Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/03/04 00:00

¿Prueba reina?

Las nuevas evidencias que aparecieron la semana pasada contra Saddam Hussein, por la muerte de 148 chiítas en 1982, podrían llevarlo al cadalso si se demuestra su veracidad.

Saddam Hussein le pidió al juez que dejara en libertad a los siete colaboradores de su gobierno que están siendo procesados con él. Aceptó ser el responsable de todas las decisiones de su gobierno y dejó claro que todas sus actuaciones fueron legales

Con una tranquilidad sorprendente recibió Saddam Hussein las nuevas pruebas en su contra que, según los fiscales lo incriminan por la matanza de 148 personas de la población de Dujail. El miércoles, después de dos días en que el fiscal Jaafar al Moussawi presentó varios folios legales firmados presumiblemente por el propio Hussein, éste, sin inmutarse, confesó ser la mano detrás de la pluma y haber ordenado el juicio de los hombres (algunos de ellos adolescentes) que posteriormente fueron ejecutados y cuyas familias fueron desplazadas de sus tierras.

Los documentos, que fueron mostrados como las pruebas más directas de la culpabilidad del ex dictador en los cuatro meses que lleva el juicio, son decretos y memorandos sobre las sentencias a muerte de los 148 chiítas acusados de intentar asesinar al depuesto líder en 1982, en la localidad de Dujail. Fueron encontradas, según los fiscales, en las oficinas del gobierno y de su servicio de inteligencia, la Mukhabarat.

Ante las nuevas evidencias, Hussein se mostró imperturbable y afirmó que había actuado en derecho. "¿Cuál es el delito que he cometido?", repitió una y otra vez. "Dispararle al jefe del Estado, sin importar cuál sea su nombre, es considerado en cualquier parte un crimen". Sostuvo también que remitió el caso para su juicio respectivo a la Corte Revolucionaria, en cumplimiento de la ley que imperaba en ese momento en el país.

Los acusadores argumentan que el proceso que él menciona era "ilegal", ya que la sentencia de muerte de los lugareños habría sido promulgada en un "juicio imaginario". Además, hay documentos que muestran que incluso niños de 3 meses de edad fueron arrestados, torturados y retenidos por años. En una de las cartas presentadas se leía que algunos jóvenes fueron ejecutados por fuera de la ley. "Se descubrió que la ejecución de 10 jóvenes no fue llevada a cabo porque sus edades estaban dentro de un rango de 11 a 17 años. Recomendamos ejecutarlos de manera secreta", dice el documento. Al margen de este hay una nota escrita a mano, supuestamente por Hussein, que dice: "Sí, es preferible que sean sepultados por la Mukharabat".

Con todo, las pruebas no han resultado convincentes ni definitivas, ya que su autenticidad no ha sido confirmada por los jueces, quienes tendrán que decidir si la actuación del inculpado fue legítima. Lo más significativo de la semana pasada es que si bien Saddam no admitió haber cometido ningún crimen, sí se proclamó como el único responsable de las decisiones que tomó durante su gobierno, y pidió que sean liberados los otros siete miembros de su régimen que son procesados y entre los que se encuentran el ex vicepresidente, Taha Yassin Ramada, y el medio hermano de Hussein, Barzan al Tikriti. "¿Por qué están juzgando a otras personas? El jefe del Estado está acá. Júzguenlo a él y dejen que los otros se vayan", dijo.

Para algunos, Hussein firmó su sentencia de muerte al hacer las confesiones de la semana pasada, pero para otros se trata de una jugada maestra que pretende demostrar que él era el jefe de un gobierno reconocido por la comunidad internacional, y que no puede ser juzgado por las decisiones tomadas según la ley vigente. Aparte de las pruebas de la semana pasada, desde octubre, cuando empezó el juicio, 26 testigos han declarado en contra de los acusados. No obstante, hasta el momento, estos han negado todos los cargos. El juez suspendió el juicio hasta el 22 de marzo, para decidir si el ex ministro del Interior Saadoun Shaker, debe ser acusado como pretenden los fiscales.

Hussein sigue manejando una defensa llena de sorpresas, y muchos están en vilo esperando por el desenlace de un juicio cuya imparcialidad está siendo cuestionada dentro y fuera de Irak. Pero después de que el gobierno de Estados Unidos tuvo que reconocer que las armas de destrucción masiva, su principal argumento para invadir el país, no existían, la condena de Hussein parece ser lo único que podría darle algo de legitimidad a la incursión de las fuerzas aliadas sobre el territorio. Mientras tanto, el país al que se buscaba liberar de un terrible dictador se desangra en un conflicto interno que ha resultado mucho peor del que se vivía bajo el régimen.

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