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| 9/5/2015 10:00:00 PM

Misterioso tren del oro Nazi asombra a Europa

La historia de los vagones, desaparecidos en la segunda guerra, repletos de tesoros está llena de detalles increíbles, traición, amenazas y muerte.

Tadeusz Slowikowski lleva 65 años buscando un tren que transportaba un legendario tesoro nazi, hoy tiene 85, y desde que su madre murió en Auschwitz encontrar el convoy se convirtió en una cruzada personal, hasta que dos hombres a los que él ayudó lo consiguieron. Slowikowski oyó por primera vez hablar del botín en 1950, y desde entonces se fue a vivir a Walbrzych, donde los registros apuntan que estaría el enigma. “Llevo investigando ese tren toda mi vida, sobre todo desde cuando supe que los alemanes estaban dispuestos a todo para mantenerlo en secreto”, dijo el ferroviario retirado en una entrevista al diario británico Mail Online.

La leyenda nunca confirmada habla de varios vagones de tren armados con cañones y ametralladoras. Pero se sabe que informes históricos hablan de un tren que habría quedado oculto en un enorme laberinto de túneles, cerca del castillo de Ksiaz, en Walbrzych. Los túneles formaban parte de un proyecto nazi llamado Riese (Gigante) cuya finalidad sigue siendo un misterio; algunos especulan que Hitler pretendía esconderse allí o fundar una fábrica de armas. Precisamente en la zona donde apuntan los registros, una firma de abogados, contratada por los otros dos buscadores de tesoros, presentó una reclamación por el 10 por ciento del valor del hallazgo.

El relato que cuenta Slowikowski comienza con una fotografía donde aparecen tres personas: un adulto y dos niños. Atrás hay una casa que, según él, era una especie de torre de vigilancia que controlaba el acceso al túnel donde estaría el tren. Al respaldo de la foto se puede leer “5 de mayo de 1945”. La familia resultó asesinada y la casa derribada tres días antes de que el Ejército Rojo llegara a Polonia. “Quien haya matado a la familia no quería que hablaran. No hay nada allí ahora”, recordó Slowikowski. El enemigo conocía todos los movimientos del tesoro y los alemanes no querían que ninguno se acercara al botín.

No obstante, alguien más conocía el secreto y se lo contó en su lecho de muerte al ferroviario. “Supe del túnel después de salvar a un alemán llamado Schulz de dos hombres. Como gratitud me contó acerca del túnel y cuando lo fui a buscar, el camino estaba bloqueado”, contó Slowikowski. Después de eso, el hombre empezó a recolectar documentos, mapas y fotografías. Pasaron los años hasta que en 2003 el misterio cobró vida: “Tan pronto retomé mi búsqueda, tres hombres de civil y con armas se acercaron y me amenazaron. Luego, mi perro fue envenenado, rompieron la puerta de mi casa y el teléfono fue intervenido”, agregó. Por eso tuvo miedo por lo que sabía y optó por guardar silencio, no quería que le pasara lo mismo que a la familia de la foto o al hombre que intentó salvar.

En cuanto al hallazgo, Slowikowski no tiene reparo en decir que se dio gracias a él: “Los dos hombres que dicen haber encontrado el tren lo hicieron gracias a mí, yo les di las coordenadas porque me buscaron”, dice y agrega: “Después de darles la información desaparecieron pero luego me ofrecieron disculpas cuando la historia se hizo famosa. No daré más información en cuanto a ellos, entre buscadores de tesoros hay solidaridad”. Y es que la búsqueda no ha terminado: se cree que dentro del conjunto de túneles secretos hay más trenes cargados de tesoros. Joanna Cieslik, directora del castillo de Ksiaz donde funcionaron los cuarteles generales de los nazis en esa zona polaca, dijo a SEMANA: “Es posible que haya más trenes en Walbrzych y quizás todo el oro no esté en el que encontraron, sino en otros que deben estar ocultos”.

Lo cierto es que todos quieren su parte. No es para menos, pues se dice que en el túnel, que debe estar repleto de minas instaladas por los nazis, está el tren que guarda documentos secretos de Hitler, armas, obras de arte, varias toneladas de oro y hasta fragmentos de la desaparecida Cámara de Ámbar (un conjunto de paneles y muebles formados por miles de astillas de ámbar, una piedra más valiosa que el oro, que revestía la habitación del zar de Rusia). Por su parte Robert Singer, director del Congreso Judío Mundial, dijo en un comunicado: “Si se encuentran objetos robados a los judíos se deben tomar medidas pertinentes para restituirlos”. Para los polacos, en cambio, se trata de propiedad estatal que debería quedarse en Baja Silesia. Y para completar, los rusos quieren recuperar los tesoros del zar que iban en el tren.

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