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| 5/2/1988 12:00:00 AM

QUIETOS POR FAVOR

Empeñado en evitar mas enfrentamientos, el gobierno recluye a un millón de palestinos en sus casas.

Siempre se ha dicho que la Semana Santa debe ser una época de retiro y recogimiento, pero pocos imaginaban que las cosas se debían hacer de esta manera. Por esa razón, no faltaron las voces de protesta cuando la semana pasada el gobierno de Israel "encerró" durante 3 días a los habitantes de las zonas ocupadas de Gaza y Cisjordania, al impedirles moverse de sus sitios de vivienda hacia otras poblaciones. En un esfuerzo más por controlar la ola de violencia que desde hace 4 meses azota el área, dejando un saldo de por lo menos 115 jóvenes palestinos y un soldado judío muertos, Tel Aviv decidió intempestivamente recluir a cerca de un millón de personas en sus casas
A pesar de que es imposible saber si la salud espiritual de los palestinos mejoró por cuenta de los retiros forzados, la administración del primer ministro Yitzakh Shamir se mostró contenta con los resultados De hecho, Tel Aviv hizo todo lo posible por evitar otro brote de violencia, con ocasión de la celebración el pasado martes de un aniversario más de la "Jornada de la Tierra". La fecha en cuestión se relaciona con lo sucedido el 30 de marzo de 1976, cuando media docena de árabes de nacionalidad israelí quedaron muertos al cabo de una manifestación en la que se protestaba contra las expulsiones y las confiscaciones de tierra en las zonas ocupadas por Israel después de la guerra de los seis días. Desde esa ocasión, el 30 de marzo ha sido un día de enorme tensión, en el cual el ejército judío ha estado presto a intervenir.
En esta oportunidad, sin embargo, las cosas trataron de evitarse con anterioridad. Los continuos disturbios que se vienen presentando desde diciembre hacían pensar que existía el peligro de una semi-insurrección popular en los diferentes poblados palestinos de Gaza y Cisjordania. Fue esa la razón por la cual se tomaron las drásticas medidas. En Gaza, por ejemplo, los habitantes recibieron la orden de recluirse en sus casas desde el lunes en la noche hasta el viernes en la mañana, con tan sólo una hora de "descanso" cada día, para permitir la compra de provisiones.
La efectividad de la operación fue imposible de comprobar. La prensa no pudo entrar libremente a la zona y tan sólo uno que otro camarógrafo acompañado todo el tiempo de un militar judío, alcanzó a tomar unas cuantas imágenes. Las informaciones sobre la situación fueron entregadas a través de comunicados militares donde la mayoría del tiempo se dio un parte de normalidad.
Semejante demostración de fuerza de Tel Aviv acabó convenciendo a 105 observadores de que está lejana la posibilidad de una solución negociada en la zona. A pesar de la presión internacional, Shamir ha reiterado que piensa resolver el problema a su manera. En una entrevista concedida después de haber anunciado el bloqueo de la semana pasada, el ministro de Defensa Yitzakh Rabin, dejó las cosas claras: "todo esto es una manera de decirle a los árabes (...) que es una prueba de fuerza y que veremos quién sale vencedor (...) pero no olviden señores, que nosotros estamos lejos de haber agotado todas las posibilidades a nuestra disposición".
Entre esas alternativas se encuentra la de volver continua la medicina ensayada la semana pasada. A pesar de que el tránsito de los palestinos debe ser restablecido (la inmensa mayoría trabaja como obreros en Israel), iniciativas como la de restringir el acceso de la prensa están siendo estudiadas. Algunos partidarios de la idea han recordado lo hecho por Sur Africa, donde el control a los periodistas acabó incidiendo en una disminución de las manifestaciones en las "reservaciones" negras.
Igualmente, es probable que continúen las detenciones preventivas. Días antes del 30 de marzo, unos mil activistas fueron arrestados. Los conocedores estiman que actualmente hay entre 4 mil y 8 mil palestinos detenidos en prisión.
Para evitar que la presión internacional se haga muy grande, el Ejército israelí está demostrando que puede purgarse. La semana pasada se anunció que dos de los soldados que habían intentado enterrar vivos a cuatro jóvenes palestinos en la villa de Salem, habían sido condenados a seis meses de prisión por sus actos. A pesar de que la pena es la misma que reciben los palestinos por tirar piedra y de que los inculpados recibieron permiso de pasar la Semana Santa con sus familias, Tel Aviv confía en que su firme actitud le demuestre al mundo que tiene las capacidades para entrar en penitencia, así la cuaresma se haya terminado.
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