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| 7/12/1993 12:00:00 AM

¿QUIEN MANDA EN EL MUNDO?

A tiempo que el mundo se reordena tras la Guerra Fría, Occidente se queda sin líderes históricos.

ES LA PARADOJA DEL FIN DE SIGLO. LA CAIda del bloque soviético y la consiguiente terminación de la confrontación ideológico-militar este-oeste (también conocida como Guerra Fría) hizo sonar las trompetas de la victoria del occidente democrático sobre el oriente totalitarista. Pero sin que se haya completado siquiera un lustro de ese hito histórico, es ya evidente que el liderazgo occidental no está a la altura de las circunstancias.
Tomados por sorpresa desde 1990, esos dirigentes de países claves como Estados Unidos, Alemania, Gran Bretata, Francia, Italia y España no sólo no tienen claro el camino por seguir en sus relaciones internacionales. El problema de liderazgo comienza por casa, pues los líderes de esas naciones presentan bajisimos índices de aceptación popular en sus respectivos países, o han recibido un preaviso de sus electores, como en el caso de Felipe González en España.
Para empeorar las cosas, la Organización de Naciones Unidas refleja en sí misma la desorientación que impera en el final del siglo. La muestra está por todas partes del globo: la guerra civil de Yugoslavia se repite en varias partes de la desaparecida igual o mayor intensidad. En Somalia, Liberia, Sudan, Camboya, para sólo nombrar algunos focos, la violencia no tiene fin.

CLINTON EL PESO PLUMA
La potencia norteamericana tenía mucho por celebrar al final de 1992. Pero sólo cuatro meses después de haber elegido como presidente al demócrata Bill Clinton, cuando lo normal es que la luna de miel esté en lo más fino, ningún presidente norteamericano había tenido un índice de aceptación popular tan bajo: 36 por ciento.
El de Clintom parece ser, sobre todo, un problema de credibilidad. Comenzó aun antes de su posesión, cuando dijo que cambiaría la política ante Saddam Hussein, sólo para negar sus propias palabras al día siguiente. Luego aseguró que Cambiaría la política de admición de haitianos, lo que no hizo, y más tarde se presentó el nombramiento fallido como ministra de Justicia de Zoe Baird, quien confesó estar infringiendo las leyes de inmigración cuyo cumplimiento debería supervisar.
En esos días aún los norteamericanos le otorgaban el beneficio de la duda. Pero luego echó atrás un prometido recorte de impuestos a la clase media y su promesa de permitir a los homosexuales en las Fuerzas Armadas. La presencia de su esposa Hillary en en la toma de decisiones de Estado y la remoción de los agentes de viajes de la Casa Blanca para favorecer a sus parientes y amigos dejó en el aire la sensación de que la Casa Blanca tampoco estaba exenta de nepotismo y corrupción.
Con el paquete económico dividiendo virtualmente a los demócratas, no es de extrañar que la presidencia de los Estados Unidos no haya podido establecer una línea de conducta en materia internacional y en especial en cuanto a la guerra en los Balcanes, a pesar de los clamores europeos para que ese país asuma el liderazgo mundial.
LA PESADILLA ALEMANA
Luego de 13 años de gestión, el desempeño de Helmut Kohl en Alemanía acusa un desgaste preocupante. Una reciente encuesta le atribuye un índice de aceptación popular de 32 por ciento, cifra baja para quien fuera considerado el eje de la reunificación alemana.
Alemania vive una de las peores recesiones económicas de los últimos años. Los analistas preveen una caída en el PIB (producto interno bruto) de 1.5% para Alemania en conjunto y del 2% para la zona occidental. Al parecer, el proceso de reunificación era más costoso de lo que nadie imaginó. Las presiones sindicales y sus manifestaciones (la huelga del acero, por ejemplo) son síntomas de la recesión.
El gobierno de Kohl ha debido afrontar el resurgimiento de grupos neonazis provenientes sobre todo de la zona oriental. El hecho más reciente, la muerte violenta de cinco turcas en Solingen, tras la aprobación en el parlamento alemán de una ley restrictiva al silo, le ha puesto en entredicho frente a Turquía, uno de sus mejores aliados en la OTAN. Además, la corrupción de los dirigentes políticos le ha costado el puesto a más de cinco en categoría ministerial.
Kohl se apresuró a reconocer la independencia de Eslovenia y Croacia, lo que para muchos desencadenó la guerra de los servicios. Desenlace poco presentable para un país con tantas responsabilidades históricas como Alemania.

EL INGLES TRISTE
En una reciente encuesta, el índice de aceptación popular con el primer ministro inglés John Major no supera el 20%. El éxito de la guerra del Golfo Pérsico se diluyó por la venta de armas a Irak por empresas británicas.
En política exterior, el desempeño de Major no es mejor. El separatismo de Escocia y la discusión por el gobierno de Hong Kong (que debe ser devuelto a China en 1977) ha demostrado un líder valiente. A esto se le agrega el escándalo por el ejecución de argentinos en la guerra de las Malvinas y su marcado "europeismo" (por su desempeño en la ratificación del tratado de Maastrich sobre la comunidad europea), que sus oponentes políticos definen como una táctica para evadir la crisis interna. El "niño" líder de los ingleses no logra recuperar su prestigio.
La Comunidad Europea, que sus oponentes políticos definen como una táctica para evadir la crisis interna. El "niño" líder de los ingleses no logra recuperar su prestigio.

