Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/04/11 00:00

QUE YO ME VOY PA' LA HABANA...

Maniobra diplomática colombiana frena condena de EE.UU. a Cuba y garantiza visita de inspección a la isla.

QUE YO ME VOY PA' LA HABANA...

Los encargados en Washington del manejo de las relaciones del gobierno norteamericano con sus aliados del sur del continente, van a recordar el primer trimestre de 1988 como una verdadera pesadilla. Es fácil prever que la historia se referirá a este período como "una comedia de equivocaciones'' por parte de los muchachos del controvertido subsecretario para asuntos latinoamericanos del departamento de Estado, Elliot Abrams. Primero fue la derrota ante Colombia en el seno de la OEA en enero. Luego, en las últimas semanas, la suite de errores frente a la cuestión panameña. Para rematar, la semana pasada, una de las campañas diplomáticas de Estados Unidos más publicitadas de los últimos tiempos, culminó con una nueva derrota: la delegación norteamericana ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas no pudo convencer a las otras 42 delegaciones de aprobar una resolución ordenando una visita de inspección a Cuba, en cuyos considerandos se partía de la base de una previa condena a la situación de los derechos humanos en la isla.
Pero casi tan interesante como lo sucedido, fue el papel jugado por la cancillería colombiana en el episodio. El gobierno de Virgilio Barco había dado un voto clave el año pasado, frustrando el intento norteamericano de condenar a Cuba. Desde entonces, Washington lanzó una agresiva cruzada para convencer a las delegaciones de votar con ellos un nuevo proyecto de resolución este año. Al principio, la campaña fue tan agresiva como torpe. El jefe de la delegación norteamericana, el cubano-norteamericano Armando Valladares que estuvo varios años preso en Cuba, ofreció una rueda de prensa en la que se dedicó a insultar al Gobierno colombiano por su actitud en la primera votación. Pero luego, los métodos de los diplomáticos gringos se fueron sofisticando: comenzaron a presionar a países como Argentina, muy pendientes en esta época de la aprobación de millonarios créditos del sistema financiero internacional, amenazándolos con retirarles su apoyo en este campo.
Gracias a esto, EE.UU. logró llegar a Ginebra a principios de mes con un importante respaldo a su proyecto de resolución. La pelea iba muy pareja. Los cubanos también se habían movido y el resultado de la sesión del miércoles fue un aparente empate, que no le dio paso al proyecto de Washington. Colombia, apoyada por otros tres países latinoamericanos -Argentina, México y Perú- propuso otro proyecto, que no condenara a Cuba de entrada, y en el cual se acogia una invitación del gobierno cubano, para que una comisión visitara la isla.
Según pudo establecer SEMANA en fuentes diplomáticas colombianas, la reacción de EE.UU. fue de desagrado. Para Valladares y Cía., era evidente que los intentos por cambiar la posición colombiana habían sido en vano. El martes a las 3 y 5 minutos de la tarde, el presidente Ronald Reagan había llamado por teléfono a Virgilio Barco, para pedirle que acompañara con su voto la propuesta norteamericana. Barco le respondió que Colombia estaba convencida de que si el proyecto de EE.UU. se aprobaba, habría una resolución contra Cuba pero quizá nunca una visita de inspección. Mientras que si se aprobaba la fórmula colombiana, que Cuba parecía dispuesta a respaldar, no habría resolución con condena implícita, pero sí la ansiada visita que Fidel Castro había considerado inaceptable a lo largo de casi 30 años de revolución.
La delegación norteamericana pidió el miércoles un receso, y comenzaron entonces las consultas entre las distintas delegaciones, en busca de un consenso alrededor de la fórmula colombiana. Estas consultas eran el complemento del intenso trabajo diplomático desarrollado por teléfono desde Bogotá, por el canciller Julio Londoño Paredes, durante casi tres días con sus noches. En las reuniones celebradas durante el receso, la delegación norteamericana siguió buscándole peros al proyecto colombiano, pero al final tuvo que aceptar que Colombia y sus tres aliados, Argentina, Perú y México, habían ganado la partida. La prueba más clara era que los miembros de la OTAN presentes en la Comisión parecían dispuestos a votar contra el proyecto norteamericano si era necesario. Si Estados Unidos insistía tercamente en no aceptar nada distinto de su propuesta, quedaría en claro que su interés central era el de condenar de una vez a Cuba, más que el de celebrar una visita de inspección a la isla. Entonces claudicó y el jueves, retiró su proyecto, mientras era aprobado por consenso el colombiano.
Aunque para muchos no es claro por qué Colombia lucía tan interesada en arriesgar sus relaciones con Washington, la victoria de los hombres de Londoño fue muy clara. Colombia logró todos sus objetivos:cobrarle a EE.UU. los insultos de Valladares el año pasado y el tratamiento recibido en la sesiones de la OEA en enero; no dañar los avances logrados en las relaciones entre Bogotá y La Habana en los últimos seis años; conseguir que Cuba aceptara, después de 30 años de negativas, la visita de inspección, y finalmente, recuperar un liderazgo en el continente, que se había alcanzado durante la administración de Belisario Betancur y muchos consideraban perdido en los últimos dos años. En fin, una carambola a 4 bandas que logra, al menos en parte en el terreno internacional, borrar con la mano, lo que otros colombianos han dibujado con los pies.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.