Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/5/1995 12:00:00 AM

RADIOGRAFIA DE UN MONSTRUO

Los indicios sobre la historia del terrorista Timothy McVeigh apuntan hacia la construcción de una personalidad perturbada.

A MEDIDA QUE SE CONOCEN circunstancias de la vida del principal acusado del bombazo del edificio Albert P. Murrah, en la ciudad de Oklahoma, lo que va apareciendo es el argumento de una película de soledad, abandono y aislamiento, que parece cortada a la medida para dar como resultado una mente gravemente enferma.
Los problemas de Timothy McVeigh comenzaron, por lo que parece, desde su adolescencia, cuando sus padres, William y Mildred, se divorciaron. El muchacho, que hasta entonces había tenido una personalidad abierta y espontánea, fue encerrándose cada vez más en sí mismo.
Desde entonces, el común denominador de su comportamiento social fue el aislamiento. Sus compañeros de bachillerato le recuerdan como alguien que, aunque sostuviera una charla ocasional con cualquiera, nunca se hacía realmente amigo de nadie. Desde entonces su obsesión eran las armas. Corría 1987 y el joven recién graduado del colegio entró, muy apropiadamente, a trabajar como guarda de seguridad en una compañía de transporte de valores. En una ocasión se presentó a trabajar con bandoleras terciadas y una escopeta recortada como armamento. El supervisor encontró tan extraña la vestimenta que le ordenó dejar su equipo en su carro antes de salir al recorrido.
Poco después, el 24 de mayo de 1988, McVeigh entró al ejército, lo que causó la extrañeza de sus compañeros de colegio, para quienes el hombre tenía condiciones para optar por miras más altas. Pero estar en el ejército, al lado de las armas que tanto amaba, era el destino escogido porMcVeigh.
La vida en el ejército pareció llenar las más profundas aspiraciones del joven. Asumió su papel con lujo de detalles, casi hasta la sobreactuación. Como declaró un compañero, "siempre estaba listo a tiempo. Nunca se metía en líos. Era perfecto, yo pensaba que estaría en el ejército toda su vida. Jugaba a ser militar las 24 horas del día, hasta en los días de descanso. Pero cuando llegó a sargento, comenzó a mostrar actitudes abiertamente racistas".
Lo cierto es que McVeigh puso todas su esperanzas en el ejército, con la meta de convertirse en un miembro de las Fuerzas Especiales, o Boinas Verdes, la unidad de elite de la infantería. Luego de participar con éxito en la Guerra del Golfo, donde, según algunos, estuvo en las acciones que terminaron con los soldados iraquíes enterrados en sus propias trincheras, intentó calificar para su sueño, pero fracasó a los dos días. La razón, inestabilidad sicológica.
Con sus sueños rotos para siempre, menos de un año después, en diciembre de 1991, dejó el ejército pero entró a la Guardia Nacional, un organismo paramilitar de reserva y dedicación parcial, de donde finalmente salió en junio de 1992.
Fue entonces cuando cambió sus lealtades; su afición por los temas armamentistas y por los grupos de extrema derecha se volvió enfermiza, y se recluyó por completo dentro de sí mismo. Ya para entonces tenía contacto con otros fanáticos de las teorías conspirativas contra la raza blanca, y su comportamiento era cada vez menos humano, más robótico. Fue así como pasó los últimos días antes del atentado, recluido sin hablar con nadie y sin salir en un motel de mala muerte. Cuando le apresaron, su mentalidad había adquirido tal fanatismo contra el mismo gobierno norteamericano al que había deseado servir de por vida, que sólo ha querido responder a los interrogatorios como un prisionero de guerra: nombre, rango y fecha de nacimiento.-
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.