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| 6/19/2000 12:00:00 AM

Proteínas invasoras

Cambios provocados en el sistema inmunológico podrían ayudar a salvar muchas vidas.

Entre las amenazas más letales se encuentra la del guardaespaldas que ataca a quien se supone debe defender. Esto resulta cierto en el caso del interior del cuerpo humano. Entre las defensas bioquímicas más potentes existe un grupo compuesto por una docena de proteínas presentes en la sangre y que se denominan ‘complemento’. Ellas constituyen —en lo colectivo— una parte esencial del sistema inmune. En presencia de células extrañas estas proteínas son activadas una tras otra a la manera de un efecto dominó.

Semejante daño constituye un buen mecanismo para detener una bacteria invasora pero resulta indeseable cuando es aplicado contra un órgano trasplantado. Su acción resulta igualmente contraproducente cuando el complemento agrede inexplicablemente los tejidos del propio cuerpo, cosa que ocurre en ciertas ocasiones. Durante años los investigadores han sabido que el complemento se activa cuando los tejidos quedan privados de flujo sanguíneo, tal como ocurre con el corazón durante un ataque cardíaco. Lo peor es que la agresión se intensifica al restaurarse la circulación sanguínea.

Gregory Stahl, y el hospital Brigham and Women de Boston, piensan que han encontrado parte de la respuesta. En un artículo publicado en el American Journal of Pathology informan que las células de los vasos sanguíneos privados de oxígeno hacen que se les adhiera una molécula conocida como MBL (mammose-binding lectin). La MBL, a su vez, activa el complemento, que en condiciones normales no atacaría dichas células. Lo anterior indica que si se pudiera evitar el depósito de MBL causado por un ataque cardíaco podría reducirse el perjuicio subsiguiente. El equipo médico insinúa que esto podría lograrse creando anticuerpos que despejen la MBL y administrándoselos a las víctimas de ataque cardíaco. Ya han comenzado a efectuar pruebas con animales.

La posibilidad de que esta solución funcione bien se ve confirmada por varios otros estudios. Uno de ellos está siendo conducido por los colegas del doctor Stahl que trabajan en Alexion Pharmaceuticals, una firma de biotecnología con sede en New Haven, Connecticut. Consiste en probar los efectos de un anticuerpo que ataca al C5 —una de las moléculas que componen el complemento— sobre 2.000 víctimas de ataques cardíacos en el momento en que se les restaura la circulación sanguínea. Las ratas con las cuales se probó la idea y que fueron colocadas experimentalmente en una situación análoga sufrieron 50 por ciento menos daños en los tejidos cuando se les suministró el anticuerpo anti-C5. Los pacientes con marcapasos cardíaco-pulmonar atendidos en el curso de una prueba anterior mostraron beneficios similares ya que sufrieron un deterioro muscular 40 por ciento menor al suministrárseles el anticuerpo.

Alexion también está probando sus anticuerpos en otras situaciones en que el complemento ataca a su propio dueño: se trata de las enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoidea y el lupus. BioCryst, una empresa de biotecnología con base en Birmingham —Alabama— tiene en la mira al factor D. Sin embargo su estrategia no incluye el uso de anticuerpos. En su lugar está utilizando la cristalografía de rayos X para analizar la forma del factor D con el fin de diseñar una droga formada por pequeñas moléculas que se adhieran a ciertos puntos críticos, impidiendo su funcionamiento normal. Estas moléculas tan pequeñas son más fáciles de administrar y actúan más rápido que los anticuerpos. No obstante, unas cuantas firmas farmacéuticas de gran tamaño han abandonado este enfoque ya que el factor D se parece demasiado a un buen número de otras proteínas cruciales para la vida humana.

Otra manera de controlar la actividad del complemento consiste en copiar un truco utilizado por el propio cuerpo. Para protegerse de los ataques indeseados algunas células poseen una serie de proteínas que llevan colocadas en su superficie. Algunas firmas de biotecnología, como Imutran —subsidiaria de Novartis—, están tratando de fijar versiones humanas de las proteínas sobre la superficie de tejidos provenientes de cerdos, de manera que los órganos de dichos animales que sean trasplantados a seres humanos puedan sobrevivir a la agresión del complemento.
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