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| 12/7/2010 12:00:00 AM

¿Puede WikiLeaks sobrevivir sin Julian Assange?

El arresto del fundador del sitio siembra dudas sobre el futuro de la organización. Los pros y los contras de que Wikileaks tenga un rostro público. Análisis de BBC Mundo.

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BBC
El arresto de Julian Assange en Londres por presuntos delitos sexuales genera interrogantes sobre el futuro del sitio de filtraciones Wikileaks.
 
Después de todo, Assange es la cara pública de la organización responsable de filtrar, entre otras cosas, cables diplomáticos de Estados Unidos.
 
No es de extrañar, entonces, que unos minutos después de su detención un portavoz de Wikileaks haya dicho que el sitio no detendrá sus labores, además de calificar el arresto como "un atentado a la libertad de expresión".
 
El abogado de Assange ya había anticipado que hablaría con la policía para "limpiar el buen nombre" de su cliente.

El nombre del también editor en jefe de la página de filtraciones está presente cada que vez que los medios de comunicación mencionan a Wikileaks o alguno de los documentos que publica.

Él es quien da conferencias de prensa, él es quien se presenta en internet para responder a las preguntas del público y él es quien se ha visto con periodistas de distintas partes del mundo para acordar la publicación de material clasificado.

El rostro público

¿Pero es él Wikileaks? Hace unos días, en una charla interactiva de Assange con el diario británico The Guardian, un usuario le preguntó al exhacker si no le parecía injusto "llevarse buena parte del crédito del trabajo duro de las personas valientes" que también integraban Wikileaks.
 
Assange respondió: "Al principio intenté arduamente que la organización no tuviera un rostro, porque no quería que los egos jugaran algún papel en nuestras actividades".
 
Después aclaró que la idea fue contraproducente, porque generó curiosidad. El público quería saber quiénes estaban detrás de la organización. Según él, se dio cuenta de que se requería un liderazgo valiente que inspirara a las fuentes a tomar riesgos.
 
¿Las consecuencias? "Recibo ataques inmerecidos en cada aspecto de mi vida, pero también recibo crédito inmerecido. Supongo que eso es una suerte de balance", le dijo en The Guardian.
 
Assange es también el contacto de la prensa y es quien ha coordinado con periódicos como The New York Times y The Guardian la publicación de documentos filtrados. No es sólo un rostro, es también un orquestador público.
 
Una organización en movimiento
 
Wikileaks está compuesto por menos de una decena de personas dedicadas al portal a tiempo completo y por cientos de voluntarios en varias partes del mundo.
 
Sus oficinas no son fijas. A veces se reúnen en Suecia y en otras ocasiones en Holanda u otros países. Suelen concentrarse durante algunos días en casas alquiladas para otro propósito o en hogares de amigos, sobre todo antes de publicar documentos.
 
Algunos dicen que Assange contagia su pasión al resto del equipo, otros que a veces impone sus decisiones.
 
Hace unos días algunos miembros abandonaron la organización por considerar que ésta se centraba demasiado en Estados Unidos y por la "falta de transparencia en las decisiones".
 
Nadie sabe al 100 por ciento el proceso mediante el cual opera el sitio, pero parece obvio que Assange es quien al menos comunica al mundo lo que se decide.
 
Su arresto y los cargos que enfrenta podrían desencadenar un largo proceso judicial para evitar su extradición. Pase lo que pase, la batalla legal a la que se enfrenta seguramente mermará su capacidad de orquestador.

Hasta ahora, que Assange sea el rostro público de Wikileaks le ha dado a la organización la posibilidad de llamar más la atención y de permitir el contacto con el mundo más allá de las paredes de la página de filtraciones.

El orquestador

Sin embargo, también ha atraído miradas allí donde Wikileaks no intentaba atraerlas.
 
Ha apuntado los reflectores a su vida privada y a él como personaje, lo que parece alejarse del espíritu original de la organización que no era otro que un servicio "diseñado para proteger a denunciantes, periodistas y activistas que cuentan con información sensible y quieren comunicarla al público".

Ahora cabe esperar que alguien asuma la batuta de la coordinación y la comunicación con el público, aunque es previsible que esta persona busque un bajo perfil para no alejar los reflectores de Assange.

Wikileaks podrá seguir publicando documentos siempre y cuando encuentre un nuevo punto de contacto con las fuentes.
 
El sitio requiere que alguien coordine el esfuerzo de sus cientos de voluntarios y de los servidores espejos que copian los documentos que la página difunde.

Pero incluso si Wikileaks -contra los pronósticos- cae en un caos de desorganización y pierde fuerza gradualmente, su labor perdurará.

Hoy pocos dudan de que, una vez que se ha descubierto que internet es la plataforma ideal para las filtraciones, esta tendencia desaparezca.
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