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| 6/10/2011 3:00:00 PM

Poder y sexo: lo que cambia en Francia con el caso Strauss-Kahn

Analistas señalan que el escándalo sobre abuso sexual que salpica al exjefe del FMI pudo haber roto el silencio sobre las conductas y abusos sexuales de los poderosos en el país. Pero otros no esperan cambios repentinos.

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BBC
La inculpación de Dominique Strauss-Kahn por presunto intento de violación en Nueva York desató augurios de un cambio en las tradiciones de poder y sexo en Francia, pero algunos advierten que el verdadero impacto es aún incierto.
 
Las denuncias y quejas por actitudes sexistas contra las mujeres en los círculos franceses de poder se han propagado desde el arresto el mes pasado del entonces jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Manhattan.
 
Según algunos analistas, además de acabar con la firme posibilidad que tenía Strauss-Kahn de ser el próximo presidente de Francia, el escándalo pudo haber roto una suerte de "omerta" o ley del silencio sobre las conductas (y abusos) sexuales de los poderosos en el país.
 
"De repente, las lenguas se desatan", escribió Silvye Kauffmann, directora editorial del diario Le Monde.
 
"Periodistas y colaboradoras de políticos cuentan la 'seducción' masculina cotidiana, y sobre todo sus excesos".
 
Sin embargo, otros advierten que en un país como Francia, donde la sexualidad de los poderosos fue tradicionalmente considerada una virtud e ignorada por los medios, es difícil que haya virajes bruscos.
 
"No creo que cambiemos de cultura en un día y debido a un caso", dijo Christophe Deloire, coautor del libro "Sexus Politicus" sobre la vida sexual de los hombres de poder en Francia, en diálogo con BBC Mundo.
 
"Laxismo e inmovilismo"
 
En todo caso, la acusación contra Strauss-Kahn por cargos de intento de violación y agresión sexual que él niega "puede ser una ocasión para reposicionar un poco la conducta de algunos políticos y el lugar de las mujeres en la clase política", opinó Deloire.
 
Aunque a menudo sean ignorados por los medios, las aventuras y transgresiones sexuales de los poderosos en Francia fueron habitualmente conocidas y toleradas.
 
El libro "Sexus Politicus" concluyó que Charles de Gaulle fue el único de los recientes presidentes franceses sin relaciones extramatrimoniales.
 
El historiador Dimitri Casali descartó el escándalo Strauss-Kahn vaya a romper la "tradición monárquica que marca que los hombres del poder en Francia sean personajes de una sexualidad hiperactiva".
 
"Los franceses quieren a los políticos que tienen varias amantes y relaciones adúlteras", dijo Casali a BBC Mundo.
 
Según Casali, esa característica cultural está grabada en el ADN de los políticos más veteranos, aunque aparece menos nítida en las nuevas generaciones, lo que sugiere que las cosas cambian gradualmente.
 
"Todo lleva tiempo en Francia, un país de cierto laxismo e inmovilismo, a la vez revolucionario y conservador", dijo Casali.
 
En todo caso, los hechos recientes parecen haber mostrado a los franceses la tenue frontera que puede haber entre la exaltación de la virilidad en el poder y el riesgo de acoso o violencia contra las mujeres en el entorno de los poderosos.

También abrió un signo de interrogación sobre la conveniencia de mantener las vidas sexuales de los políticos franceses fuera de la órbita pública, aunque en esto tampoco parece haber consenso para cambios radicales.

"Que las mujeres hablen"
 
La idea de que el juicio a Strauss-Kahn en Nueva York marcó un antes y un después en materia de sexo y política en Francia cobró fuerza con otro escándalo posterior, a fines de mayo.
 
Georges Tron debió renunciar al cargo de viceministro francés de Función Pública después que la justicia comenzara a indagarlo por presunta agresión sexual a dos exempleadas del municipio donde él es alcalde.

Las dos mujeres, que dijeron haber sido inducidas por Tron a recibir masajes de pies que derivaron en manoseos (algo que él niega), dieron la cara esta semana por primera vez en una entrevista con el diario Le Parisien.

Muchos consideran difícil que algo así ocurriera antes de la denuncia que una empleada de hotel e inmigrante de Guinea presentó en Manhattan contra Strauss-Kahn.

También hubo mujeres políticas francesas que hablaron de actitudes impropias por parte de sus colegas hombres.

Chantal Jouanno, ministra francesa de Deportes (y excampeona de karate), dijo que cuando va a la Asamblea Nacional viste pantalones en lugar de faldas para evitar miradas y comentarios machistas de los diputados.

El caso de Strauss-Kahn mostró "el problema de dependencia y de situación de jerarquía o de poder de un hombre sobre una mujer", declaró la diputada oficialista Chantal Brunel, relatora del observatorio francés sobre igualdad de género.
 
A su juicio, la polémica también generó un "miedo a las sanciones" en los franceses que tienen conductas de dominación sexual sobre las mujeres.
 
"La legislación sobre la violencia existe, el asunto es que las mujeres hablen", comentó Brunel en el sitio Internet de Le Monde, y citó cálculos según los cuales sólo una de cada diez violaciones en Francia es denunciada.
 
Los políticos y la sociedad
 
Sin embargo, la magnitud del supuesto cambio en las relaciones de género en este país como consecuencia de la inculpación de Strauss-Kahn aún está por verse.
 
Esta semana, el abogado de la mujer que denunció al exjefe del FMI en Nueva York lanzó un llamado peculiar en la televisión francesa: "Si hay alguna mujer, en Francia o en Africa, que fue agredida sexualmente o violada por Dominique Strauss-Kahn, que me llame", dijo.

Pero, a pesar de lo mucho que se ha hablado sobre una eventual actitud predadora de Strauss-Kahn hacia las mujeres, en Francia no han surgido denuncias judiciales en su contra.

La escritora y periodista Tristane Banon, que dijo haber sido atacada sexualmente en 2002 por el político socialista, descartó esta semana a través de su abogado participar del juicio en Nueva York. Tampoco ha presentado denuncia en Francia.

Mientras tanto, algunos sospechan que la rápida salida de Tron del gobierno por el escándalo de los masajes de pies respondió a un cálculo del presidente Nicolas Sarkozy, que podría beneficiarse políticamente del juicio a su opositor Strauss-Kahn.

Por ahora, Tron continúa en su cargo de alcalde de la localidad de Draveil donde surgieron las denuncias.

En los últimos días también se hubo reclamos para establecer reglas de "paridad" en la cantidad de hombres y mujeres en la Asamblea Nacional, donde hay apenas 113 mujeres en un total de 576 miembros.

Pero en esto tampoco se vislumbran cambios inmediatos. De hecho, en el último ranking global de igualdad de género del Foro Económico Mundial divulgado en diciembre, Francia pasó del puesto 19 al 46 debido a la pérdida de posiciones ministeriales de mujeres durante 2010.

Pero algunos diputados franceses también han salido a rechazar las acusaciones de "sexismo" en su ámbito de trabajo.

El presidente de la Asamblea Nacional, Bernard Accoyer, miembro del mismo partido que Sarkozy, negó que entre los diputados existan "conductas diferentes de las que hay en todos los sectores de la sociedad".

"No hay más que en otras partes", declaró esta semana Accoyer.
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