y vuelan a una velocidad tres veces superior a la del sonido. Quizás ese paquete de armas y la postura asumida por Siria han enfriado los ánimos "vengativos" de los militares egipcios, quienes en señal de distensión concedieron a sus tropas fronterizas permisos de 48 horas para visitar a sus familiares, por primera vez desde que fue declarada la alerta. Ojalá que tal señal no sea un despiste. Una nueva guerra en el Medio Oriente, con las consecuencias dramáticas que puede ser un evento de esta naturaleza, como lo ha probado el conflicto entre Irak e Irán y la "guerra de los campos" en Líbano, es lo menos bueno que le puede ocurrir a la región.
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