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| 1/7/2012 12:00:00 AM

¡Que empiece la función!

Con la primera elección primaria republicana quedó claro que el Partido sigue atravesado por las dudas, la mediocridad y la división. Obama se frota las manos.

El martes pasado, después de ocho meses de campaña, 13 debates televisados, 14 millones de dólares gastados en publicidad, los siete precandidatos republicanos al fin llegaron a su primer combate electoral, en busca de la persona que enfrentará a Barack Obama en noviembre para reconquistar la Casa Blanca.

No deja de ser paradójico que la crucial cita fuera en Iowa, un estado pequeño de tres millones de habitantes, rural, con una población predominantemente blanca, un peso económico mínimo, que difícilmente representa los debates y los problemas que atraviesan a Estados Unidos. Pero por los azares del calendario electoral los 120.000 votantes inscritos de Iowa son desde hace 40 años árbitros claves para escoger el posible presidente del país más poderoso del mundo.

Los resultados le dieron una victoria sin gloria a Mitt Romney con 25 por ciento de las voces. A solo ocho votos de distancia llegó el sorpresivo ultraconservador Rick Santorum. Le siguen Ron Paul con 21 por ciento, Newt Gingrich con 13, Rick Perry con 10 y Michele Bachmann con 5 por ciento, que anunció que se retiraba de la contienda. Una muestra de que el presente republicano es confuso y que por ahora solo hay un ganador: Obama.

Romney es desde el principio el candidato obvio. Hombre de negocios millonario, el exgobernador de Massachusetts tiene la fortuna y los contactos para sostener una campaña costosa. Su gestión política fue exitosa y logró rescatar los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City de 2002 de la quiebra. Credenciales estériles para los fanáticos del Tea Party, el ala más radical, religiosa y extrema derecha del partido. Para ellos Romney es aburrido, tibio y lo peor de todo, encarna como pocos esa clase privilegiada que lo tiene todo: conexiones políticas, económicas y sociales.

Por eso el triunfo de Romney fue tan gris. A pesar de ser el más mediático y el que tiene más presupuesto, no arrolló. En Iowa quedó subrayado el poco entusiasmo que despierta y el lastre que no lo deja separarse del resto de la manada. Es claro que aún no ha logrado convencer a los extremistas y que no es el candidato que las bases conservadoras quieren. Sin embargo, como le explicó el estratega político republicano Mark McKinnon a SEMANA, "Romney sigue siendo el ganador probable. Al final, los más conservadores tendrán que rodearlo. Aunque es vulnerable, puede ser un gran oponente para Obama".

Según las encuestas, Romney es el único que puede derrotar a Obama. Y aquel político apagado que provoca tantas reticencias puede ser el candidato por defecto, porque es el menos peor, el que tiene más dinero y la maquinaria más aceitada para poder correr hasta el final la maratónica campaña. Por eso, pocas horas después de que se conociera su victoria, algunos barones republicanos como John McCain anunciaron que apoyaban su candidatura.

La sorpresa es Rick Santorum. Hasta hace una semana ningún periodista quería entrevistarlo, solo había recaudado poco más de un millón de dólares y los sondeos apenas le daban 4 por ciento de las intenciones. Santorum le apostó todo a Iowa. Recorrió cada uno de sus 99 condados, hizo 350 mítines y ahora cosecha los frutos y se consolida como el nuevo candidato anti-Romney.

Sin duda puede conquistar el Tea Party. Exsenador de Pensilvania, es ultraconservador de corazón. Educa a sus seis hijos en la casa, pues no confía en el sistema educativo estatal. Comparó la homosexualidad con el incesto y la bestialidad. No cree en la evolución. Y propone que el Ejército contenga la inmigración ilegal en la frontera con México.

Hasta ahora el núcleo duro de la derecha aún no había logrado encontrar su héroe. Newt Gingrich, Herman Cain, Michelle Bachmann o Rick Perry pretendieron el trono conservador, pero por su pasado, sus 'metidas de pata' o su extremismo, todos cayeron estrepitosamente. Por eso, como piensa McKinnon: "Bachmann y Perry están acabados, los votantes conservadores probablemente se van a reunir alrededor de Santorum. Él es el hombre del momento". Desde el martes su campaña recibió un millón de dólares extra y Rupert Murdoch, el magnate de los medios y dueño de la poderosa cadena de televisión Fox News, escribió que es el "único candidato con una visión realmente grande para el país". Un apoyo nada despreciable.

En un honorable tercer lugar, con 21 por ciento de los votos de Iowa, llegó Ron Paul, una rareza política que solo parece ser posible en Estados Unidos. Es conservador libertario, rechaza a ultranza cualquier intrusión gubernamental. Propone acabar con la FED, el banco central, es enemigo del aborto y se opone a cualquier intervención extranjera de Estados Unidos. Aunque es exitoso entre los jóvenes, para McKinnon ni Ron Paul ni Newt Gingrich son viables, "van a seguir, pero solo como candidatos protesta, lanzando bombas para hacer ruido".

El viernes 13 los precandidatos volverán a encontrarse en New Hampshire. Romney tiene todo para llevarse las elecciones de este pequeño estado, liberal y moderado. Para ver si las tendencias de Iowa se confirman, tocará esperar la batalla por Carolina del Sur, el próximo 21 de enero, un estado sureño, dominado por los evangélicos y la derecha, que será una prueba tanto para Santorum como para Romney.

Los resultados de Iowa muestran la dura batalla ideológica que atraviesan los republicanos, que parecen aún no hallarse. Hay dos caminos, el pragmatismo o el conservadurismo extremo, que no solo van a trazar el destino del partido en 2012, sino su manera de encarar la política. Liderados por el Tea Party lograron frenar el impulso reformista de Obama. No obstante los extremistas son incapaces de proponer y consolidar un líder.

Divisiones que hasta ahora solo han conseguido alejarlos de su único enemigo verdadero: Barack Obama. Mientras los republicanos se desgastan, muestran su peor faceta y despilfarran millones de dólares acuchillándose, Obama se frota las manos. Sabe que un presidente nunca ha sido reelegido con un desempleo que sobrepasa de 7 por ciento (hoy es de 8,6 por ciento). Pero también sabe que mientras la campaña republicana siga siendo sinónimo de mediocridad, división y oscuridad, su trono en Washington está a salvo.

El camino a la Casa Blanca
 
El proceso electoral en Estados Unidos hace parte del corazón de la democracia en ese país; un sistema largo, dispendioso y complejo.

Si bien el objetivo es que los candidatos obtengan la mayor cantidad de delegados, cada uno de los 50 estados tiene su propia manera de elegir a los candidatos que participarán en la convención nacional, que este año será en Tampa en agosto. Así, el proceso se divide en dos grandes modalidades: las primarias y los caucuses.

Las primarias son muy similares a una elección general en la que los ciudadanos simplemente votan por el candidato de su predilección. Por su parte, en los caucuses los votantes se reúnen en casas, escuelas o estaciones de bomberos, donde representantes de los candidatos exponen la propuesta de cada uno.

Dependiendo del estado, los delegados se reparten proporcionalmente, según el porcentaje de votación obtenido por cada candidato, o se da la figura, como en California, de ‘el ganador se lleva todo’, en la que, independiente de los porcentajes, todos los delegados pasan al candidato ganador.

Tradicionalmente, Iowa (con caucus) y New Hampshire (con primaria) han sido los estados que abren las elecciones, por lo que son muy importantes, aunque no reflejen el voto de la mayoría estadounidense. Privilegio que otros estados más poderosos han tratado de arrebatarle, pero que logra mantener desde 1972. 
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