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| 2/28/1994 12:00:00 AM

¿QUE VA A HACER CALDERA?

A pesar de sus herejías contra el credo neoliberal, la política del presidente venezolano para enfrentar la crisis es una incógnita.

EL NUEVO PRESIDENTE VENEZOLANO, RAfael Caldera, resultó elegido a sus 78 años porque durante la campaña electoral fue más allá del libreto recitado maquinalmente por los restantes 17 candidatos.
Más allá de prometer la reconstrucción moral y material del país, y criticar la aplicación de las medidas económicas impuestas por los compromisos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Caldera abjuró -incluso desde antes de candidatizarse- del credo neoliberal y, en vez de anunciar reformar esas medidas, prometió eliminarlas.
Hoy, cuando se inicia su mandato, la pregunta es hasta qué punto podrá cumplir sus promesas. Caldera dispone de un período de cinco años para recuperar el país, afectado por una crisis múltiple. Hay corrupción en todos los sectores, empobrecimiento de la población, deterioro de las finanzas públicas, inflación incontenible, problemas bancarios y permanentes amenazas de golpe de Estado, entre otros inconvenientes.
El Congreso, del que lo apoya solo el 25 por ciento, le concedió un año de plazo "para que demuestre que quiere hacer realidad sus proyectos de un nuevo país". La corporación está dominada por la vieja fuerza de Acción Democrática (AD) y Copei, Y por la nueva de La Causa Radical (LCR). La cuarta fuerza es Convergencia Nacional (CN), corriente de Caldera, integrada por viejos enemigos del presidente (socialistas del MAS y comunistas), ex golpistas, ex colaboradores de la dictadura y desertores de los demás partidos.
LCR ya se declaró en oposición total; AD y Copei actúan según sus intereses particulares, y CN está a punto de estallar por sus propias incongruencias.
La experiencia de 60 años de actividad política debería permitirle al nuevo presidente negociar el respaldo para sus iniciativas más importantes, relacionadas con reformas a la Constitución, al régimen fiscal y al sistema electoral, desprestigiado al máximo como consecuencia de fraudes totalmente impunes.
Pero los verdaderos problemas no están en el manejo del Congreso, sino en el campo económico, donde cualquier error puede conducir a la catástrofe.
A una semana de asumir Caldera, el subsecretario para Asuntos Interamericanos de Estados Unidos, Alexander Watson, atacó las promesas de Caldera en un mensaje según el cual "el nuevo gobierno de Venezuela debería continuar con las reformas económicas comenzadas anteriormente". Y agregó: "Las reformas habían sido sumamente útiles y positivas cuando fueron aplicadas en parte, y habían incentivado a los inversionistas extranjeros y nacionales; pero es cierto que la actual incertidumbre sobre su futura vigencia ha causado una dramática caída en el flujo de dólares al país".
Ramón José Velásquez fue designado como presidente provisional con la condición de implantar el IVA, entre otros compromisos. Pero, supuestamente presionado por informes de inteligencia, que hablaban de brotes violentos, Velásquez suspendió ese impuesto, "con el fin de que el doctor Caldera tome una decisión definitiva". La respuesta de Estados Unidos fue inmediata: por razones ecológicas suspendió la importación de gasolina venezolana reformulada. Washington piensa que sin los considerables ingresos por concepto de gasolina, Caldera se verá obligado a reimplantar el IVA. Pero él dice que no lo hará y que en su reemplazo gravará el consumo suntuario y las rentas de los ricos. Sólo que para enfrentar un déficit de 400.000 millones de bolívares se necesita mucho más que lo anunciado.
La presión sobre Venezuela es enorme: los precios internacionales del petróleo, del que deriva la mayor parte de sus entradas, están cuesta abajo. Y todos los sectores claman por recursos para poder, siquiera, funcionar durante unas semanas más. Pero no hay dinero ni posibilidades claras de encontrarlo, a menos que se recurra al IVA. La segunda quincena de enero registró disturbios de estudiantes y consumidores exaltados que saquearon comercio e incendiaron autos en 12 ciudades, en protesta por el IVA que, a pesar de estar suspendido, es cobrado por los comerciantes con el argumento válido de que una norma del Congreso no puede ser derogada por un decreto presidencial, como en este caso.
En cuanto al recorte en el gasto público, los expertos lo consideran virtualmente imposible. "Hace meses venimos funcionando con el mínimo posible. No hay de dónde recortar, a menos que se elimine personal, y ya Caldera dijo que no lo hará, porque los empleados no deben pagar los errores de los gobernantes", dijo un preocupado técnico del Ministerio de Hacienda.
El Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), que asesora al gobierno y en el que enseñan los más destacados expertos en economía y negocios, sembró mayores inquietudes al revelar las que consideran serán las cifras de la economía al terminar este año: la inflación pasará del 36 al 60 por ciento, el precio del dólar lo hará de 105 a 162 bolívares, las reservas internacionales caerán de 10.000 a 6.000 millones de dólares, y el déficit fiscal será de casi 500.000 millones de bolívares. Todo lo anterior si no hay IVA y si los precios de la gasolina permanecen estables.
Así, pues, unicamente de Caldera depende que el problema se supere o se agrave. También de él depende que el enorme descontento social se suavice, que la agricultura se reactive y que las demandas por mejores salarios encuentren la respuesta adecuada.
La grave crisis bancaria, descubierta a raíz de los problemas del Banco Latino (BL), necesita solución urgente antes de que el sistema se derrumbe. Los bancos venezolanos han dejado de funcionar como intermediarios y ahora son entidades dedicadas a la inversión en megaproyectos que los obligan a buscar recursos a cualquier precio. A los ahorradores se les paga el 80 por ciento de interés por entregarles sus dineros a la banca. Eso ha llevado a crear expectativas de una posible devaluación masiva y, para enfrentarla, todo aquel que puede comprar dólares al precio que sea.
Otra posible fuente de recursos, la privatización de empresas estatales, también recibió la negativa de Caldera. "Hay que reconsiderar esa epidemia", dijo, a tiempo que presionaba al gobierno provisional para que, en una especie de salto al pasado, estableciera un control de precios, en vigencia desde hace un mes, con lo cual reafirmó su posición de no aceptar los mandatos de los organismos internacionales de crédito.
Y para demostrarles al FMI y al Banco Mundial que sus palabras son en serio, replanteó una negociación de la deuda externa venezolana, a la que acusa de ser causa de muchos problemas que parecen insuperables. Pero según datos oficiales, sólo un 10 por ciento de la deuda puede ser renegociada; el resto está definida y en manos de acreedores que no ceden desde hace unos seis años.
Sin embargo, Caldera está dispuesto a demostrar que algunas veces las mayorías son las equivocadas y que, fuera del libre comercio y de la libre competencia, hay salvación. No sería la primera vez que una herejía se convierte en la versión oficial.
Pero si no se logra siquiera reducir el impacto de los problemas, Venezuela podría irse al abismo, y ya se conocen de lo que son capaces los venezolanos furiosos en las calles. Carlos Andrés Pérez lo supo apenas dos días después de imponer el paquete que recomendó el FMI: en Caracas millares de habitantes de las casuchas de los cerros, marginados de todas las oportunidades, se lanzaron por oleadas sobre la ciudad.
Si Caldera fracasa, dijo un analista, "no serán sólo los habitantes de los cerros, ni sólo los caraqueños, los que se lancen a las calles a jugarse la vida para saciar el hambre" Y si eso sucede, "ni siquiera los militares, siempre dispuestos a demostrar que son una opción, podrán evitar el cataclismo".
Desde Colombia se mira esa situación con angustia, porque hoy por hoy lo que pase en Venezuela repercutirá necesariamente en el país, y no sólo en cuanto a la integración, sino en cuanto a la política general hacia Colombia, pues es bien sabido que en épocas de crisis los políticos venezolanos recurren al expediente del anticolombianismo para recuperar la atención popular.
Pero los optimistas creen que Rafael Caldera podría manejar la crisis. Al fin y al cabo fue él quien dijo que "no basta elegir un gobierno honesto para solucionar la situación. En verdad, es preciso que ese gobierno sea, además, eficiente. Muy eficiente". Una eficiencia que resulta vital para venezolanos y colombianos.

