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| 2/22/2014 1:00:00 AM

Cabezas de la prensa española decapitadas

En las últimas semanas los directores de los periódicos más influyentes de España fueron descabezados. ¿Qué hay detrás de esta movida? ¿Dificultades económicas, un reacomodo editorial más afín al poder, o ambos?

Desde hace unos meses, una amenazante guillotina se pasea por los corredores de los grandes diarios españoles. Sus víctimas no están entre los periodistas y trabajadores rasos, sino en las amplias oficinas de dirección. En diciembre pasado cayó José Antich, la cabeza de La Vanguardia de Barcelona desde hacía 13 años; a principios de febrero rodó la cabeza de Pedro J. Ramírez, el polémico director de El Mundo; y el martes pasado El País anunció que Javier Moreno dejaría de dirigir el diario. La epidemia fue letal, en tres meses reemplazaron los tres directores de los tres diarios más importantes del país, medios que no siempre siguieron la línea editorial sugerida por el gobierno de Mariano Rajoy, pero que también enfrentan una crítica situación financiera.

La pregunta del millón, que circulaba en las redes sociales con tono complotista, era: ¿hay una estrategia del palacio de la Moncloa para doblegar periódicos críticos aprovechando su difícil coyuntura económica? A Pedro J., como es conocido quien fundó y dirigió El Mundo durante 25 años, no le queda duda alguna. En su despedida, frente a una sala de redacción conmovida, dijo “maldito el día que hablé con Bárcenas. Aquí empieza el vía crucis, cuatro horas con Bárcenas. Maldita sea la suerte del día que a mí se me ocurrió ser reportero por una mañana”.

Pedro J. se refería a un artículo que él mismo escribió en julio pasado, después de reunirse con Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular (PP), en la que este aceptaba la existencia de una doble contabilidad y de una caja negra para financiar campañas y alimentar las cuentas de altos dirigentes del movimiento, entre los que estarían José María Aznar y el propio Rajoy. Pedro J. escribía además una columna combativa, que no dudaba en atacar de frente al presidente español.

En el caso de La Vanguardia, como le dijo a SEMANA el periodista español Gumersindo Lafuente, quien trabajó en El Mundo y El País, “siempre ha sido un medio conservador y su situación se complicó por el debate sobre la consulta en torno a una posible independencia de Cataluña”. Cuando el fervor nacionalista se tomó la región, el hoy exdirector Antich se volvió el portavoz de esa apuesta. Fue un mal cálculo político, pues los sueños soberanista sufrieron golpes electorales y se debilitó la posición del periódico. En ese momento, según varios artículos, el dueño de La Vanguardia, el conde Javier Godó, quien ostenta el título de Grande de España, recibió una advertencia del rey Juan Carlos. Prefirió dar marcha atrás y sacar a Antich.

En El País el cambio también se hizo en medio del escándalo. Hace dos semanas, parte de la redacción recibió un extraño correo electrónico de Antonio Caño, el corresponsal en Washington, que en realidad iba dirigido a Juan Luis Cebrián, presidente del grupo Prisa, dueño de El País. En el mensaje Caño le sugería cambios y criticaba a su director y a algunos colegas. El tono del mail dejaba claro que Javier Moreno estaba bajo amenaza y un par de días después se confirmó su reemplazo. Desde ya algunos dicen que Caño es cercano al PP, conservador y representa el ala derechista del diario. Sin embargo, con la crisis económica, la posición de Moreno no era la mejor y la mayoría de los periodistas se oponían a su gestión luego de que despidió a 129 trabajadores en 2012.

Desde 2007, cuando empezó la crisis española, los ingresos publicitarios de los periódicos han caído un 65 por ciento. El País, que vendía hace un lustro 435.083 ejemplares, ya no imprime más de 292.226. En 2013 la editora de El Mundo perdió 176 millones de euros. Y el beneficio del Grupo Godó cayó un 67 por ciento en 2012. La situación es desesperada.

Por eso, a pesar de los escándalos que cercan a Rajoy y a la monarquía, estos medios necesitan de todos modos cambios profundos para enderezar la situación. Lo preocupante es justamente eso. Como dijo Lafuente, “en la debilidad económica de estos tres periódicos y, en realidad, de todos los demás, radica el verdadero problema. Tener independencia sin utilidades es una quimera”.
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