Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 8/10/1987 12:00:00 AM

RAMBO CONTRAATACA

El coronel North se vuelve un heroe y compromete indirectamente a Reagan

"Voy a contarles lo bueno, lo malo y lo feo". Afirmó el coronel North haciendo alusión a una película de Clint Eastwood, antes de comenzar su drámatico testimonio bajo juramento ante la Comisión del Congreso encargada de investigar el "affaire Iran-contras".
Con cara de boy scout, impecablemente uniformado, y con seis filas de condecoraciones en su pecho, el coronel de 43 años concentró la atención nacional de Estados Unidos durante toda la semana. De su testimonio dependía el esclarecimiento del papel de Reagan en la desviación de recursos de la venta de armas a Irán hacia los contras nicaraguenses. El Presidente siempre ha negado su conocimiento de esta transferencia de recursos, y todos los observadores políticos están de acuerdo en que, de demostrarse lo contrario, su permanencia en la Casa Blanca es cuestionable.
Como era de esperarse, North no iba a hacer el papel de Judas con su jefe. Reagan lo había llamado "héroe nacional" el día de su destitución de su cargo en el Consejo Nacional de Seguridad y la afinidad ideológica entre ambos, acompañada de una relación padre-hijo, dejaba la impresión de que ese sentimiento era recíproco. Sin embargo, si no le dio el puntillazo final a la credibilidad del Presidente, tampoco logró despejar las dudas que asaltan a la opinión pública estadounidense. North afirmó que nunca había hablado directamente con el Presidente sobre el asunto, pero que "siempre asumió que éste estaba enterado". Señaló también que le había enviado a través de su jefe inmediato, el almirante Poindexter más de cinco memorandos en que le informaba sobre los detalles de la operación. Más grave aún, contradijo los testimonios de casi todos los funcionarios públicos que habían declarado hasta la fecha y manifestado su ignorancia sobre el affaire. La mayo parte del agua sucia le cayó a un muerto, William Casey, ex director de la CIA, quien fue, según North, el cerebro y el motor de toda la operación. "Estaba muy entusiasta" dijo el coronel refiriéndose a Casey. La idea original había sido del intermediario iraní Manucher Gorbanifar, que se la sugirió a North, el que a su turno se la transmitió a Casey antes que a cualquier otra persona. Casey, al aprobarla inmediatamente, la llamó "la máxima ironía". De ahí en adelante, según el testimonio, el fallecido director de la CIA se adueñó con cuerpo y alma del proyecto y fue quien dio las instrucciones de abrir todas las cuentas bancarias secretas que fueron utilizadas en la operación.
Como dato adicional, indicó que él y Casey habían discutido que si algo pasaba, North debería aceptar el papel de "chivo expiatorio", lo cual el coronel aceptó en ese momento como una fórmula lógica para exonerar a la administración Reagan. Sin embargo, señaló que cuando vio en los periódicos que se estaba hablando de una investigación criminal, dejó de parecerle tan sencillo el papel que se le había asignado y decidió más bien contar toda la verdad.
A pesar de que Casey estaba muerto y era muy fácil echarle a él la cúlpa de todo, muy pocos dudaron sobre la credibilidad de las afirmaciones de North. El fallecido director de la CIA era un viejo zorro que había dirigido las operaciones de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial y a quien sus colaboradores atribuían una especial predilección por las operaciones encubiertas. Que un veterano de semejante calibre fuera totalmente ajeno a la más grarlde operación encubierta de los últimos tiempos, desafiaba la inteligencia. Lo grave, sin embargo, no era que Casey hubiera mentido sino que éste además de ser director de la CIA era considerado uno de los mejores amigos personales de Reagan. Esta circunstancia hacia aún más inverosímil que él, habiéndose fascinado con la idea, nunca se la hubiera comentado al Presidente.
El otro gran amigo de toda la vida de Reagan es Edwin Meese, procurador general de Estados Unidos. North también contradijo su testimonio al afirmar que Meese había participado en una reunión con Casey en la cual se acordó falsificar el itinerario del envío de armas para dar la impresión de que nadie en el gobierno sabía de este.
