Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/02/09 15:53

Francisco en México: un viaje explosivo

Derechos humanos, migración, moral: la visita de Jorge Mario Bergoglio a México es política y teológicamente explosiva. El sumo pontífice pone bajo presión tanto al gobierno como al clero.

Francisco en México: un viaje explosivo Foto: AFP
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DW

Seis papas han estado en México hasta ahora. Pero esta vez es distinto. La visita de Francisco desde el 12 al 18 de febrero al segundo país católico más grande del mundo es como una procesión por todos los males de América Latina: el drama de los refugiados y los asesinatos de mujeres en el norte, drogas y violencia en el centro del país y la dramática realidad de los mayas en el sur.

El programa de Francisco rebosa de gestos. Uno de los más importantes es un discreto encuentro con los padres de las víctimas de Ayotzinapa, el último día de su visita a Ciudad Juárez. Los 43 estudiantes “desaparecidos” desde septiembre de 2014 fueron presuntamente asesinados por la mafia, en aparente connivencia con dirigentes políticos locales.

Crímenes sin castigo

“El encuentro con los familiares de las víctimas de Iguala es una importante señal e incrementa la presión sobre el Gobierno para que, finalmente, el caso sea aclarado”, dice Jannika Röminger, del Lateinamerika-Zentrum (LAZ). Sin embargo, añade la experta en México, “el Estado de derecho existe solo formalmente, en realidad el 98 por ciento de los casos como estos queda impune”.

Alrededor de 27 mil personas se encuentran desaparecidas en México. Son las víctimas de una guerra contra las drogas que se ha apoderado del país. En los últimos diez años, unas 100.000 personas han muerto a manos de los carteles, entre ellos varios periodistas, líderes espirituales, políticos y activistas de derechos humanos.

Poco antes de la visita del Papa, numerosas organizaciones no gubernamentales han presentado una carta abierta al líder religioso. Francisco debería referirse al tema de los derechos humanos en sus reuniones con los dirigentes políticos del país, dicen en el texto. “El Gobierno del presidente Peña Nieto intenta bajar el perfil a las graves violaciones a los derechos humanos y las trata como si fueran casos aislados”, denuncian los firmantes. “Confiamos que su solidaridad con las víctimas contribuya a que este país no pierda la fe en la paz y la justicia”, agrega el escrito.

El retorno de los rebeldes

En lugar de privilegiar presentaciones folclóricas con mariachis, Jorge Mario Bergoglio ha puesto énfasis en la visita a zonas de conflictos. Entre estas se cuentan los estados de Michoacán y Chihuahua, donde la violencia de los carteles se ha tomado las calles, así como Chiapas, con su población predominantemente indígena. En 1994 la región se hizo mundialmente conocida gracias al movimiento zapatistas y al “subcomandante Marcos”.

El obispo Raúl Vera fue entonces enviado por el papa Juan Pablo II a la rebelde diócesis de San Cristóbal de Las Casas para poner freno al obispo titular, Samuel Ruiz (1924 - 2011), debido a que este, seguidor de la teología de la liberación, apoyaba a los pueblos indígenas y el alzamiento de los zapatistas. Pero Vera se solidarizó con Ruiz, no cumplió la misión que le fue encomendada y cayó en desgracia en Roma. En 1999 Vera fue removido de Chiapas y enviado a Saltillo. Entretanto, la voz de este religioso de 71 años ha vuelto a ganar peso, pues es considerado un hombre de confianza de Francisco.

También durante este tiempo las cosas se han tranquilizado en Chiapas, aunque la pobreza masiva sigue presente, dice Raúl Vera. “Estoy feliz de que el Papa viaje a Chiapas”, reveló a Deutsche Welle. “Que también visite la tumba de Samuel Ruiz es una señal muy importante. El gesto es tan potente como si hablara con la bendita virgen del Guadalupe”.

Silencio ante los abusos

La virgen de Guadalupe es la patrona de México. Durante mucho tiempo fue despreciada por la Iglesia Católica en México, tal como Samuel Ruiz y Raúl Vera. Por ello, el homenaje del Papa a ambos teólogos de la liberación es visto como un mensaje político. “La jerarquía católica mexicana tiene razones para estar preocupada. Los vínculos del alto clero con los Gobiernos priístas les dejaron algo más que un mutuo y provechoso maridaje con el poder” escribió el escritor mexicano Jorge Zepeda en el periódico español El País. Las reformas de Bergoglio “han sacudido algunos intereses creados dentro del clero y cuestionan normas anquilosadas de la Iglesia”, asegura Zepeda.

Pero no lo suficiente. En México también lucha la iglesia con sus propios pecados, como el infame escándalo de los abusos cometidos por el sacerdote Marcial Maciel, que por largo tiempo fueron encubiertos por el clero. Solo en 2006 Maciel fue cesado de su cargo por el Vaticano, tras décadas de abusos sexuales. Murió en 2008, sin jamás haber sido acusado en una corte.

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