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| 5/8/2017 5:35:00 PM

Macron no había nacido cuando su esposa se casó por primera vez

Esta es Brigitte Macron, la mujer más asediada por las cámaras en Francia en las últimas 24 horas. Tendrá una enorme responsabilidad: retornar la credibilidad al puesto de primera dama, un cargo que cuenta con presupuesto propio y que ha estado salpicado por escándalos.

La escena es surrealista: Emmanuel Macron, el presidente más joven en ser elegido en la historia de Francia desde Napoleón saluda a la multitud desde el podio en el que se encuentra frente a la pirámide del Louvres. Solo, como un faraón. Después de unos minutos, su esposa, Brigitte Macron, sube al escenario para acompañarlo.

Ella levanta los brazos, saluda a la gente y le besa la mano, antes de que los alcancen sus hijos y los primeros círculos de colaboradores con los que accedió a la función suprema para el festejo. Ella tiene 24 años más que él, se encuentra un poco por fuera del foco de los proyectores, pero es uno de los artífices mayores de la victoria de su marido.

“Les serviré con amor. El mundo nos mira y espera que defendamos el espíritu de las luces”, declamó en su discurso de toma de posesión Emmanuel Macron, en una indirecta apenas velada a su principal interlocutora y la mujer que lo acompañó desde sus primeros paseos de estudiante de teatro en el liceo de Amiens hasta las más altas funciones del Estado.

Durante toda la campaña, Brigitte siempre se encontró sentada en la primera fila de cada encuentro, tomando notas de la aceptación de los discursos de Emmanuel por el público, preparando sus trajes y los retoques de maquillaje del candidato. Pero no solo eso. De acuerdo con sus colaboradores, también es una de las pocas personas capaces de regañar a su marido cuando comete un paso en falso. Es, además, su consejera número uno. A tal punto, que su omnipresencia ha comenzado a fastidiar algunos personajes del primer círculo político del antiguo banquero de Rotschild. Pero los que han tratado de reprocharle la cercanía de su mujer se han quemado las alas. “Es esencial para mí”, aseguró el nuevo presidente de 39 años, quién asume tener una relación funcional con su antigua profesora.

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¿Quién es Brigitte Macron, la nueva primera dama de Francia?

Brigitte Trogneux es la última hija de una fratria de seis hermanos, de una acaudalada familia burguesa dedicada a la chocolatería en el norte de Francia, en la ciudad de Amiens. Cuando se casó por primera vez, en 1974, con el futuro banquero André Louis Auziere, con quien tuvo tres hijos, Brigitte tenía 20 años y Emmanuel Macron todavía no había nacido. Sería hasta mucho después, en 1992, que se realizará el encuentro entre ambos, en un taller de teatro del liceo jesuita La Providencia, en el que ella “quedará totalmente subyugada por la inteligencia del chico de 15 años”, según explicó al cotidiano francés Le Parisien recientemente.

La relación entre los dos hizo tanto escándalo en la pequeña ciudad de provincia que los padres del futuro presidente decidieron alejarlo de la mala influencia de Brigitte, mandándolo a estudiar el prestigioso instituto Enrique IV en París.  A pesar de que juró volver para casarse con Brigitte, ocurrió finalmente lo contrario. Ella fue quien lo buscó luego de divorciarse, lo alcanzó en la capital, desde donde siguió el ascenso fulgurante de Emmanuel en el mundo de la política, retratado en el documental “La trayectoria del Meteoro”.

En su libro programático llamado Revolución, el actual presidente saludó la valentía de su esposa, una mujer culta capaz de recitar de memoria pasajes enteros del Rojo y el Negro de Stendhal, de acuerdo con lo que explicó a los medios su antiguo colega Arnaud de Bretagne.

Y es que a pasar de la diferencia de edad, la pareja ha sabido jugar muy bien con su imagen pública, gracias a la excelente relación que mantienen con la prensa rosa francesa, lo que les aseguró varias portadas de Gala, Voici o VSD durante la pre campaña. De hecho, la pareja tiene como consejera a la propia gurú de la prensa de farándula en Francia. Se trata de Michele Marchand, quién invitó a Emmanuel Macron para que aclarara el papel que mantendrá su esposa como primera dama de la sexta potencia mundial.

“No será disimulada detrás un tweet o escondida”, afirmó el entonces candidato, a inicios de marzo, en alusión a la disputa pública que aconteció en el mandato inmediatamente anterior de Francois Hollande. A quién fueron reprochados los constantes mensajes políticos de twitter publicados por su concubina, Valerie Trierweiler y su infidelidad con la actriz de teatro, Julie Gayet.

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¿Cuál es el problema con el papel de las primeras damas en Francia?

