Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2001/11/05 00:00

Quiero vivir de nuevo en Afganistán

SEMANA entrevistó a Sahar Saba, integrante de una organización secreta afgana que lucha contra los Talibán por los derechos de las mujeres.

Quiero vivir de nuevo en Afganistán

El fin de semana pasado los televidentes alrededor del mundo quedaron impresionados con un reportaje de la CNN sobre las atrocidades cometidas en Afganistán contra las mujeres. Ese trabajo, hecho por una periodista afgano-británica, no hubiera sido posible sin la colaboración de un grupo clandestino, la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, Rawa, cuyas 2.000 integrantes luchan por los derechos de las mujeres en ese país. SEMANA entrevistó en Washington D.C. a Sahar Saba, una activista de ese movimiento cuyas integrantes arriesgan la vida por su causa. Esta mujer, de 40 años, aprovechó la marcha de protesta contra la guerra en Afganistán que se realizó por las calles de la capital estadounidense para difundir su mensaje: “El pueblo de Afganistán no tiene nada que ver con Osama Ben Laden y sus cómplices”, y para dar a conocer su lucha contra del régimen Talibán y la violación extrema de derechos humanos que padecen las mujeres en ese país. Este es su testimonio:

SEMANA: ¿Cuáles son las prohibiciones que viven las mujeres en Afganistán?

Sahar Saba: No tenemos acceso a la educación, no podemos ir a la escuela ni a la universidad. Tampoco podemos trabajar y sólo podemos salir de casa si vamos acompañadas de un hombre. En la calle debemos vestirnos completamente y nunca debemos usar tacones altos ya que debemos caminar sin hacer ruido. Si incumplimos estas reglas nos pueden apalear; pero esos castigos físicos no nos importan, lo que nos tiene muy mal es la situación sicológica, el sentirnos tratadas peor que animales. Un animal respira el aire puro, nosotros tenemos que respirar bajo el ‘burka’.

SEMANA: ¿En pleno siglo XXI y se ve una situación medieval?

S.S.: Mucho peor. El 90 por ciento de las afganas tienen problemas sicológicos, depresión. Eramos mujeres que habíamos trabajado y gozábamos de libertades. Muchas aseguran estar muertas en vida, dicen que de no ser por sus hijos se suicidarían. Cada dos meses se registran unos 10 suicidios de jóvenes entre 22 y 25 años. Se mojan con gasolina y se queman vivas.

SEMANA: ¿Qué hace usted como miembro de la Rawa?

S.S.: Intentamos darles esperanza. Luchamos porque Afganistán no sea una tragedia olvidada. Esperamos mantener la defensa de la causa que dio origen a nuestra asociación: ser islámicas bajo concepciones modernas de democracia, derechos e igualdad.

SEMANA: ¿Corre riesgo su vida o la vida de quienes trabajan en Rawa?

S.S.: Sí, pero desafiamos ese peligro. Nuestra líder y fundadora, Meena, fue asesinada en Pakistán en 1987.

SEMANA: ¿Qué alternativa tienen para solucionar la situación de su país?

S.S.: Creemos que la única alternativa es el retorno del antiguo rey de Afganistán, Zhir Shah, exiliado en Roma. Fue rey durante 40 años y tampoco es que hiciera mucho, pero comparado con hoy su reinado fue un paraíso.

SEMANA: ¿Y qué opinión tiene respecto de la intervención de Estados Unidos?

S.S.: Siempre hemos defendido que la comunidad internacional, incluida la ONU, debe tomar medidas prácticas. La ONU puede adoptar la misma política que en Timor Oriental o en Camboya, o sea, desplegar fuerzas de paz, vigilar las diferentes facciones y supervisar unas elecciones democráticas. Sin embargo sólo imponen sanciones que afectan a la gente pobre.

SEMANA: ¿Ahora, con lo ocurrido el 11 de septiembre en Estados Unidos, todo puede cambiar?

S.S.: Nosotras, como mujeres afganas, estamos con el resto del mundo y expresamos nuestro dolor y condena por esos actos bárbaros de violencia y terror, pero estamos haciendo un llamado a Estados Unidos para que reconsidere las causas de fondo de este horrible hecho, que no es el primero ni será el último. Creo que una gran ofensiva militar como la que se está planeando sobre Afganistán, que se ha enfrentado a permanentes desastres desde hace más de dos décadas, no es la salida. Sólo sufrirá el pueblo afgano.

SEMANA: ¿Cómo explica lo ocurrido en Nueva York y Washington?

S.S.: Desde hace un buen tiempo hemos dicho que Estados Unidos no debe apoyar facciones fundamentalistas como los Talibán, porque si ellos no tienen ningún problema en cometer toda clase de crímenes contra nuestro pueblo no tenían porqué tener algún reparo en hacer lo mismo con la población norteamericana, considerada como infiel.

SEMANA: Estados Unidos apoyó a los Talibán, ¿suena paradójico?

S.S.: Estados Unidos los financió porque estaba interesado en construir oleoductos. Además Osama Ben Laden era “el chico de los ojos azules” de la CIA. Ahora, con estos fundamentalistas, se corre un riesgo; de confirmarse las sospechas de que lo ocurrido fue dirigido por Ben Laden y los Talibán se probará nuestra denuncia: los fundamentalistas devorarán a sus creadores.

SEMANA: ¿Quisiera volver a Afganistán?

S.S.: Sí, pero en un Afganistán libre, en un país democrático y libre de fundamentalistas, y eso es muy complicado en estos momentos.

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