Como si fuera poco un procurador general y un jefe de la CIA conspirando para falsificar unas declaraciones ante el Congreso, North incluyó a George Schultz, el secretario de Estado y al subalterno de éste, Elliot Abrams, secretario asistente para asuntos interamericanos, en la lista de funcionarios de alto rango que estaban divinamente enterados de todo el enredo.
De Abrams ya se sabía que había mentido puesto que el propio embajador en Costa Rica Lewis Tambs había declarado que recibía sus órdenes directamente de éste en las operaciones de ayuda a los contras, pero el ingreso de Schultz a la lista negra, fue sorprendente. Era hasta el momento el hombre con más credibilidad en la cúpula y el caso Irán-contras se había presentado hasta entonces como una iniciativa del Consejo Nacional de Seguridad sin el conocimiento del Departamento de Estado.
Que todas estas personas estuvieran enteradas a espaldas de Reagan equivaldría a decir que Gustavo Vasco, Germán Montoya y César Gaviria estuvieran negociando a través de Carlos Ossa durante dos años la rendición de las FARC sin que Barco tuviera idea. Por lo tanto, a pesar de la lealtad de North con Reagan al no vincularlo directamente, después de involucrar a todo el grupo de sus íntimos amigos, el coronel estaba haciendo subir la marea.
Todo significa que el único torpedo que puede hundir la presidencia de Reagan son las declaraciones del almirante John M. Poindexter, ex asesor nacional de Seguridad y quien es el siguiente testigo ante el Congreso. Poindexter es el intermediario entre Reagan y North en todo lo relacionado con la controvertida desviación de recursos hacia los contras y North ya informó que "nunca hice absolutamente nada sin la autorización de mis superiores", con lo cual se refirió principalmente a Poindexter. Esto significa que el futuro político de Ronald Reagan está en manos del almirante, último eslabón entre el Presidente y la cadena de irregularidades.
Poindexter, a diferencia de North, no es un idólatra del presidente Reagan en la actualidad. Ha dejado filtrar a la prensa que le parece indignante que la mayoría de los protagonistas se hayan lavado las manos dejándolo a él y a North colgados de la brocha.
Este resentimiento es el que crea una gran expectativa ante su aparición la semana entrante en el Congreso. Dada la vehemencia con que Reagan ha negado su conocimiento sobre la desviación del dinero de la venta de armas a Irán hacia los contras de Nicaragua, no se necesita sino que Poindexter declare que había tratado especificamente estos temas con Reagan para que el Presidente de Estados Unidos tenga que renunciar. A Reagan se le han probado muchas contradicciones e inclusive pequeñas mentiras en este asunto. Por ejemplo, había negado haberle pedido contribución económica al rey de Arabia Saudita y tanto el antecesor de Poindexter, Robert McFarlane, como el propio monarca, contradijeron su versión. También manifestó que recibía adinerados contribuyentes a la causa de los contras en su oficina, traídos por North, pero aclarando que creía que las contribuciones estaban destinadas solamente a financiar campañas de televisión. Al respecto, North ante el Congreso, declaró que el Presidente sabía perfectamente que los dineros estaban destinados a mantener vivo el movimiento insurgente en Nicaragua y no a campañitas de televisión en Estados Unidos.
Pero todos estos son pecados veniales que se pueden atribuir al patriotismo o a la mala memoria del Presidente. La Casa Blanca, la prensa y la opinión pública en general han llegado a un consenso tácito de que Reagan sólo puede caerse cuando le demuestren que mintió en el punto que él mismo escogió para jugarse toda su credibilidad. Concretamente, que nunca le dijeron que las utilidades obtenidas en la venta de cohetes al Ayatollah Khomeini fueron a parar en manos de los contras nicaraguenses burlando el espíritu e inclusive la letra de la Enmienda Boland, una ley aprobada por el Congreso que prohíbe la ayuda "directa o indirecta, militar o paramilitar" del gobierno de Estados Unidos para la insurgencia nicaraguense.
