Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/09/04 00:00

Por el poder

Protestas callejeras y una convención paralela empañaron la proclamación republicana de Bush .

Por el poder

En la convención que más dinero ha movido en la historia (75 millones de dólares entre donaciones y gastos), el Partido Republicano proclamó como su candidato oficial a las elecciones de noviembre a George W. Bush, quien a su vez escogió como compañero de fórmula a Richard (Dick) Cheney. El dineral involucrado corresponde a una campaña que ha batido todos los récords de recaudación de fondos para fines electorales en Estados Unidos. Y la designación de Cheney, una herencia del gobierno de Bush padre, es un abierto viraje del partido hacia una derecha más militante.

La convención tuvo lugar en medio de protestas organizadas por las ONG que participaron en las manifestaciones de Seattle y Washington contra el Fondo Monetario Internacional y compitió con una ‘Convención en la Sombra’ convocada por una serie de asociaciones de la sociedad civil que piensan que los principales partidos políticos de Estados Unidos han dejado de lado los temas que verdaderamente interesan a la sociedad.

Hasta hace algunos años las convenciones republicanas y demócratas eran esperadas con ansiedad por el electorado estadounidense, pues eran el verdadero escenario en el que se tomaban decisiones cruciales y se escogía a los candidatos presidenciales. Pero la versión 2.000 del evento republicano demostró que su papel ha cambiado. Lejos de ser un certamen deliberativo, las convenciones ahora son un espectáculo de televisión diseñado como parte de la campaña. Mientras más apabullante sea el apoyo recibido por el candidato escogido de antemano, en este caso Bush, el efecto ante el país será mayor.

Si bien la coreografía funcionó en Filadelfia, sus efectos se vieron empañados por las manifestaciones de protesta que resultaron en arrestos masivos por una parte y en el cuestionamiento de los temas presentados y discutidos por los delegados republicanos, por otra. Se trataba del movimiento contra la globalización y sus efectos que ha surgido a lo largo del último año y que también se hizo presente en Filadelfia. Según el politólogo Francis Fukuyama, esto puede ser el surgimiento de una nueva forma de socialismo. “Si este impulso socialista no puede crear instrumentos de poder formales, inventará una nueva forma de gobernar que se podrá llamar gobierno de ONG”, escribió Fukuyama en la revista Time. Aunque parece contradictorio, es un hecho que la presión de estas organizaciones ha obligado a varios gobiernos a cambiar sus políticas en diversos aspectos y es una tendencia creciente. Para los manifestantes, la convención republicana era una excelente oportunidad si se tiene en cuenta la imagen reaccionaria y conservadora que proyecta el partido de George W. Bush.

Por otra parte los organizadores de la Convención en la Sombra querían expresar el descontento de sectores de la sociedad norteamericana que consideran que los dos partidos ignoran temas tan fundamentales como la reforma de la financiación electoral, las desigualdades sociales y la lucha contra las drogas. El invitado más notable fue el ex contendor de Bush, John McCain, quien, a pesar de reiterar su apoyo al candidato, protestó por la falta de compromiso del partido con la que fuera su bandera de campaña durante las primarias: la prohibición de aportes de compañías privadas que se hacen por debajo de la mesa o soft money. “El gobernador Bush y yo no estamos de acuerdo en todos los temas, incluyendo obviamente la prohibición total del soft money”, dijo McCain ante una audiencia agitada.

A pesar de todo, Bush tuvo éxito en recibir un nuevo impulso. Su compañero de fórmula Dick Cheney le dio, a los ojos de sus copartidarios, el peso de experiencia nacional que le faltaba. Sin embargo las manifestaciones de protesta que acompañaron la fiesta republicana, que sin duda se van a repetir la semana entrante en la Convención Demócrata de Los Angeles, han puesto en tela de juicio la autenticidad de la democracia estadounidense. La pregunta que queda es si los partidos han dejado de ser verdaderos representantes del pueblo norteamericano para convertirse en instrumento de intereses no necesariamente involucrados en el bien social.

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