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| 1/13/1986 12:00:00 AM

PRORROGAS Y SUSPICACIAS

La propuesta nicaraguense de congelar las negociaciones aumenta el escepticismo de los observadores

PRORROGAS Y SUSPICACIAS PRORROGAS Y SUSPICACIAS
El sábado 7 de diciembre la delegación de Nicaragua en la 14 Asamblea de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizada en Cartagena, lanzó una propuesta sobre Contadora que causó no pocas sorpresas entre los observadores. Alejandro Bendaña, secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua, solicitó que las reuniones de plenipotenciarios de Contadora sean reanudadas sólo hasta mayo del año entrante, una vez asuman el poder los nuevos gobiernos de Guatemala, Honduras y Costa Rica, dado que en los dos primeros países se acaban de celebrar elecciones presidenciales, y en Costa Rica se hará lo mismo dentro de unos meses. Tal planteamiento, que constituye de hecho una petición formal para que las gestiones del grupo sean suspendidas temporalmente, no cayó bien en las cancillerías de los países integrantes por--México, Colombia, Panamá y Venezuela--, a pesar de las aclaraciones de Avendaño, en el sentido de que con ello no se trataba de "torpedear las negociaciones de paz".
Fue el canciller colombiano, Augusto Ramírez Ocampo, el primero en reaccionar. "Si un país como Nicaragua desea paralizar transitoriamente la gestión mediadora, no hay otro camino a seguir", afirmó, al subrayar que la propuesta surge "en momentos en que la atmósfera centroamericana está cargada de explosivos". Según Ramírez Ocampo, la parálisis de cinco meses puede causar "un daño irreparable" a la gestión pacificadora.
Nicaragua intentó matizar su posición y señaló que había que esperar a ver qué actitud adoptan las nuevas administraciones de estos tres Estados frente a las negociaciones de paz en el itsmo. Como se sabe, al menos durante las campañas electoráles en Guatemala y Honduras los candidatos que resultaron vencedores prometieron asumir una postura "diferente" ante la crisis centroamericana. José Azcona, ganador en los comicios de Honduras, señaló que ordenará una investigación sobre la presencia de los "contras" antisandinistas en Honduras y que está dispuesto a entrevistarse con el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. Vinicio Cerezo, presidente electo de Guatemala, ha dicho que simpatiza con los gobiernos de Felipe González en España y de Raúl Alfonsín en Argentina, lo cual a pesar de que no es mucho podría tener algún significado en la política exterior guatemalteca.
Sin embargo, la nueva actitud de Nicaragua ante Contadora parece no radicar en esas sutilezas. Lo que impulsó a Managua a pedir la trascendental suspensión de gestiones y a abstenerse de votar una moción de respaldo a Contadora en la reunión de la ONU en Cartagena--apoyo que fue finalmente aprobado por 28 votos contra una abstención--son otras razones.
En primer lugar, está el deterioro mismo del grupo diplomático. No sólo han surtido efecto las cascaritas que Washington le viene poniendo a dicha gestión (ver SEMANA 176), sino que la inestabilidad política panameña (el ingreso al Grupo de Nicolás Ardito Barletta y su posterior remoción a manos del general Manuel Noriega) y el afán venezolano de negociar su deuda externa con los bancos acreedores--y no con el Fondo Monetario Internacional--resquebrajaron la independencia y unidad de propósito que Contadora había tenido en sus inicios. Esta fragilidad interna se vio el 28 de noviembre pasado durante la Asamblea General de la ONU, cuando los representantes de Venezuela, Panamá y Colombia le retiraron el apoyo a un texto sobre Centroamérica impulsado por México, y respaldaron, en cambio, las tesis alternativas de El Salvador, Honduras, Guatemala y Costa Rica.
También cuenta el desgaste que como negociadores han sufrido ante la región algunos de los gobiernos miembros del Grupo por sus politicas internas. La forma como fue resuelta la crisis en Bogotá del Palacio de Justicia, ha afectado de cierto modo el papel que Colombia venía jugando en el impulso de una solución negociadora en Centroamérica.