Pero es que el papel de las primeras damas no es claro todavía en Francia. A diferencia de lo que sucede en Estados Unidos con las first ladys, los galos no tienen un estatuto definido ni un presupuesto particular asignado al puesto. De alguna manera, se encuentran a medio camino entre el modelo anglo-sajón que enfatiza la pareja presidencial lo más que puede y el alemán en el que el cónyungue es un personaje privado que no juego ningún rol en la vida política del país. ¿Quién conoce el marido de Ángela Merkel, por ejemplo?

En la historia reciente de Francia, el puesto lo inauguró Yvonne de Gaulle, la mujer del hombre que retomó el poder después de la liberación de la ocupación alemana en 1945. Discreta, Yvonne apareció en las fotografías oficiales sin que se conozca si quiera el sonido de su voz, a pesar de que se sabe que influyó en las decisiones más conservadoras de su marido, manteniendo alejados del poder los hombres divorciados o culpables de adulterio.

Luego le sucedió Claude Pompidou, apodada la exuberante por los medios de comunicación. Quien, aunque redecoró el palacio del Eliseo de forma ostentosa y se volvió una suerte de egerie de la moda y del arte francés, mantuvo en silencio sus opiniones políticas durante todo el mandato de su esposo, George.

Lo mismo que su sucesora, Anne Aymone Giscar d´Estaing, quien fue la primera dama en poseer un verdadero despacho en los subsuelos de la presidencia, desde donde se encargó de las cuestiones sociales. Manteniendo la línea de las mujeres- madres, amas de casa y embajadoras de la moda sin función política que caracterizó Francia durante esas décadas.

Será finalmente Danielle Miterrand la primera en romper la tradición de esposas silenciosas, al dar a conocer sus opiniones públicas, en ocasiones encontradas con las de su esposo, que le valdrán el estatuto de representante de la lucha kurda en el mundo. Antes de que Bernadette Chirac, con el regreso de la derecha al poder, devuelve al palacio presidencial la moda discreta de las mujeres provenientes de grandes familias burguesas de provincia, que aconsejan a sus maridos desde la sombra.

Más recientemente, en 2007, Cecilia Attias, la primera mujer de Nicolás Sarkozy quebró nuevamente la tradición, separándose del nuevo presidente el año mismo de su elección. Lo que dio paso a la fulgurante figura de Carla Bruni, quien se instaló pronto en el ala del palacio presidencial reservada para las primeras damas y continuó su carrera musical durante todo el mandato.

Sin embargo, Carla Bruni también fue una de las mujeres más controvertidas en el puesto, no sólo por su pasado –fue amante de diferentes artistas conocidos como Mick Jagger o Eric Clapton-, sino por una vida considera como suntuosa en la que dispuso de una tarjeta de crédito directamente abierta sobre la línea de crédito del tesoro público francés y la colaboración permanente de ocho personas que costaron al estado más de 36 mil euros por mes, según hizo público en su momento el diputado republicano Guillaume Larrivé.

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Finalmente, la última mujer en ocupar el puesto fue Valery Trierweiler, bajo el mandato de Francois Hollande. Allí gozó durante un tiempo del apodo de “primera novia”, al ser la primera mujer casada en entrar al Eliseo al brazo de un presidente. Valery no mojó demasiada prensa hasta que se peleó con Holande por la infidelidad evidenciada en los periódicos nacionales, a través de la ilustre fotografía del ejecutivo saliendo de su palacio en motoneta a medianoche para ir a visitar a la actriz de teatro Julie Gayet.

Y es que de acuerdo con el periodista Robert Schneider, quién publicó el libro titulado Primeras damas, la función compleja de esposa de mandatario se complicó considerablemente con el advenimiento de las redes sociales. Cada gesto o acción es vigilado por millones de personas, dispuestas a inflar cualquier polémica.   

Por eso es que recientemente ha vuelto el tema al centro de la polémica, con la propuesta de hombres y mujeres, tanto de derecha como de izquierda, de terminar con el vacío legal que acompaña la función de primera dama.  

Por el momento, la compañera o el compañero del presidente no tienen rango protocolario, pero sí es acreedora de una protección personal ofrecida por el Estado y de un despacho con recursos para ejercer las funciones que les plazcan sin tener que rendir cuentas públicas. Lo que ha provocado el estallido de escándalos como el intento del empresario Xavier Kemlin de demandar a la excompañera de Francois Hollande por un desvío de fondos que nunca prosperó en Justicia.

Quizá sea eso lo que haya llevado a Emmanuel Macron a hacer la promesa, después de la primera vuelta de las elecciones, de clarificar el estatuto de primera dama para ofrecer más transparencia sobre las funciones que ejercerá su mujer.

Una opción acogida con humor por Brigitte Macron, quién aseguró estar dispuesta a todo con Emmanuel, después de 20 años de vida en común, pero declaró preferir que ganara las elecciones de una vez, porque sino le sería complicado imaginar su propia cara dentro de cinco años, cuando cumpla 69 primaveras.

*Periodista de Semana.com

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