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| 12/11/1989 12:00:00 AM

RAICES

Dinkins en Nueva York y Wilder en Virginia, biznietos de esclavos, confirman el surgimiento de los negros en la política norteamericana.

David Dinkins, de 62 años, es el nuevo alcalde de Nueva York. Douglas Wilder, de 58, el nuevo gobernador del estado de Virginia. Los dos son negros. Se trata, por partida doble, de la primera vez que un hombre de color, es decir, dos de color negro ocupan estas posiciones en un país que aún escandaliza al mundo con su negra y larga historia de discriminación racial.
En Virginia, un estado cuya población es 82% blanca,el 49% de los electores blancos votó por Douglas Wilder, así como el 94% de los negros. Dinkins obtuvo un sonoro y apretado triunfo en la capital del mundo, que tiene un 75% de habitantes blancos.La tercera parte de estos votó por él,lo mismo que un 40% de la comunidad judía.
Se dice que Dinkins y Wilder vencieron a sus oponentes blancos por que, en síntesis, ambos defendieron el aborto, apelaron más a los sentimientos colectivos de comunidad que a los raciales y mostraron excelentes hojas de vida. Dinkins, como eficiente funcionario en distintas posiciones claves que ahora va a supervisar, y Wilder, como hábil senador de Virginia durante 16 años, más 4 como secretario de la misma gobernación que hoy asume.
Dinkins y Wilder son negros y también demócratas, como los otros 23 negros que ocupan el Congreso de Estados Unidos, como la mayoría de los otros 435 negros que ejercen como legisladores en distintos estados de la Unión, como los otros 310 negros que ocupan otras tantas alcaldías en todo el territorio norteamericano. También demócratas, también negros y también elegidos alcaldes la misma noche que Dinkins y Wilder, resultaron John Daniels, de New Haven Connecticut, y Chester Jenkins, de Durham, en Carolina del Norte.
El triunfo de Dinkins y Wilder, según los observadores, es igualmente una cuenta de cobro al Partido Republicano,que ha apelado siempre; las grandes urgencias de las minoría pero ha hecho muy poco en cuanto; reclutar individuos de las mismas para lanzarlos como sus candidatos.
Antes que Nueva York, grandes urbes norteamericanas -Los Angeles Philadelphia, Detroit, Nueva Orleans, Baltimore, Washington, Cleveland y Atlanta- han tenido alcalde negros. Douglas Wilder sienta, en cambio, un precedente nacional con primer gobernador negro en Estado Unidos.
"Está cerca el día en que la raza no será ya más un tema político.Entonces habremos construido un mejor país", dijo Ron Brown, actual presidente del Comité Democrático Nacional y también primer negro en ocupar ese puesto.
Otro alcalde negro, el de Nueva Orleans, Sidney Barthelemy, expresó a su turno que estas elecciones habían dejado un mensaje claro a los políticos de color, que "ahora serán juzgados por sus habilidades y no por el color de la piel".
En capilla hacia las consagración política se encuentran otros dos negros prominentes norteamericanos: Andrew Young, quien fuera alcalde de Atlanta y aspira ahora a la gobernación de Georgia, y Roland Burris, el actual contralor de Illinois, que quiere ser también procurador general del mismo estado.
Dinkins y Wilder serán estrellas de inmediato. Dinkins remplazará al enloquecedor Edward Koch en sus declaraciones sobre los pobres del Bronx, el transporte masivo y el SIDA,mientras Wilder se convertirá,ipso facto, tan pronto se siente en su nueva silla de gobernador, en un candidato potencial a la vicepresidencia de Estados Unidos.
Para Jesse Jackson, el más conocido de los políticos negros norteamericanos, "no hay ningún choque de intereses entre Wilder y yo. Nuestros trabajos son distintos. El es un gobernador, mientras yo estoy construyendo un movimiento nacional. El no se ha convertido en mi rival".
Bien, el tiempo lo dirá. No obstante,y por el mamento,un analista político, William Schneider, afirma que la clave del reciente triunfo de Dinkins y de Wilder había estado en su forma de trabajar, siempre dentro de los códigos de comportamiento político que tiene el sistema, que contrasta con el belicoso de Jackson, hasta hoy incapaz de ejercer la atracción más mínima sobre las mayorías blancas, que lo han sentido siempre como una amenaza.
Algunos dicen que, como Jackson intenta ser de nuevo candidato presidencial en 1992, lo más probable es que se lance antes, en el 90, para la alcaldía de Washington (hoy ocupada por el también controvertido hombre de color Marion Barry).
Según algunos líderes negros, el camino de las negritudes norteamericanas apenas empieza. Todavía falta alcanzar un número de políticos negros que represente la proporción de esta raza en relación con la población nacional. Y no sólo eso. Ahora los negros tendrán que demostrar sus virtudes en el manejo de la cosa política que tanto blancos como negros les acaban de entregar.
Por lo pronto, Dinkins encuentra una capital mundial con un déficit de 500 millones de dólares, crisis en el sistema educativo, creciente violencia por las drogas y una epidemia incontrolable de SIDA. Wilder deberá, por su parte, impulsar el desarrollo económico de su estado, reducir el gasto público, subir o no los impuestos, encontrar la manera de resolver el problema del transporte masivo en los suburbios de Washington, darle más trabajo a los negros y, sobre todo, calmar las grandes tensiones raciales que aún sobreviven en su estado. Por fortuna, para él como para Dinkins, el futuro parece mejorar, por lo negro.
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