EL CASO ITALIA
En Italia la clase política en general y los socialistas en particular, se convirtieron en la demostración de que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Desde hace un poco más de un año, el país se ha visto atravesado por una serie interminable de escándalos que han involucrado a los partidos tradicionales, a la industria y a las grandes familias adineradas.
Las investigaciones han revelado como la Democracia Cristiana y el Socialismo, mantenían contactos en las administraciones municipales y en las compañías estatales que les permitían adjudicar contratos a cambio de contribuciones sustanciales. El asunto estaba tan enquistado, que en Milán el metro era considerado un negocio exclusivo de la Democracia Cristiana mientras el aeropuerto era un bastión de los socialistas. Como dijo uno de los investigadores, el magistrado Antonio Di Prieto, "ya no se hacían exigencias directas. Los sobornos se habían convertido en una claúsula no escrita.
En medio de ese caos, han caído en mayor o menor grado, personajes de la talla de Giulio Andreotti, la figura política más importante de la posguerra, siete veces jefe de gobierno y acusado hasta del asesinato de un periodista. Bettino Craxi, hasta entonces líder del partido socialista y virtualmente todos los dirigentes están en entredicho.
La situación dio lugar al nombramiento de Carlo Azeglio Ciampi, gobernador del Banco Central y sin vínculos con partido alguno, como primer ministro interino, ante la renuncia de otro empapelado, Giuliano Amato. Ciampi no parece ser el hombre para manejar una crisis como la de los Balcanes, que toca directamente a Italia por razones de vencindad.
EN LAS ULTIMAS
El presidente francés Francois Mitterrand es otro que no levanta cabeza. En el último índice de popularidad registró un nivel de aceptación popular del 22%. La pérdida de las elecciones le obligaron a compartir el poder con el conservador Edouard Balladur. Su prestigio venía en baja por varios hechos: el asilo "humanitario" al líder palestino George Habash, la huelga de camioneros, la votación por "photo finish" de la ratificación del tratado de Maastrich, el derrumbe del ministro Laurent Fabius por el contagio múltiple de sida por sangre contaminada, finalmente el suicidio del exministro Pierre Beregovoy.
El panorama interno no es nada consolador, Mitterrand se encuentra agotado y su papel de gobernante apenas es tenido en cuenta, a nivel de consulta, para los asuntos de relaciones exteriores. El caso de que fuera llamado el De Gaulle moderno, parece inevitable.

FELIPE GONZALEZ
En 1982, cuando Felipe González y su partido Socialista Obrero Español alcanzaron por primera vez el poder, 202 asientos en las cortes (Parlamento) le otorgaban una mayoría cómoda para manejar al país. En 1986 ese número bajó a 184, en 1989 cayó a 175 y en las pasadas elecciones parlamentarias, descendió aún más, a 159, una cifra insuficiente que le obligará a hacer alianzas para poder gobernar. Esa tendencia hizo que González reconociera que el país le había entregado un mensaje severo: o esto mejora, o hay que buscar nuevo líder.
González logró triunfar sobre el derechista José María Aznar del partido Popular, pero su triunfo fue más el resultado de su carisma personal, que el éxito de sus políticas o de la fortaleza de su partido. Si Aznar no logró derrotar a Felipe, fue porque éste convenció a los españoles de que era mejor malo conocido que bueno por conocer, y de que un régimen derechista se hubiera convertido en una amenaza contra los beneficios sociales y las pensiones adquiridas durante el gobierno.
Con la caída de los socialistas en el resto de Europa, afectados en mayor o menor grado por la corrupción y el desgaste, y por las economías europeas en dificultades, Felipe enfrentará grandes problemas para recuperar el crecimiento positivo de la economía española y al mismo tiempo reducir el desempleo, que alcanza el 21.7%.

NO HAY CON QUIEN
Por todo ello, el mundo sigue a la espera de los dirigentes que logren encontrar la luz al final del túnel. La guerra fría, con su amenaza nuclear y su clara distinción antagonística entre la economía socialista y de mercado, presentaba en medio de la incertidumbre generada por la amenaza nuclear, un mundo mucho más claro. Pero los dirigentes de hoy nacieron o se formaron cuando ese mundo parecía inamovible. Atrapados además entre sus propias dificultades internas, ninguno parece capaz de asumir la responsabilidad de guiar al mundo hacia el final del siglo. Bismark, con todo y su autoritarismo, fundó para bien o para mal a finales del siglo XIX, los cimientos de lo que sería el inicio del XX. Hoy no parece haber nadie capaz de asumir un papel parecido.-
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