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| 12/23/1996 12:00:00 AM

PERDIDOS EN EL ESPACIO

Con el hundimiento en el océano Pacífico de la nave Marte 8 terminaron los sueños rusos de conquistar el universo.

Las predicciones de Julio Verne en el siglo pasado hicieron que los sueños del futuro se asociaran con la conquista del espacio. Y durante la guerra fría la supremacía del mundo se asoció con la ventaja en la carrera espacial. La Unión Soviética fue la primera en poner un hombre en órbita, y como reacción Estados Unidos puso el pie en la Luna. Pero, por lo que se vio la semana pasada, esos días épicos terminaron para siempre. La Rusia de hoy presencia el derrumbe del último vestigio de sus días de superpotencia: su programa espacial.El fracaso de la expedición Marte-96, que ya llevaba dos años de atraso debido a problemas financieros, ha sido el golpe mortal. En el océano Pacífico se ahogaron 300 millones de dólares, de los cuales unos 180 millones consistían en equipos aportados por otros 20 países, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia. Ni la nave, ni su valiosa carga, estaban asegurados pues, según palabras del director de la Agencia Espacial Rusa, Yuri Milov, "no hay dinero para eso".La declaración de Milov demuestra el grado de deterioro de una industria que no pudo sustraerse al desgreño generalizado del país. El doctor Howard Shaw, de la Universidad de Kent, que elaboró dos de los instrumentos de la misión, fue citado por el periódico británico The Times, diciendo que todo fracasó por fallas elementales.Primero que todo, los rusos no tienen telemetría mundial y pierden de vista a sus satélites una vez estos desaparecen en el horizonte. Veinte años atrás tenían una flota de barcos dispersados por todo el mundo para seguir a los cohetes. Entonces la misión no hubiera fracasado porque los científicos hubieran visto lo que pasaba.La nave ya estaba en ruta hacia Marte. La expedición, que llevaba 10 años de preparación, parecía un éxito y los controladores brindaban con vodka. Sólo faltaba un paso, que era separar la cápsula que continuaría el viaje del último de los cuatro propulsores y luego disparar cohetes para devolverlo a la Tierra. Lo que los rusos no supieron, porque la nave estaba fuera de su vista, era que el propulsor no se había separado de la cápsula. Cuando los retropropulsores fueron encendidos todo el cohete fue devuelto a la órbita interplanetaria y a una baja órbita de la cual rápidamente cayó y se incendió. La falla fue casi doméstica: un mecanismo simple, que vinculaba la aeronave con el propulsor, "una cosita mundana", según el profesor inglés, no se abrió. Tal vez no fue engrasada correctamente, tal vez algún pequeño descuido le impidió abrirse a tiempo.Pero es que los cohetes no pueden escapar a la suerte de Rusia. En un país donde nadie recibe salarios, donde los técnicos que supervisan los lanzamientos espaciales cobran 100 dólares de sueldo con un retraso de tres meses, donde los automóviles duran 10.000 kilómetros, donde los televisores nuevos tienen que ser enviados a reparación, donde no existían montallantas hasta hace tres o cuatro años, ni pañales desechables, era de esperarse que, en algún momento, la industria estrella del país siguiera su misma suerte.Como dice el periódico Izvestia, "este final era previsible. Los medios financieros sólo fueron entregados a último momento, las últimas dos semanas el personal trabajó a ritmo febril, en tres turnos, como sucedía en la época soviética, en que las fábricas, paralizadas todo el mes, hacían trabajar a todo el mundo 24 horas la última semana para cumplir los planes. ¿Qué se puede esperar a cambio? Cambiar el día de lanzamiento era imposible: las expediciones interplanetarias dependen de la posición de los planetas".Marte es el planeta de las desgracias para Rusia. No se sabe cuántas expediciones se realizaron durante la existencia de la URSS para llegar al planeta rojo. Oficialmente se dice que hubo ocho, pero desde 1960 se hicieron 20 lanzamientos desde Baikonur. El plan completo sólo se cumplió una vez, por la misión Marte 5, que estuvo unas horas en la superficie del planeta en 1973. En comparación, de nueve expediciones norteamericanas, seis fueron exitosas y sus estaciones han trabajado en la superficie del planeta durante varios años.Yuri Milov dijo a Interfax que ya empezaron a considerar recortes presupuestarios, que revisarán el plan de lanzar tres satélites para investigación astrofísica y eliminarán otras tres pruebas previstas para fin de siglo. En cuanto a Marte, no hay dinero para enviar otra misión, mientras que Estados Unidos planea 10 viajes en la próxima década. Por su parte, los representantes del sector comercial de la industria espacial rusa están tratando de tomar distancia con el fracaso de la misión. Pero una cosa es poner satélites comerciales en órbita alrededor de la Tierra y otra cosa lanzarse a la conquista del espacio, tarea que ha quedado definitivamente en manos de la NASA.Yuri Gagarin, el hombre que por primera vez viajó al espacio, en 1961, parado en su imponente estatua en la Avenida Lenin de Moscú, contempla entristecido el fracaso de tantas décadas de esfuerzos. Ya pasó el tiempo en el cual se creía posible tomar el cielo con las manos.
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