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| 3/7/2009 12:00:00 AM

Purga en el Caribe

Raúl Castro dejó claro que la ambición se castiga en la isla con la muerte política, mientras crece la expectativa por un cambio de era en las relaciones con Washington.

Raúl Castro grabó esta semana su estampa en el gobierno cubano. El cambio llegó a la isla, pero no de la manera en que los analistas lo anticipaban. Mientras en Estados Unidos se comienza a debatir una nueva manera de relacionarse con Cuba, en La Habana, donde los ministros conservan su puesto por décadas, una reestructuración en la cúpula sorprendió hasta a los más cercanos observadores. Raúl, por primera vez, dio a conocer su equipo. Y lo hizo con un episodio que parece sacado de los libretos de las purgas estalinistas en los años 30.

Los cambios afectaron a más de una docena de funcionarios, pero la mayor sorpresa fue la salida del vicepresidente Carlos Lage, de 57 años, y el ministro de Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque, de 44, las dos figuras más relevantes por fuera de la generación histórica de la lucha guerrillera. Ellos eran, después de los Castro, los rostros más conocidos de Cuba en las cumbres internacionales. Pérez Roque había sido asistente personal de Fidel, y Lage se proyectaba como el 'tercer hombre' del régimen, y eran considerados los dos 'fidelistas' más connotados.

Una primera lectura dijo que se trataba de la salida de 'los hombres de Fidel' para darles paso a los de Raúl. En un principio, el comunicado se refirió a los destituidos como 'compañero', señal de que no se les descalificaba moralmente, y ambos mantenían sus posiciones fuera del gabinete. Pero al día siguiente se pronunció Fidel, y en lugar de mostrar su solidaridad, los sepultó. En una columna aseguró que sí lo habían consultado, negó que fueran sus protegidos y, sin mencionarlos, dijo que "la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno. El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos".

El drama llegó a su clímax con las cartas de los defenestrados publicadas en Granma. En el peor estilo soviético, y casi con las mismas palabras, renunciaban a todos sus cargos, admitían haber cometido errores, consideraban justo el castigo, pedían perdón y reiteraban su fidelidad.

Sus 'errores' todavía son un misterio, pues eran vistos como candidatos a cualquier sucesión. Pero en Cuba, como en la leyenda de Ícaro, al que vuela muy alto se le queman las alas. Sin ir muy lejos, Roberto Robaina, el antecesor de Pérez Roque, también tenía un alto perfil hasta que lo destituyeron en 1999. "Fidel ha concluido que Pérez Roque y Lage habían sido demasiado orgullosos, poderosos y, lo peor, ambiciosos mirando el futuro posCastro. Históricamente, con Fidel esos son pecados más graves que cualquier otro", dijo a SEMANA Brian Latell, autor del libro Después de Fidel, ex analista de la CIA y profesor de la Universidad de Miami.

En el caso de Pérez Roque, lo más paradójico es que sale en un momento dorado de la diplomacia cubana. Cuba se reintegró a la comunidad americana a través del Grupo de Río, la Unión Europea ha levantado las sanciones y Moscú quiere recuperar a su antiguo aliado. "Durante 2008 todos los visitantes extranjeros, presidentes, enviados papales, comisarios europeos, etcétera, criticaron la política de Washington y ningunearon a la oposición interna", escribió en su blog el corresponsal de la BBC Fernando Ravsberg.

En lo que va de este año, ocho presidentes latinoamericanos más han desfilado por La Habana. Y aunque para algunos se trate sólo del afán de tomarse la foto histórica con Fidel de sudadera, presumiblemente la última, lo cierto es que todos se han negado a reunirse con disidentes y han criticado el bloqueo. No se trata sólo de radicales como Hugo Chávez, pues en los próximos días se espera la llegada del mexicano Felipe Calderón, un político de derecha. "Nunca, en los últimos 50 años, Cuba tuvo una situación política internacional tan favorable", asegura Ravsberg. A eso ayuda que el bloqueo estadounidense es mundialmente impopular. En la última Asamblea General de las Naciones Unidas, por enésima vez 185 naciones condenaron la medida, que sólo contó con el apoyo de Estados Unidos, Israel y Palau.

De ahí que el remezón llega en un momento clave en que muchos factores permiten pensar en un cambio de era en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca abre una ventana de oportunidad para un giro significativo a corto plazo. En campaña, el hoy Presidente había prometido rebajar las restricciones a los viajes hacia Cuba y el envío de remesas.

Hace unas semanas, el senador Richard Lugar, el republicano de más alto nivel en temas de política exterior, candidato a secretario de Estado de Obama, presentó un informe en que abogaba por el fin del bloqueo, al que califica como un fracaso. El documento reconoce al menos cuatro debilidades en la política actual. En primer lugar, admite la importancia simbólica de Cuba para América Latina y afirma que el bloqueo enturbia las relaciones con el continente, con la Unión Europea y con la ONU. En segundo lugar, impide la cooperación con Cuba en asuntos clave como migración y lucha antinarcóticos. Tercero, le da al gobierno cubano una excusa para justificar su autoritarismo y las dificultades económicas en un enemigo externo. Y, por último, ignora que los desarrollos tienen el potencial de redefinir las relaciones.

"Obama indicó en campaña que estaba dispuesto a cancelar las restricciones de viajes y remesas pero el embargo se iba a mantener. Y Lugar, que en muchos aspectos es un republicano conservador, sale y propone eliminar el embargo. Inmediatamente lo que era una posición de centro de Obama se convierte en una conservadora", dijo a SEMANA Larry Birns, director del Council on Hemispheric Affairs, Coha, con sede en Washington. Según explica, muchos grupos no necesariamente de izquierda, como empresarios del turismo y la industria petrolera, están presionando para relajar el bloqueo. "Aparte de un par de extremistas en el Congreso, no tiene defensores. Es un huérfano", asegura. Obama jugaría sus primeras cartas antes de la cumbre de las Américas del 17 de abril en Trinidad y Tobago.

Así las cosas, el giro histórico podría estar servido. Raúl Castro se ha manifestado dispuesto a conversar con Obama. Pero, tras la purga de esta semana, la posición de la cúpula cubana es indescifrable. Para empezar, el tema del relevo generacional parece suspendido, pues Raúl se ha rodeado de veteranos y militares. Algunas interpretaciones apuntan a que Raúl está creando un núcleo compacto de cara al enorme desafío que representa normalizar las relaciones con Washington, y las resistencias que ese paso puede despertar. Esa teoría, que no es para nada unánime, se basa en que Roque fue reemplazado por Bruno Rodríguez, gran conocedor de la política estadounidense. El nuevo canciller tiene experiencia en la ONU y vivió 11 años en Nueva York por cuenta de su carrera diplomática. Pero otra interpretación más mundana le apunta a que Raúl y su entorno habrían querido eliminar la competencia política de cara al crucial congreso del partido, este año, donde se terminará de fijar el rumbo de la isla. El pragmatismo de Raúl se pondrá a prueba, mientras las palabras de Fidel todavía retumban: "El enemigo externo se llenó de ilusiones con ellos".
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