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| 8/9/1982 12:00:00 AM

POLONIA: NUESTRA LUCHA

El máximo dirigente de Solidaridad en el exilio, Zbigniew Kowalewski, explica para SEMANA la lucha de los obreros polacos contra la dictadura militar y anuncia acciones definitivas para el otoño.

POLONIA: NUESTRA LUCHA POLONIA: NUESTRA LUCHA
Numerosos incidentes se registraron en las principales ciudades, Varsovia, Gdansk, Wroclaw, Cracovia, al cumplirse el sexto mes del golpe militar del general Jaruzelski. La agencia polaca de prensa Pap, señaló que las manifestaciones de Wroclaw, del 13 de junio, habían durado 14 horas.
El gobierno polaco y el Vaticano han iniciado, por otra parte, una verdadera maratón diplomítica en torno a la visita que el Papa debería llevar a cabo con motivo del 600 aniversario de la Virgen Negra de Czestochowa.
Las autoridades, que no ignoran las repercusiones de este viaje, han fijado condiciones estrictamente políticas a la participación de Juan Pablo II. "La visita de Su Santidad, decía el gobierno en un informe del 13 de junio, deberá desarrollarse en un lugar perfectamente seguro, digno de su rango y útil a la nación polaca y a la respetabilidad del Estado". Y más adelante: "El viaje debe estar precedido de acuerdos detallados sobre la organización, los cuales necesitan condiciones socio-políticas adecuadas que dependen de los progresos de la normalización en Polonia".
La visita del Papa, dio a entender el Vaticano, no podrá ser interpretada, de ninguna manera, como una caución al régimen del general Jaruzelski. Sus viajes a Londres y a Buenos Aires, en plena guerra, constituirían al respecto, la mejor prueba de su independencia.
Solidaridad, por su lado, prepara una huelga general para el próximo otoño, cuyo fin seria dominar las manifestaciones espontáneas que se han producido (el sindicato de Walesa las considera poco eficaces y peligrosas) y forzar el gobierno a negociar un "contrato" con la sociedad, a liberar los prisioneros políticos y a levantar el estado de guerra.
Zbigniew Kowalewski, miembro del presidium de Solidarnosc de la región de Lodz, enviado por su sindicato a Francia tres días antes del golpe, hace para SEMANA el balance de siete meses de dictadura militar y muestra la evolución, las perpectivas y las razones de la radicalización del movimiento social en Polonia.
SEMANA: ¿Qué significa para Solidarnosc la llegada al poder del general Jaruzelski?
KOWALEWSKI: Nosotros fuimos sorprendidos por el golpe militar del 13 de diciembre, aunque no resultó tan duro como pensábamos en un comienzo. En efecto, los militares lograron desmantelar, en los primeros momentos, nuestras estructuras y los órganos de dirección, pero no pudieron destruir el movimiento social que trasciende los marcos puramente sindicales. De ahí que nuestro sindicato se considere como un movimiento social.
En el momento del golpe, nuestro sindicato contaba con 9 millones y medio de militantes y se encontraba en una fase de enorme movilización y radicalización. Eso favoreció, sin lugar a dudas, su reconstrucción, que empezó en enero con todas las dificultades inherentes a la clandestinidad.
El paso fue difícil porque Solidaridad no se había preparado para el golpe militar y, en segundo lugar, porque en Polonia no existe, a pesar de su larga historia de lucha contra los ocupantes militares, una tradición de resistencia animada por un movimiento de tipo sindical.
Boletínes clandestinos
Ese resurgimiento de las estructuras de base y de los órganos de dirección, culminó el 22 de abril, con la creación de la Comisión Provisional de Coordinación, formada por los dirigentes de las cuatro mayores regiones del país.
La actividad de Solidaridad también se nota a través de la prensa clandestina. En marzo el sindicato la existencia de 1.700 boletines clandestinos, algunos --como el de la baja Silesia-- con una tirada de 28.000 ejemplares.
Solidaridad posee igualmente varias emisoras clandestinas. La primera apareció en Varsovia y actualmente hay en Gdansk, Cracovia y Katowice.
S.: ¿Cuáles han sido las principales formas de resistencia?
Z. K.: Hasta fines del mes de abril Solidaridad lleva a cabo diversas muestras de resistencia pasiva: en muchas fábricas los obreros reemplazaron el distintivo del sindicato por cualquier cosa idéntica para todos. Un botón, por ejemplo.