El Presidente 'Chiripa'
PARA LOS VENEZOLANOS, RAfael Caldera es un zorro político de vieja data. Considerado por algunos como "la conciencia crítica de Venezuela", la sorpresa de su elección fue que consiguió su victoria a nombre de una coalición independiente, Convergencia Nacional, luego de abandonar espectacularmente las filas del partido Copei. Con la bandera de la defensa de los derechos de los trabajadores y promesas de corte populista logró hacer una campaña discreta, pero efectiva, explotando el descontento popular. Aunque sus contendores lo llamaron 'Chiripa' (cucaracha), haciendo referencia a los pequeños grupos que conformaron su movimiento, y amenazaron con fumigarlo, los resultados mostraron otra cosa.
Lo que no es extraño es el alineamiento de Caldera con la causa popular. Desde sus años escolares conoció y defendió los principios del socialismo cristiano. Su formación jesuítica y sus cátedras de sociología lo llevaron a defender los intereses de los trabajadores y la población marginal. Por eso en 1947 fue partícipe de la fundación del Copei (Partido Social Cristiano), colectividad que lo llevó al poder por primera vez en 1969. Por su militancia política muchos lo llaman "el campeón de las candidaturas". Se ha presentado seis veces como aspirante presidencial (1947, 1958, 1963, 1968, 1983 y 1993), de las cuales ha coronado en dos oportunidades (1969-1974 y 1994-1999).
Pero si en Venezuela Caldera tiene buena imagen, en Colombia no se puede decir lo mismo. Su legendario anticolombianismo y su radicalismo en torno del diferendo limítrofe han empañado a veces las tradicionales relaciones amistosas. Aunque durante el gobierno de César Gaviria sus posiciones han bajado de tono, para los analistas no resulta claro si con la grave situación económica venezolana las cosas seguirán igual. Los antecedentes muestran que Caldera maneja bien los elementos distractores y que el diferendo binacional podría ser un pretexto para exacerbar el ultranacionalismo venezolano.
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