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| 4/3/1989 12:00:00 AM

Pido la palabra

El presidente Duarte contraataca con su propio plan de paz.

La del domingo fue una noche de sorpresas en El Salvador. Cuando los televidentes del país se disponían a cerrar la semana con otra de las muchas series norteamericanas que copan la televisión nacional, se sorprendieron al encontrar la figura delgada del presidente Napoleón Duarte, que en una sorpresiva y dramática aparición en vivo, se dirigía a la nación para anunciar su propio plan de paz, tendiente a poner fin, de alguna manera, a la guerra civil que desangra al país desde hace por lo menos nueve años, según algunos, y desde 1932, según otros.
La sorpresa no fue, sin embargo, solamente la presencia ante las cámaras de ese hombre enfermo, que ha reducido sus apariciones en público a las estrictamente necesarias, sino el contenido de su propuesta, que se refirió a la planteada el 23 de enero por el Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional (FMLN). En su alocución, Duarte propuso un cese al fuego hasta el primero de junio -cuando termina su período-, posponer las elecciones por 40 días e iniciar de inmediato conversaciones en las que una comisión conformada por tres miembros del ejecutivo y tres representantes de la Asamblea Nacional (Congreso) se reunirían con sendos voceros de la guerrilla en la vecina Guatemala, en un encuentro que tendría como observadores a representantes de los 13 partidos políticos salvadoreños. Las conversaciones, que deberían comenzar el martes siguiente, deberían según Duarte abocar temas como el fin de las hostilidades, la fusión de las partes combatientes en un nuevo ejército único y la reincorporación de los guerrilleros a la vida política y social del país.
La propuesta fue el resultado aparente del clamor expresado por las fuerzas políticas del país en la reunión de la semana anterior en México, cuando todos pidieron a Duarte buscar por todos los medios una salida política inmediata a la guerra civil, que en su última etapa ha dejado al menos 70 mil muertos. Pero pocos observadores esperaban de Duarte una jugada de esa naturaleza, que parece sacada de una mesa de billar a tres bandas.
Esa impresión fue confirmada por las encontradas reacciones que se suscitaron a lado y lado del espectro político. Los integrantes del FMLN, sorprendidos por una proposición que conocieron los televidentes antes que ellos, parecieron perder la iniciativa de la paz, y sólo atinaron a rechazar tanto el cese al fuego prolongado y la reunión del martes en Guatemala -país que rechazaron de plano como sede de conversaciones-, como también el aplazamiento de las elecciones por sólo 40 días. Mientras calificaban la propuesta de "positiva", los voceros guerrilleros plantearon en respuesta que el cese al fuego abarcara solamente el tiempo necesario para preparar la reunión, que tendría lugar en San Salvador el sábado 4 o el domingo 5 de marzo y se mantuvieron firmes en su pedido de aplazar las elecciones por seis meses, como requisito indispensable para participar en ellas y reincorporarse a la vida civil.
La ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), el partido del conocido mayor Roberto D'Abuisson, también rechazó la posición de Duarte, pero por razones muy diferentes. Por una parte, porque su candidato, Alfredo Cristiani, es el más firme opcionado para ganar las elecciones si ellas se realizan en la fecha prevista, que es el 19 de marzo.
Pero si los comicios se aplazan, esa ventaja muy bien podría desaparecer. Por otro lado, la mayor parte de las propuestas de Duarte deben ser aprobadas por la Asamblea Nacional, que está dominada por Arena, lo que hace que la responsabilidad del éxito o fracaso del plan del presidente recaiga, precisamente, en el partido de oposición ultraderechista. Como dijo uno de sus diputados, "el gobierno nos ha pasado la pelota". Y como si fuera poco, el candidato de Convergencia Democrática, Guillermo Ungo, aliado político de la guerrilla, criticó lo corto de los plazos para la reunión y además el papel reservado a los partidos políticos, de "simples convidados de piedra" en esas trascendentales conversaciones .
En medio del estupor general, el único que no parecía tomado por sorpresa era el Departamento de Estado norteamericano, que para muchos analistas fue el inspirador de la espectacular jugada de Duarte. Charles Redman, vocero del organismo, no dejó pasar la oportunidad para presentar a la guerrilla como la parte intransigente del proceso, mientras era evidente que el gobierno había conseguido el importante avance político de ganar de nuevo la iniciativa de la paz. Al final de la semana, mientras ninguna de las proposiciones se había aceptado formalmente, y tras el decreto de cese al fuego unilateral dictado por las fuerzas armadas, era claro que Duarte había conseguido el importante objetivo político de poner a sus enemigos de derecha e izquierda a la defensiva y que las devaluadas acciones de su partido Demócrata Cristiano había recibido un impulso importante.-
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