Lunes, 24 de noviembre de 2014

| 2013/03/29 06:00

Peña Nieto es el presidente sorpresa

Pocos imaginaron que las promesas de cambio de Enrique Peña Nieto eran en serio. Cien días después su país está asombrado con las reformas que podrían impulsar a México a volverse una verdadera potencia.

El presidente mexicano, quien ganó las elecciones en medio de fuertes polémicas, ha logrado importantes cambios. Pero a pesar de los avances, aún tiene pendiente resolver los problemas de Pemex y la guerra contra el narcotráfico. Foto: AFP

Asociar el gobierno de Enrique Peña Nieto con el cambio, hasta hace poco, parecía una contradicción. Como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) ganó las elecciones de julio entre fuertes polémicas. Quedaron en evidencia sus conexiones con el grupo Televisa, se denunció que compró votos con tarjetas prepagadas y en su contra surgió Yo soy 132, un movimiento estudiantil inédito. Su posesión fue para muchos el regreso del viejo PRI, esa “dictadura perfecta” que dominó a México por siete décadas a punta de corrupción y violencia.

Peña Nieto acaba de cumplir 100 días en Los Pinos y a más de un mexicano le cuesta creer lo que está pasando. El “copetón”, como lo apodan, menos de 24 horas después de posesionarse dio su primera sorpresa al firmar junto con los líderes del Partido de Acción Nacional (PAN) de derecha y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) de izquierda el Pacto por México. Ahí se estableció un consenso para sacar adelante 95 grandes compromisos para fortalecer el Estado, democratizar la política y la economía y ampliar la participación ciudadana.

En febrero lanzó una reforma de la educación, en manos del poderoso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el más grande de América Latina con más de un millón de miembros. Y es que en el sistema educativo hay maestros con varios sueldos, las promociones dependen de un padrino, hay más de 45.000 que ganan pero no trabajan, e incluso en algunos estados un profesor al jubilarse deja su puesto a un familiar.

Desde  1989 la intocable Elba Esther Gordillo dominaba el Magisterio, con el que ponía votos y compraba silencios.  El portal Animal Político calculó que la Maestra tenía diez propiedades de lujo, incluida una villa en San Diego, California. El gobierno hizo lo impensable. Detuvo y acusó a Gordillo de desviar más de 120 millones de dólares del sindicato a cuentas de Estados Unidos, Suiza y Liechtenstein.  

Hace unas semanas Peña Nieto atacó a los propietarios de imperios que monopolizan la telecomunicación: Carlos Slim, el hombre más rico del mundo,  dueño de América Móvil y Telcel que controlan el 70 por ciento de la telefonía fija y móvil; Emilio Azcárraga de Televisa y Ricardo Salinas Pliego de TV Azteca que controlan entre los dos el 96 por ciento de la televisión abierta. Según la Ocde la falta de competencia en el sector le cuesta al país 25.000 millones de dólares anuales, y  el gobierno cree que una reforma podría traducirse en un punto más del PIB. 

El presidente anunció un ente regulador más independiente, la apertura a competencia extranjera, el control de las empresas que dominen más del 50 por ciento de un servicio y anunció dos nuevos canales de televisión abierta. Todo contra los hombres que, según la percepción popular, lo pusieron en la Presidencia.

Su próxima batalla es Petróleos de México (Pemex), la empresa más grande de México, con ingresos en 2012 por 128.000 millones de dólares (11 por ciento del PIB). La petrolera pública está plagada de problemas, tiene enormes costos laborales, una gestión opaca y una producción que ha caído en un17,5 por ciento en los últimos seis años.  

Pero es un sector sensible. El petróleo fue nacionalizado hace 75 años como un hito de la mexicanidad. Aunque Peña Nieto advirtió que no iba a privatizar, probablemente va a abrir la empresa a capitales privados, lo que  provoca descontento. De todos modos planea esperar el segundo semestre para impulsar esta reforma y la fiscal,  sus retos más complicados. 

Pero mientras en Los Pinos se habla de cambios, gran parte del país sigue viviendo  la guerra contra el narcotráfico que marcó el sexenio de Felipe Calderón.  En las últimas semanas los periódicos El Siglo de Torreón y El Zócalo de Saltillo han sufrido ataques. Los secuestros, y las desapariciones siguen  desenfrenados. Y según un informe del International Crisis Group, los carteles de la droga se están mutando en mafias que también extorsionan, roban y secuestran. 

Pero Peña Nieto quiere “desnarcotizar” el país y para eso tiene la asesoría del general Óscar Naranjo. El gobierno también impulsó la nueva Ley de Víctimas, con el apoyo del poeta y símbolo de la tragedia mexicana Javier Sicilia y proyecta crear una Policía Nacional.

EPN ya demostró que no era un simple galán de telenovela. Le falta lo más difícil. Llevar a cabo hasta sus últimas consecuencias los cambios que son vitales para el futuro de México. Solo así podrá cumplir lo que escribió en The New York Times hace unos días el nobel de economía Milton Friedman: “En India la gente pregunta sobre China, en China la gente pregunta sobre India: ¿Cuál va a ser la potencia económica dominante del siglo XXI? Ahora tengo la respuesta: México”. 

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