Finalmente, pesa el hecho--y éste es quizás el factor más importante- del desenlace que está teniendo la misma negociación que propicia Contadora. El acta modificada, surgida el 12 de septiembre pasado luego de largas discusiones sobre la letra del acta de paz dada a conocer un año atrás, rompe el equilibrio que guardaba, según los analistas, el texto de 1984 en relación con las materias claves del proyecto.
A diferencia del acta de paz que proscribia en forma explícita "la realización de maniobras militares internacionales en los territorios centroamericanos", el acta modificada no propone proscribirlas sino reglamentarlas y reducirlas. Este punto, que constituye un triunfo neto de la diplomacia norteamericana, preocupa enormemente a Nicaragua, quien piensa que las exigencias meramente técnicas que contiene el acta modificada sobre maniobras militares (notificación con 90 días de antelación; no realizarlas a menos de 15 kilómetros del territorio de un Estado no participante) despierta sospechas en Nicaragua. Para Estados Unidos, la mayor restricción consistiría en la limitación de las maniobras a una por año, sin que exceda en 3 mil el número de soldados suyos involucrados, y que no dure más de 15 días.
Otra novedad del acta modificada hace relación al retiro de asesores militares extranjeros. Si bien el punto 27 plantea el retiro de éstos en 180 días, el artículo siguiente admite su presencia en la región dentro de lo que denomina "límites razonables": como serian la permanencia de los asesores "que desarrollan funciones de carácter técnico, relacionadas con la instalación y mantenimiento de equipo militar". El acta de paz establecía, en cambio, el retiro de todos los asesores militares extranjeros. Además, la suspicacia sandinista ha saltado frente al otro aspecto del artículo 27 del acta modificada, que podría ser invocado para la expulsión de los médicos, maestros y operarios cubanos que colaboran en la reconstrucción de Nicaragua. Allí se pide el retiro de "otros elementos foráneos. susceptibles de participar en actividades militares, paramilitares y de.seguridad". Los diplomáticos de Washington habrian impulsado enérgicamente ese aspecto, según los observadores, dada la experiencia norteamericana en Granada, donde se demostró que todo cubano fisicamente apto es susceptible de defenderse con las armas en caso de agresión.
El acta modificada tampoco plantea concretamente la suspensión de la ayuda económica y militar de Estados Unidos a las fuerzas antisandinistas cuestión considerada como vital para Managua en caso de que la gestión de Contadora logre un consenso regional sobre desmantelamiento de algunas instalaciones militares y reducción de armamentos. Pese a ello, los artículos 32 y 37 exigen a las partes firmantes --que en ningún caso incluiria a Estados Unidos, como lo reiteró recientemente el Canciller colombiano-abstenerse de "prestar todo apoyo político, militar, financiero o de cualquier otra índole a individuos, agrupaciones, fuerzas irregulares o bandas armadas que propugnen el derrocamiento o la desestabilización de otros gobiernos". Managua piensa que dicha cláusula apunta contra ella y contra su apoyo a los rebeldes salvadoreños del frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN).
Es cierto, por otra parte, que la Casa Blanca tampoco se encuentra persuadida de que el acta modificada constituye el arreglo ideal para Centroamérica. El secretario de Estado, George Shultz, reunido en octubre en Washington con los cancilleres de Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica, al proponer que Ecúador y República Dominicana ingresaran al Grupo de Apoyo de Contadora, consideró insuficiente la forma como el acta modificada aborda el tema de la reconciliación, es decir, el de la inserción de los ex guardias somocistas en la vida política de Nicaragua.
Falta ver si la suspensión de gestiones eclipsa definitivamente los esfuerzos mediadores de Contadora.
Nicaragua, quien era el pais más interesado en suscribir el acta de paz, se suma ahora al bando de los escépticos. ¿Se trata de una jugada a dos bandas para poner contra la pared a Contadora y obligarla a que "radicalice" su visión de la crisis centroamericana? Los analistas, por lo pronto, dudan que esto dé un resultado semeiante. Lo cierto es que en una región tan conflictiva, cinco meses de inactividad pacificadora pueden ser fatales, como sugirió el gobierno de Bogotá por boca del ministro Ramírez Ocampo. --

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