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| 7/29/1985 12:00:00 AM

PSICODRAMA

Se ensayan todas las vías diplomáticas para solucionar el problema de los rehenes del avión de la TWA.

PSICODRAMA PSICODRAMA
Los palos de ciego que viene dando la Casa Blanca en relación con el problema de los rehenes norteamericanos en Beirut, se volvieron aún más desordenados tras las inquietantes declaraciones de su vocero Larry Speakes, en el sentido de que el presidente Ronald Reagan intentaría cerrar el aeropuerto de Beirut y establecer una suerte de bloqueo que afecte los suministros de bienes y servicios al Líbano. No pasaron dos días cuando ya los analistas del Pentágono se hallaban persuadidos de que ninguna de esas medidas sería útil. Según ellos, la inutilización del aeropuerto o el bloqueo marítimo probablemente no perturbaría gravemente al país; y por el contrario, aumentaría su dependencia respecto de Siria, pues el bloqueo convertiría automáticamente a este último país y al aeropuerto de Damasco en la principal vía de acceso de mercancías y personas al Líbano.
Pero como el nerviosismo no decrece en Washington (Reagan mismo hizo saber que renunciaba a sus bien amadas vacaciones en su rancho californiano, dejando ver que en parte él también comenzaba a convertirse en un rehen de los rehenes). El secretario de Defensa, Caspar Weimberger -quien al comienzo de esta crisis parecía ser de los pocos que conservaría la cabeza fría- hizo unas frases de película que mostraban a los norteamericanos a punto de lanzarse a una nueva aventura militar para rescatar a sus nacionales.
Respondiendo a la exigencia del lider chiíta de Amal, Nabih Berri, de retirar los navíos de guerra norteamericanos de las costas de Libano -demanda que sumó al pedido de liberación de los 735 prisioneros chiítas detenidos por Israel-, Weimberger señaló que los desplazamientos de la Flota norteamericana en el Mediterráneo debían ser considerados como "movimientos militares en tiempo de guerra" y como "los primeros pasos de una guerra".
La rotunda afirmación vino a cerrar el ciclo de "distensión" que significó la aparición en televisión de cinco rehenes durante una conferencia de prensa en Beirut. Así como la entrevista de una cadena norteamericana con el piloto cautivo de la TWA, las propuestas moderadas de unos y batalla sin esperanzas entre comandos gringos y milicianos de Amal vólvió a aparecer en la mente de los observadores. No podia ser otro el efecto de las oblicuas declaraciones de Speakes -quien no precisó de qué medios se valdría su Gobierno para bloquear los puertos libaneses- y de las superclaras fórmulas de Weimberger.
Empero, las expectativas creadas en ese sentido no fueron sino el marco para una nueva aparición del inescrutable doctor Berri, jefe del movimiento chiíta Amal y ministro libanés de Justicia, quien el 26 de junio indicó que los 39 rehenes que quedan podían ser confiados a una embajada occidental o enviados a Damasco hasta tanto no sean liberados los 735 libaneses.
Y asumiendo el papel de quien hace ofertas de buena voluntad, Berri propuso remitir a la embajada "de Suiza o de Francia" los rehenes a condición, eso sí, de que estas sedes diplomáticas se comprometan a mantenerlos en el Líbano hasta que los prisioneros chiítas sean devueltos por Israel.
Formalmente, lo planteado por Berri equivale a que los rehenes accedan a una forma de asilo diplomático, lo cual sería relativamente una mejora en la situación. No obstante, los gobiernos de Francia y Suiza no han dado muestras de estar interesados en jugar ese papel, pues podrían ser tachados de colaborar a ultranza en el operativo de los chiítas. Por eso la alternativa que queda para los pasajeros del boeing de la TWA es ser reexpedidos a Siria para quedar bajo control del régimen "antiimperialista" del presidente Hafez al Assad (en el mejor de los casos) o a un sitio un tanto más azaroso: Irán mismo, posibilidad que Berri también sugirió, aunque en broma.
Berri completó sus propuestas repitiendo el llamado para que los barcos de guerra norteamericanos se retiren a 12 kilómetros de las costas libanesas y formuló por primera vez la condición que para que haya una entrega de los rehenes, Estados Unidos e Israel deberán prometer "no atacar ni efectuar agresión alguna contra e territorio libanés".
Otra novedad fue la revelación hecha por Berri de que dos franceses secuestrados el 22 de mayo pasado en el Libano, el periodista Jean Paul Kauffman y el estudioso del islam Michel Seurrat, están en poder de los mismos que tienen cautivos a los norteamericanos. Estos dos hombres serán liberados, según el jefe de Amal, al mismo tiempo que los rehenes. Berri dijo no saber nada de los otros 10 funcionarios extranjeros desaparecidos en Beirut meses atrás.
El papel jugado el miércoles por Berri ha hecho sugerir a algunos diarios franceses que el chiita es algo más que un mediador en todo esto. "Nabih Berri mostró ayer mejor que nunca que él tiene la suerte de los rehenes en sus manos", escribió un editorialista de Liberación. "En un palabra, él demostró ser el maestro cantor que sabía más que nadie cantar la canción en una partitura de la que aún se ignora si el es el autor" el coautor o el simple intérprete".
El abogado de ojeras enormes que era desconocido bace cinco años, se ha convertido ahora en jefe de la potente milicia que ha sacado del anonimato a la comunidad chiita del Líbano. A él se dirigen todas las miradas de los que tratan de interceder en favor de los pasajeros estadounidenses, como los embajadores en Beirut Miers y Mancino, de Inglaterra e Italia, respectivamente. La Cruz Roja Internacional logró que Berri mismo autorizara a dos médicos de esa institución visitar a los rehenes, ló que hace suponer que el líder chiíta tiene un cierto control sobre el operativo antinorteamericano. Se pudo asi constatar que los pasajeros están todos en buen estado de salud y dentro de la capital libanesa, lo que contradice el rumor de que tales personas fueron trasladadas a Baalbeck. Los únicos rehenes en malas condiciones, fuera del liberado James Dell Palmer, son Simon Grossmayer, quien podria ser liberado pronto y el copiloto de la TWA Philipe Marasca. Pero este último no va ser entregado por ahora. Su dolencia es la picadura infectada de un mosquito.
La Casa Blanca, que después de anunciar el hipotético bloqueo regresó a la posición más moderada de "ensayar todas las vías diplomáticas" -según frase de Speakes que parece haber encarnado el papel de maestro de ceremonias en el psicodrama de Beirut-, ha recibido la buena noticia de que Moscú estaría dispuesta a "ejercer influencia" no especificada para que se ponga fin al drama. También Jerusalén ha hecho saber que está dispuesto a poner en libertad progresivamente a los libaneses de la prisión de Atlit, siempre reafirmado -para tapar el sol con las manos- que tal acto "nada tiene que ver" con las presiones chiitas. De algo sirvieron las palabras del vicepresidente norteamericano George Busch quien dijo en Bonn que "nosotros pensamos que esa gente presa contra la ley internacional (los 735 chiítas) debe ser liberada".