En consecuencia, la responsabilidad histórica de Poindexter es escalofriante. Su testimonio es el único que puede sacar a Reagan de la Casa Blanca, ya que todos los otros que podían hacerlo, Casey, Meese, Schultz etc., o murieron, o son sus íntimos amigos, o ya rindieron testimonio absolutorio a favor de su jefe.

Fuera de pasar la pelota hacia arriba, North, quien llegó bastante desprestigiado a rendir una especie de indagatoria, había quedado como un héroe al final de la semana. Su popularidad se hizo evidente cuando sus apariciones televisadas en el Congreso desplazaron la sintonía de las populares telenovelas que competían a esa misma hora. El coronel resultó un patriota fanático como todo el mundo esperaba pero además un astuto comunicador. Interrogado sobre si había sido el responsable de financiar la contra, no sólo manifestó que se sentía muy orgulloso de haberlo hecho, si no que regañó al Congreso y a la burocracia por no haber entendido la gravedad de tener una cabeza de puente soviética "en nuestras propias barbas". A la pregunta de por qué le había mentido al Congreso en ocasiones anteriores al respecto, la respuesta fue que las operaciones encubiertas no son como su propio nombre lo indica, para contarlas sino para ocultarlas. Alegó que del mantenimiento secreto de las mismas dependían las vidas de los agentes involucrados en ellas, las buenas relaciones con los aliados que las apoyaban y las posibilidades de éxito de las mismas. El espionaje para North era una realidad de la vida "y ninguna Comisión del Congreso podía hacer caso omiso de esa realidad". "Creo sinceramente que todo lo que hice estaba dentro de la ley".
Algo que podía estar dentro de la ley pero que no tenía muy buena presentación eran declaraciones de testigos anteriores, según las cuales North se había beneficiado económicamente de sus actividades patrióticas. Las acusaciones al respecto eran tres: que su socio en la compra de armas, Albert Hakim, había sacado US$200 mil del negocio para abrirle una cuenta al coronel para el caso de que muriera en la misión, como una especie de segurode vida; que había hecho gastos personales en llantas, comida e incluso en ropa de mujer con dineros provenientes de la venta de armas; y por último, que con recursos del mismo origen se habían hecho instalar un sistema de seguridad en su residencia cuyo costo eran US$16 mil. Más grave aún, que había falsificado dos facturas para ocultar este autorregalo. El único error que admitió North fue la falsificación de las facturas. Dijo que lo consideraba "el mayor error de criterio de toda mi vida". Defendió la instalación del sistema de seguridad, argumentando que su familia había sido objeto de amenazas por parte del famoso terrorista Abu Nidal, y que pidió protección, sin éxito, tanto al FBI como a la Casa Blanca antes de decidir financiarlo con los dineros de la operación Irán-contras. En cuanto a las llantas, los supermercados y las otras cosas financiadas con esos mismos recursos, indicó que podía probar que eran para reembolsarse tiquetes aéreos y otros gastos que habían puesto de su propio peculio en la operación. En cuanto al seguro de vida abierto por Hakim, manifestó no tener conocimiento del asunto, que fue según él simplemente una iniciativa de un amigo, que nunca se llevó a cabo y de la cual se enteró por los periódicos recientemente.
Un cargo que parecía gravísimo y que minimizó, fue la destrucción masiva de documentos sobre todo el affaire Irán-contras. Dentro de su teoría de que las operaciones encubiertas por su naturaleza tienen que ser secretas, la destrucción de los documentos que puedan hacerlas públicas no es más que una consecuencia lógica.
A pesar de que en varios puntos fue evasivo, la impresión general fue que el coronel North estaba diciendo básicamente la verdad. Sumando a este que se trataba de un héroe de Vietnam, de un marido fiel, de un padre inmejorable y del mejor vecino que cualquiera podría tener, el efecto sobre la opinión pública fue que North, sí había cometido algún exceso, era de patriotismo, y eso no es considerado muy grave en un país donde lo que más se vende hoy en día es Rambo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.