Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1998/04/20 00:00

POR GRACIA DE DIOS

La autoridad moral de Juan Pablo II queda confirmada con el anuncio de que Estados Unidos suavizará el bloqueo contra Cuba.

POR GRACIA DE DIOS

Bill Clinton pertenece a una iglesia protestante. Fidel Castro asegura que es ateo. Dadas esas circunstancias, cualquiera pensaría que ambos líderes están por fuera del alcance de un personaje que, como el Papa Juan Pablo II, tiene una autoridad eminentemente espiritual. Pero el vicario de Cristo ha demostrado que su papado tiene tanto que ver con los dogmas de la Iglesia Católica como con los grandes fenómenos sociopolíticos del fin del siglo. El mundo se ha acostumbrado a observar que cuando regaña por igual a capitalistas y comunistas, unos y otros agachan la cabeza. La semana pasada se produjo una nueva demostración cuando el gobierno de Estados Unidos, por boca de la secretaria de Estado, Madeleine Albright, anunció el levantamiento de algunas medidas que habían endurecido el bloqueo económico que pesa sobre Cuba. En adelante, dijo Albright, los cubano-norteamericanos podrán volver a enviar dinero a sus parientes de la isla, los vuelos charter entre Miami y La Habana serán autorizados de nuevo y será más fácil enviar drogas y comida por motivos humanitarios a Cuba. Los funcionarios norteamericanos se apresuraron a afirmar que la derogación de esas restricciones "es una respuesta a la preocupación del Papa por el bienestar de los cubanos y no a ninguna decisión de Fidel Castro". El gobierno cubano había hecho lo mismo, pero en sentido contrario, cuando liberó en los últimos meses a unos 400 presos, entre políticos y comunes. Según La Habana, la decisión fue tomada "para responder a los llamados del Sumo Pontífice" y no para endulzarle el oído a Estados Unidos. Así, como sin querer queriendo, ambos gobiernos regresaron muy cerca del statu quo existente antes del incidente de 1996, cuando fueron abatidas por la Fuerza Aérea de Cuba dos avionetas piloteadas por cubano-norteamericanos que pretendían sobrevolar la isla. Ese incidente se había convertido en una piedra en el zapato para los planes de Bill Clinton en relación con Cuba. Es un hecho que dos meses antes, en noviembre de 1995, Clinton había declarado al programa Meet the Press (Encuentro con la Prensa) que quería "una apertura con Cuba, para tener una relación que evolucione gradualmente" si Castro suavizaba su actitud represiva en la isla. Y cuando nada parecía ser capaz de detener ese proceso se presentó la tragedia de las avionetas. Por eso nadie niega que Clinton aceptó a regañadientes firmar la ley Helms-Burton, que institucionalizó y endureció el bloqueo, obligado por la tragedia de las avionetas. Las restricciones levantadas la semana pasada son decisiones autónomas del presidente y por lo tanto no requieren autorización legislativa para ser removidas. Sólo una gestión como la que hizo el Papa en Cuba en enero era capaz de allanar el camino para el viraje de la semana pasada. Sus violentas críticas al bloqueo norteamericano lograron sensibilizar a la opinión pública de Estados Unidos mientras sus clamores por una mayor apertura de la sociedad cubana movieron una fibra en el líder cubano. "La visita del Papa creó una nueva conciencia", dijo a SEMANA un cubano residente en Miami que pidió no ser identificado por temor a las represalias de la línea dura del exilio. "No es que las cosas se vayan a normalizar, pero al menos ahora podemos ayudar a nuestras familias. Yo apoyo decididamente a Clinton en esto". Otros sostienen que la visita papal evidenció que los cubanos quieren y necesitan organizaciones ajenas al Estado, con la Iglesia Católica en primer lugar, que les ayuden a canalizar sus necesidades. La medida de Clinton está dirigida a favorecer ese tipo de organizaciones que reduzcan la dependencia de los habitantes del Estado cubano y en ese camino abran nuevos espacios políticos. Ninguna de las nuevas medidas significa, sin embargo, que el bloqueo vaya a ser eliminado ni que el gobierno cubano vaya a renegar del credo comunista con el que ha dirigido al país durante los últimos cuatro decenios. Los optimistas señalan que, en cualquier caso, el levantamiento de las restricciones es un paso en la dirección correcta. El bloqueo, señalan, ha demostrado hasta la saciedad su ineficacia y sólo ha traído mayores privaciones para los cubanos. Lo que nadie discute es que, al menos por ahora, el Papa se ha vuelto a salir con la suya.

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