TRAGANDOSE LAS PALABRAS
Definitivamente Ronald Reagan está aprendiendo que una cosa es ver los toros desde la barrera y otra estar parado en la arena. En 1980, siendo candidato a la presidencia de su país, Reagan logró una serie de puntos importantes ante su contendor Jimmy Carter, criticándolo duramente por el manejo de la crisis de los rehenes norteamericanos en Irán. A continuación, se presentan algunos extractos de sus discursos sobre el tema, según recopilación del New York Times:
-Abril 7 de 1980, en Greensboro, Carolina del Norte: "Mientras ellos (los terroristas) puedan negociar y obtener más, van a continuar reteniendo a los rehenes... Ellos no deberían haber estado ahí seis días y mucho menos seis meses".
-Abril 30 de 1980, en El Paso, Texas, después de que fallara una misión de rescate en Irán: "Es difícil entender por qué tomó tanto meses hacer algo. Durante los primeros días el Presidente (Carter) debería haber determinado si las medidas diplomáticas eran suficientes para liberar a nuestros ciudadanos. Cuando esos pasos fallaron, una acción decisiva se debió haber adoptado con prontitud".
-Septiembre 13 de 1980, en Washington: "La política de los Estados Unidos debería haber sido la de que no negociaremos hasta que nuestros ciudadanos sean liberados".
-Enero 27 de 1981, como Presidente, después de la liberación de los rehenes: "dejémosle saber a los terroristas que cuando las reglas del comportamiento internacional se violan, nuestra política será la de una retribución fuerte y efectiva. Oímos que se dice que vivimos en una era de límite a nuestra fuerza. Bueno, que se sepa que nuestra paciencia también tiene un límite"
-Enero 29 de 1981, en su primera conferencia de prensa: "La gente se ha ido a la cama en esos países que nos han hecho cosas en el pasado, con la confianza de que pueden dormir... y de que los Estados Unidos no tomarían ninguna acción. Quien sea que haga esas cosas -violar nuestros derechos- en el futuro no se va a poder ir a la cama con esa confianza".

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