Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1991/08/12 00:00

Por la culata

Crisis en las relaciones de Bolivia con EE.UU. por la presencia de la DEA en lucha antidrogas.

Por la culata

POR LO VISTO, CADA VEZ que los norteamericanos se meten directamente en la lucha contra el narcotráfico en Suramérica, van por lana y salen trasquilados. Eso parece confirmado en Bolivia, donde la actuación de la DEA (Drug Enforcement Administration) ha llevado a su punto más bajo a las relaciones entre los dos países.
La semana pasada el embajador de Estados Unidos, Robert Gelbard, recibió la máxima condecoración del estado boliviano, en una insólita ceremonia en la que, a tiempo que agradecía el honor, atacaba a algunos miembros del Gobierno, con cargos de corrupción que iban, desde la delación sobre las operaciones antinarcóticos, hasta pertenecer a organizaciones criminales.
Las acusaciones fueron propiciadas por el fracaso de una operación conjunta, por medio de la cual se pensaba capturar a Hugo Rivero Villavicencio, considerado uno de los capos más poderosos. Pero el operativo, que se había cumplido la semana anterior en el poblado de Santa Ana del Yacuma, en el departamento de Beni, no sólo no concluyó con la captura del criminal, sino con la agresión de agentes de la DEA contra un teniente de la fuerza naval boliviana estacionada allí.
El embajador saliente, que se caracterizó por su tendencia a opinar sobre temas internos de Bolivia, lejos de disculpar los hechos, acusó al teniente Carlos Revollo de ser un cómplice de los narcos. El hecho vino a sumarse a unas denuncias según las cuales otros agentes de la DEA habrían violentado a mediados de junio una avioneta militar para investigar su posible uso en el transporte de cocaína.
La reacción oficial boliviana, de expulsar a los culpables, se suma a las marchas campesinas que en los últimos días han protestado por la militarización de la lucha antinarcóticos, que en Bolivia tal como en Perú, tiene grandes implicaciones sociológicas. Ello, y la oferta de algunos jefes del negocio de entregarse a cambio de su seguridad podría llevar muy pronto a la terminación, por segunda vez, de la presencia policial norteamericana en el país.-

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