Miércoles, 26 de noviembre de 2014

| 1992/05/18 00:00

QUIEN MANDA AQUIEN

El Congreso de los Diputados del Pueblo pone en jaque las reformas de Yeltsin.

QUIEN MANDA AQUIEN


POR UN MALABARISMO DE la historia, el Congreso de los Diputados del Pueblo, ese dinosaurio institucional herencia de la era pre-perestroika, sigue vivito y coleando y la semana pasada estuvo a punto de sumir a Rusia en una nueva crisis institucional.
Reunido desde el sábado en Moscú, el Congreso escenificó una batalla parlamentaria que se tradujo en un punto muy concreto: el manejo de la economía.
Lo que sucede en Rusia parece calcado de la tendencia que se presenta en muchos países de América Latina, donde los programas de ajuste de la economía tienen al borde del hambre a amplios sectores de la sociedad. Yeltsin lanzó una campaña destinada a preparar al país para la introducción del libre mercado. Para ello dio al traste con los subsidios imperantes en la vieja Unión Soviética y liberó los precios de los artículos de primera necesidad, con la idea de que no era posible privatizar la economía si los precios no se ponían a tono con la realidad. Ese programa se extremó aún más para ponerse a tono con las condiciones exigidas por el Fondo Monetario Internacional para aceptar a Rusia como miembro pleno. El resultado fue que desde enero los precios de los artículos de primera necesidad han sufrido un aumento promedio del 350 por ciento -si bien algunos hablan del 500 por ciento- y el nivel de vida desciende al mismo ritmo de la producción, con más del 80 por ciento de los ciudadanos por debajo de la línea de la pobreza. Con el telón de fondo de las protestas populares, los defensores de Yeltsin aseguraban que el crecimiento de la inflación continuaría durante la primavera y que los precios comensarían a bajar a medida con la privatización. Pero ésta marcha a paso de tortuga y no se ve la luz al final del túnel. Uno de los primeros en poner el grito en el cielo fue el propio vicepresidente Aleksandr Rutskoi, quien acusó a su jefe de perpetrar un "genocidio economico" al liberalizar los precios mientras las viejas estructuras permanecen incólumes.
Se afirma que fue el propio Rutskoi quien desencadenó la reacción de los diputados, muchos de los cuales, elegidos en 1990, provienen del desaparecido Partido Comunista. Argumentos no les faltaban: la Organización Internacional del Trabajo advirtió recientemente que sólo en este año 15 millones de personas perderán su trabajo en la Comunidad de Estados Independientes (CEI) con un alto porcentaje en Rusia. El estudio sostiene que en un país como la ex-URSS, donde el trabajo estaba garantizado por la Constitución, las empresas tienen un promedio de excedentes del 25 por ciento de los empleados.
De ahí que los diputados hayan escenificado una revuelta contra Yeltsin en busca no solamente de la dimisión de su gabinete, sino contra la pérdida del doble carácter de Yeltsin de presidente y primer ministro. Lo que es más importante, el Congreso aprobó una resolución que declaró "insatisfactorio" el manejo actual de la economía y "sugirió" que se hicieran cambios fundamentales.
Así, el Congreso interpretó el temor -señalado por los analistas de que Rusia podría estar al borde de un estallido social. Al hacerlo obligó al gabinete a renunciar y a Yeltsin a aumentar las pensiones estatales, suplir con 200 mil millones de rublos a cientos de granjas y fábricas estatales (antes que privatizarlas) y retrasar los planes para poner los precios de la energía en niveles internacionales, una medida que estaba dirigida a desestimular el consumo interno para aumentar las exportaciones de petróleo.
Sólo cuando el secretario de estado norteamericano James Baker advirtió que la ayuda económica se podría estancar, el Congreso finalmente resolvió dar plazo de varios meses a su gobierno. Pero al hacerlo consiguió que la imagen de su proceso sufriera un deterioro Inocultable en Occidente. Ahora se dice que el tan esperado acuerdo con el FMI podría retrasarse mientras los jerarcas del Grupo de los Siete se convencen de que su dinero no se perderá en una economía desahuciada. Se trata de un paquete de ayuda de 24 mil millones de dólares requerido para sanear la economía y para establecer un crucial fondo de estabilización del rublo. Con la crisis política en su punto más álgido, Rusia podría estar internándose en un callejón sin salida.

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