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| 5/7/2001 12:00:00 AM

Pena de muerte

Aunque el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic no sea extraditado su futuro parece bastante oscuro.

Todo el mundo sabia dónde estaba y sin embargo Slobodan Milosevic era uno de los hombres más buscados de Europa. Refugiado a lo grande en su mansión de las afueras de Belgrado, el ex presidente yugoslavo se había librado de ser capturado por la renuencia de su sucesor, Vojislav Kostunica. Pero el domingo primero de abril la suerte le cambió.

Ese día el antiguo hombre fuerte se rindió a los policías que lo cercaban desde el viernes anterior en la noche. Fiel a su estilo, Milosevic fue un hueso duro de roer. Tras asegurar que sólo lo sacarían muerto de la residencia, y luego de varios intercambios de disparos que produjeron algunos heridos, uno de ellos grave, por fin aceptó capitular. Para ello fue necesario que las autoridades le garantizaran que no sería extraditado de inmediato a La Haya, donde es requerido por el Tribunal Internacional Especial para los Crímenes de la Antigua Yugoslavia.

Darle esas seguridades no fue difícil pues Kostunica ha dicho en varias oportunidades que no considera siquiera la posibilidad de entregarlo. La razón es que, aunque el presidente fue el adversario político más encarnizado de Milosevic, no cree que el Tribunal de La Haya sea suficientemente imparcial ni que los serbios sean los únicos a juzgar por los crímenes de las guerras que condujeron a la disolución de la mayor parte de Yugoslavia. Muchos mencionan al fallecido presidente de Croacia, Franjo Tudjman, como un criminal de guerra igual o peor a Milosevic. Sólo que éste perdió la guerra.

Esa fórmula de detenerlo acusado sólo de corrupción y no extraditarlo parece haberle funcionado a Kostunica, pues a un tiempo tranquilizó a los partidarios de Milosevic, que al fin y al cabo forman el 14 por ciento del electorado de la actual Yugoslavia (formada por Serbia, Montenegro y Kosovo) y apaciguó a los norteamericanos, que amenazaban con negarle un crédito por 100 millones de dólares. Por lo visto los gringos se transaron por ver a Milosevic en la cárcel, así fuera en Belgrado.

Los cargos contra el ex presidente se basan en su responsabilidad en las masacres y ‘limpiezas étnicas’ perpetradas durante el esfuerzo bélico que enfrentó sucesivamente a los serbios residentes en Eslovenia, Croacia, Bosnia-Hercegovina y Kosovo con sus paisanos de otras culturas y religiones. Los serbios fueron derrotados en ese mismo orden, con lo cual se fueron al traste en un mismo acto el proyecto de Milosevic de la Gran Serbia y la unidad de Yugoslavia.

En un comienzo se pensó que el hombre se saldría con la suya pues no se le podía responsabilizar por los hechos de los serbios de esas repúblicas, que técnicamente no son ciudadanos de Serbia y por lo tanto no están bajo el control de su presidente. Pero al presentar su recurso para libertad bajo fianza Milosevic cometió un error grave. Para defenderse de los cargos de corrupción afirmó que los dineros de cuya desaparición se le acusa fueron a dar a los grupos paramilitares serbios. Con ello quedó automáticamente vinculado a los hechos.

Y las cosas empeoraron aún más para él cuando Kostunica anunció que sería acusado, junto con su esposa, Mirjana, de ordenar el asesinato de varios opositores políticos, lo que le podría significar la pena de muerte. En esas condiciones, no sería raro ver en el próximo futuro la insólita escena de Milosevic, el carnicero de los Balcanes, pidiendo ser extraditado al Tribunal de La Haya.
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