En los barrios, las gentes apagaban las luces a horas determinadas. En las calles, miles de polacos caminaban con enormes morrales o mochilas para dificultar los controles y favorecer el transporte de la prensa clandestina. Organizaban paseos colectivos a la hora del noticiero oficial en la televisión, estableciendo así, un verdadero boicot contra la TV, que sigue falsificando la información.
El objetivo de esas manifestaciones era demostrar la existencia de Solidaridad, su cohesión, a pesar de la clandestinidad, y probar que el pueblo sigue sus orientaciones y es capaz de llevar a cabo actos colectivos.
Pero, a fines de abril, los dirigentes de solidaridad se dieron cuenta de que estaban actuando según una concepción que implicaba una resistencia a muy largo plazo, que había sido denominada "construcción de las estructuras de una sociedad clandestina".
"Libertar a los presos políticos"
Los dirigentes sindicales de Varsovia pensaban que, gracias a esta labor paciente, se evitaría el peligro de una intervención soviética y contaban, de hecho con la agravación de la crisis en la sociedad soviética para pasar a otra etapa. Los acontecimientos de mayo y junio, algunos de los cuales se han transformado en combates callejeros, nos han probado que esas concepciones eran totalmente utópicas y mostrado la disposición del pueblo a combatir la dictadura militar.
S.: ¿La preparación de una huelga general nacional, prevista para el mes de septiembre, responde a esta nueva situación?
Z. K.:Los dirigentes clandestinos se percataron de que la radicalización del movimiento podía manifestarse de manera espontánea e incontrolada y conducir a serias derrotas. La huelga general que se está preparando nació, justamente, de una petición de los obreros de las grandes fábricas, deseosos de afirmar sus objetivos a corto plazo. Esta huelga podría estallar en septiembre o en octubre pero de ninguna manera en invierno.
S.: ¿Cuáles serían sus objetivos?
Z. K.: Los objetivos están siendo fijados ahora de la manera más democrática posible. Pero desde ahora le puedo decir tres que figurarán con seguridad: la liberación de todos los presos políticos, la anulación del estado de guerra y el restablecimiento de las libertades sindicales y democráticas conquistadas entre agosto del 80 y diciembre del año pasado.
S.: ¿Existen aún condiciones para negociar con el gobierno?
Z. K.: Nuestro sindicato siempre ha afirmado su voluntad de negociar, pero el régimen no ha mostrado ninguna disposición de aceptar un compromiso con la sociedad polaca.
La huelga misma tiene por objetivo forzar al gobierno a negociar con Solidaridad con base en las reivindicaciones que ya enuncié.
S.: ¿Alrededor de qué ejes se establecería el contrato social entre Solidaridad y el gobierno del general Jaruzelski?
Z. K.: El Estado Polaco no respetó los acuerdos que firmó con nuestro sindicato. Es más, fue él quien consagró la ruptura imponiendo un golpe de estado y decretando el estado de guerra. Sinembargo, Solidaridad sigue unánimente dispuesto a establecer un acuerdo con el gobierno. Nuestros fines no han cambiado. Solidarios no quiere producir únicamente, sino participar en la elaboración de un verdadero programa de desarrollo y de lucha contra la crisis. El gobierno tiene que aceptar el contrato social.
El ejército
S.: ¿Cómo analiza usted la situación del ejército en cuyo seno se registran --según su sindicato-- algunos signos de malestar?
Z. K.: Nosotros tenemos una dictadura militar cuya base fundamental de apoyo es el ejército. Pero es un ejército inseguro para los militares, pues ellos saben que los soldados no están dispuestos a disparar contra los trabajadores. Eso explica que el gobierno haya dejado la represión en manos de los destacamentos motorizados de la policía. Nuestro sindicato considera que una de las causas de su derrota el 13 de diciembre estriba en no haber comprendido las vacilaciones en el seno del ejército.
Si los soldados hubiesen visto una resistencia activa por parte de los trabajadores, es muy probable que una parte de ellos habría tomado partido por nuestro sindicato. Por eso la próxima huelga general se prepara con defensa activa de las fábricas. Si las fuerzas motorizadas atacan. Los trabajadores piensan combatirlas aunque sea violentamente, tratando de cambiar así la situación del propio ejército.

