Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/09/15 00:00

REAGAN "PREFIERE VIVIR"

La nueva campaña antidroga del gobierno norteamericano es más verbal que práctica.

REAGAN "PREFIERE VIVIR"

Como parte de su batalla frontal contra la droga -que ha producido hasta ahora desde una mini invasión militar a Bolivia hasta un sentido slogan de la señora Reagan: Say no ("diga que no")-, el gobierno del presidente Ronald Reagan acaba de dar un paso sin precedentes: el propio Presidente, y su vicepresidente George Bush, se sometieron voluntariamente la semana pasada a un examen de orina ante el médico de la Casa Blanca para demostrarle que ellos no son consumidores de cocaína, ni de heroína, ni de marihuana. Otros 78 altos funcionarios de la administración recibieron ya la orden de someterse al mismo examen voluntario. Y ese es sólo el principio: al parecer, a la totalidad de los empleados federales de los Estados Unidos les será exigido hacer pipí en un frasco en presencia de testigos, en una campaña de imagen cuyo costo puede alcanzar cientos de millones de dólares.
Un comentarista del diario Washington Post, Richard Cohen, señala que para someterse al examen de orina Reagan y Bush necesitaron "considerablemente menos valor que para someterse a un test de inteligencia, aunque su entusiasmo por prestarse al primero indica cuáles hubieran sido los resultados del segundo". El irónico comentario es solamente un síntoma del escepticismo con que la prensa norteamericana ha recibido el anuncio de esta última "campaña frontal" contra la droga, que se presenta en un momento en que su consumo crece considerablemente en los Estados Unidos, y a la marihuana (segunda cosecha del país, después del maíz y antes del trigo), la cocaína (25 millones de usuarios habituales) y la heroína (primera causal de criminalidad de las grandes ciudades), ha venido a sumarse una oleada de adicción a un nuevo estupefaciente: el crack, derivado de la cocaína que en Colombia se conoce desde hacía varios años bajo el nombre de bazuco.
La campaña, en efecto, parece más un show publicitario que una decisión sería de combatir el consumo creciente de drogas en Estados Unidos. Al slogan de boy scout de la señora Reagan y al análisis urológico de su marido se han unido la totalidad de los dirigentes políticos del país, sin distinción de partido: 338 senadores y representantes firmaron una carta conjunta exigiendo a las programadoras de televisión que empiecen de inmediato una campaña "institucional" contra el uso de drogas. Las programadoras replicaron asombradas que hace seis meses que vienen haciéndola: el hecho de que los legisladores no lo supieran no es más que la refrendación de que su resultado ha sido nulo. Porque se trata, como señala el New York Times, de "una guerra de palabras". Hace apenas tres semanas, el asesor especial de Reagan para la lucha antidroga, el doctor Carlton Turner, advertía que no se aumentarán los recursos dedicados a combatir el problema porque eso es "botar al caño dinero federal". La Casa Blanca anunció que no habrá gastos adicionales del gobierno en programas de tratamiento de drogadictos (actualmente 230 millones de dólares al año), pero sí en represión del tráfico (actualmente, 1.800 millones). El presidente Reagan, sin embargo, contradice en una reciente entrevista a la revista Newsweek las medidas de su administración declarando enfáticamente que "no se trata de retórica". En seis días pronunció nada menos que seis discursos sobre el tema, anunciando que su gobierno quiere "golpear el corazón del monstruo (y que) el mundo debe saber que estamos hablando en serio".
El Congreso, por su parte, también ha tomado cartas en el asunto. La Cámara de Representantes acaba de producir un proyecto de ley que será presentado a votación el 10 de septiembre y que prevé gastos federales en represión del tráfico y tratamiento de drogadictos que suman dos mil millones de dólares al año. Desde ahora, sin embargo, se estima que el Presidente lo vetará, preocupado por el incontrolable crecimiento del déficit federal, que este año será de 154 mil millones de dólares (30 mil millones por sobre el límite impuesto por el propio Congreso). El gobierno, según ha anunciado, espera limitar los gastos a unos 250 millones de dólares al año, pues de lo contrario se vería obligado a recortar sus grandes proyectos de inversión armamentista.
Como ya se dijo, la prensa norteamericana es escéptica en cuanto a los resultados de la nueva batalla antidroga, que, según señala, "es la misma que todos los presidentes han perdido desde McKinley". Lo que de verdad hay tras la agitación son las elecciones de mitaca de este año cuando se pondrá en juego el control del Senado por los demócratas o los republicanos. El de la lucha contra la droga es lo que en la política norteamericana se llama un motherhood issue, es decir, un "tema señorero", sobre el cual nadie puede estar en desacuerdo, como el amor a los niños o el respeto a la bandera. Y todos, desde el Presidente hasta los congresistas, quieren sacarle a la batalla todo el jugo electoral posible predicando medidas espectaculares pero inocuas, como los tests de orina. Pero algunos analistas preven problemas al respecto, tanto en lo que toca a las libertades públicas como en lo económico: "El que no quiera orinar en una botella será considerado antiamericano", vaticina un experto. Y otro anuncia: "Dada la poca confiabilidad de los tests de orina, las demandas legales contra el gobierno por parte de funcionarios injustamente despedidos sumarán miles de millones de dólares".




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