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| 4/10/1989 12:00:00 AM

POR FIN

Se rompen relaciones diplomáticas por el caso Rushdie.

Sin ninguna pompa, y como lo habían prometido los líderes político-religiosos en Irán, el pasado martes 7 se venció el plazo para que el gobierno británico aplicara "mano dura" con la novela de Salman Rushdie, "Los versículos satánicos". Es el tiempo concedido tras el anuncio del Parlamento Irani el 28 de febrero de romper con Gran Bretaña, "salvo si en siete días el gobierno inglés suprime la publicación del libro de Rushdie el blasfemo".

Pero el gobierno de la señora Thatcher, aunque llegó a calificar el libro como de "ofensivo no solo para los islámicos sino para los ingleses también" -según palabras del segundo ministro más importante, Sir Geoffrey Howe, no ordenó que lo quemaran ni que lo retiraran de las librerias. Gran Bretaña tiene muy claro el concepto de los daños que sufren sus intereses económicos con la nación petrolera, y su ambigüedad en cuanto al verdadero significado de la ruptura de las relaciones con Irán se ha discutido en el Parlamento. El ministro Howe, ha guardado un extraño silencio cuando se habla del comercio anglo-Iraní. Pero el de "libertad de expresión" apoyado por todas las naciones del mundo, excepto Libia y desde luego Irán, el primero al apoyar la sentencia de muerte promulgada en el segundo, ha prevalecido al terminar el ultimátum del régimen del Ayatollah.

El Ministerio del Interior inglés ha ordenado a 30 iraníes -reconocidos seguidores y practicantes de las politicas de Teherán--abandonar "inmediatamente territorio británico" y su posición respecto a otros 100 mil nacionales de Irán que viven como estudiantes y en forma permanente, no es muy clara. "Hemos ordenado un escrutinio muy detallado de las actividades de los iraníes en este país" se dijo oficialmente. De otro lado, en Irán ya no hay británicos desde hace 10 años cuando todos se sintieron amenazados tras la experiencia de la embajada de los Estados Unidos que cayó en manos de los guardianes de la revolución. Sólo un ingeniero acusado de espionaje, y que espera sentencia en alguna cárcel en Teherán, sufrirá los efectos del aislamiento total de sus coterráneos. El mismo día 7, al formalizar el rompimiento, las autoridades iraníes prohibieron las visitas al recluso británico, aun por parte de los suecos, quienes han manejado los ya pocos intereses británicos en la nación islámica. -
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