S: ¿Ese posible resquebrajamiento del ejército, no les hace temer una intervención militar soviética?
Z. K: El golpe del 13 de diciembre, contrariamente a lo que se piensa, aumentó el peligro de una intervención soviética. Hasta ese día nuestro pueblo no cuestionaba la posición de las fuerzas armadas en el Estado y la sociedad las respetaba plenamente.
La decisión de la dirección del Partido Comunista, con el evidente consentimiento de los dirigentes soviéticos, ha llevado al ejército a un enfrentamiento directo con la sociedad. Solidaridad señaló la gravedad de ese hecho
El pueblo conoce ese peligro pero su paciencia se está agotando. Los trabajadores saben que corren el riesgo de ser atacados, despedidos de sus puestos de trabajo o encarcelados, pero después de siete meses de estado de guerra, han decidido correr esos riesgos por algo que valga la pena.
Jacek Kuron --dirigente del KOR, actualmente encarcelado-- invitó a Solidaridad a declarar que si el gobierno continúa la represión y mantiene su intransigencia, el sindicato utilizaría la fuerza. ¿Cuál es la posición de Solidaridad? Solidaridad antes del golpe estaba convencido de la necesidad de mantenerse en los marcos de una lucha de carácter no violento. El golpe y la posterior represión comenzaron a modificar nuestra actitud.
La cuestión de la violencia
Los militantes de Solidaridad discuten hoy abiertamente, en los boletines clandestinos, la cuestión de la violencia. La decisión de defender activamente las fábricas en la próxima huelga general es ya, pienso yo, una consecuencia de esta reflexión.
S.: ¿De qué manera podría influir la visita que el Papa efectuaría, posiblemente, en agosto a Polonia?
Z. K. Es difícil decir cómo incidiría su visita en la situación actual. Su primera visita tuvo un enorme significado pues, además de levantar el ánimo de los polacos, contribuyó a que el pueblo llevara a cabo una magnífica experiencia de autoorganización. Fue él quien aseguró el orden, dirigió los desplazamientos de las gentes y proclamó los actos. Esos hechos repercutieron favorablemente en la misma organización del sindicato.
El poder del general Jaruzelski teme la próxima visita, pero también está calculando cómo podría aprovecharla para sus fines en el sentido de que el Papa podría lanzar ciertos mensajes de paciencia y moderación.
S: ¿En qué estado se encuentran las relaciones entre la iglesia y el sindicato Solidaridad?
Z. K: Antes del 13 de diciembre nosotros mantuvimos excelentes relaciones con la Iglesia Católica y, bien que conservando nuestra independencia, colaboramos mucho con ella absteniéndonos de criticar públicamente los planteamientos con los que disentíamos.
Desde hace unos dos meses se discute en los boletines clandestinos de Solidaridad --a veces se critica duramente-- la actitud moderadora de los altos jerarcas de la Iglesia. Yo creo que esto podría conducir a la iglesia a examinar de nuevo sus posiciones, pues ella siempre se ha preocupado por mantener un estrecho vínculo con el pueblo y por acompañarlo en sus luchas.
S: ¿Cree usted que el general Jaruzelski es realmente la última alternativa del Estado Polaco?
Z. K: Para nosotros no se trata de saber qué alternativas le quedan al régimen sino ver qué concesiones le podemos arrancar en las condiciones actuales; concesiones que en definitiva no son demasiado radicales y que nos permitirían luchar contra la crisis y neutralizar el peligro de una intervención militar soviética.--
José Fernández El "balance positivo" de la Novosti
El 13 de junio se cumplió el primer semestre de estado de guerra en Polonia, una guerra que --como díce la clandestina Radio Solidaridad-- "las autoridades han declarado contra su propio puebló". Son seis meses en los que los derechos humanos y constitucionales que los polacos disfrutaron durante 16 meses, gracias a sus poderosas luchas y huelgas, han sido barridos por el gobierno militar del general Jaruzelskí.
En este lapso, los dirigentes de Solidaridad, y más de otros 4.000 activistas sindicales y políticos, han sido enviados a "campos de internamientó: --eufemismo para referirse a los campos de concentración-- a la espera de un juicio basado en cargos concretos.
Son los días de la ira, el largo invierno político del país de Walesa, Kuron y Baluka, en que el régimen burocrático ha empleado sus fusiles, sus carros artillados, sus gases y sus garrotes, contra multitudes que jamás han recurrido a la violencia.
Sin embargo, la agencia soviética de prensa Novosti, en un comunicado reciente, analiza el negro semestre polaco como "el único camino justo, el remedio necesario, para salvar a Polonia de sus enemigos", que para ellos, sin lugar a dudas, son los millones de trabajadores polacos en lucha por la democracia socialista.

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