Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2013/02/02 10:00

Reforma migratoria: ahora o nunca

Aunque todo está alineado para que salgan del limbo más de 11 millones de indocumentados, el camino de la reforma promete ser largo y complicado.

En los últimos años se han multiplicado los grupos de militantes que piden soluciones para los 11 millones de indocumentados. Para muchos, después de décadas de trabajo, estudio y vida, Estados Unidos es su hogar. Foto: AFP

Hasta hace unos años, West Liberty era un pueblo cualquiera, perdido en Iowa, con sus antejardines, su equipo de fútbol americano y su main street. A partir de los años ochenta decenas de familias mexicanas, centroamericanas o puertorriqueñas se instalaron poco a poco en el poblado. West Liberty tiene ahora taquería, locutorio y cientos de trabajadores que impulsaron sus industrias, reactivaron su comercio y revivieron la comunidad. Hoy el 52 por ciento de West Liberty es de origen latino.

El pueblo, como gran parte de Estados Unidos, vivió una revolución silenciosa, un dramático cambio demográfico alimentado por una inmigración masiva, legal e ilegal. En el país hay 40 millones de extranjeros, entre ellos 11 millones de indocumentados, un récord histórico. Pero el sistema migratorio, anticuado, lento, caro e inhumano, nunca logró responder a esa realidad. 

La semana pasada Washington empezó a moverse hacia una reforma integral migratoria. Aunque todo está dado para llegar a una solución, el camino va a ser largo y puede estar lleno de decepciones. Abrieron la discusión los senadores demócratas Chuck Schumer, Bob Menendez y Dick Durbin junto a los republicanos John McCain, Marco Rubio y Lindsey Graham. Propusieron que los indocumentados pudieran acceder a un estatuto legal después de pagar impuestos y una multa, pero bajo la condición de que las fronteras sean seguras. Este acuerdo entre los dos partidos es un paso importante, pues los republicanos habían sido el principal obstáculo para cualquier cambio. Hace solo unos meses el partido apoyó la candidatura de Mitt Romney que dijo que la solución a la inmigración ilegal era la “autodeportación”.

Menos de 24 horas después, el presidente Barack Obama hizo su propuesta en Las Vegas (ver recuadro). Frente a cientos de estudiantes hispanos que coreaban en español “sí se puede”, dijo que “este es el momento” y que “hay una camino hacia la ciudadanía”. Su discurso era muy esperado, pues reformar el estatuto migratorio es una de sus grandes promesas. Y como le dijo a SEMANA Eileen Truax, periodista mexicana radicada en Los Ángeles y autora de Dreamers, la lucha de una generación por su sueño americano, “Obama fue elegido por una coalición de minorías. Por él votaron el 71 por ciento de los latinos, el 93 por ciento de los afroamericanos, el 73 por ciento de los asiáticos y solo el 39 por ciento de los anglosajones. Y son estas minorías las que se van a beneficiar con la reforma”. 

Y es que la reforma es una obligación para ajustar el país a la realidad. Según la revista Foreign Policy 80 millones de estadounidenses están a punto de pensionarse y el país necesita mano de obra para funcionar. Además, según un estudio del Center for American Progress, la reforma podría dejarle al país 1,5 billones de dólares en diez años, pues estimularía la producción, el consumo, la creación de nuevas empresas y más empleos. Para rematar, el sistema actual es un hueco financiero. El presupuesto para la vigilancia fronteriza es de 18.000 millones de dólares anuales, deportar a una persona cuesta 12.500 dólares y construir el muro de separación en la frontera con México vale 21 millones de dólares por milla.

La situación de la mayoría de indocumentados dista del cliché que se ha creado. En realidad muchos tienen padres, hermanos e incluso hijos ciudadanos. Además, según el Pew Hispanic Center, el 60 por ciento lleva por lo menos diez años en Estados Unidos. El caso más absurdo es el de los llamados dreamers, cerca de 1,4 millones de jóvenes que llegaron a Estados Unidos antes de cumplir 16 años y se criaron como cualquier norteamericano. Su único hogar es Estados Unidos, pero hasta hace unos meses los podían deportar en cualquier momento. 

Además, como quedó demostrado en las elecciones presidenciales de 2008 y de 2012, el voto de los latinos fue decisivo. El Pew Hispanic Center calcula que cada año 800.000 latinos cumplen 18 años y pueden votar. Los republicanos lo saben y les va a quedar cada vez más difícil volver a la Casa Blanca si no los conquistan. Como dijo el veterano McCain la semana pasada, “las elecciones nos hicieron cambiar. El Partido Republicano está perdiendo el apoyo de los hispanos. Estamos de acuerdo en muchas cosas, pero hay una cuestión que tiene que resolverse”.

Muchos republicanos creen que los latinos son sus aliados naturales, pues para ellos la familia, la religión y el progreso personal son claves. Como le explicó hace unos meses a SEMANA el senador Marco Rubio, uno de los ponentes de la reforma, “el voto hispano lo que tiene es el deseo de mejorar. Es el voto del sueño norteamericano. El Partido Republicano ofrece eso a través de la libre empresa”.

Por todo eso, muchos piensan que, como nunca antes, los astros están alineados para que esta reforma cobre vida. Pero es claro que, como escribió el diario The New York Times, “las propuestas no son para nada específicas y dejan espacio para grandes decepciones”. La precondición de que la frontera tiene que ser segura para que se apruebe la reforma puede dilatarla ad eternum. Para Truax, “la reforma establece una residencia temporal a cambio de ciertos requisitos, pero no los hace residentes permanentes y no les da garantías para el futuro hasta que se considere que la frontera sea segura. Es una ambigüedad terrible, que convierte en habitantes de segunda clase a 11 millones de personas que van a depender de qué tan bien haga el gobierno su trabajo”.

Otro punto estipula que los indocumentados tienen que hacer la fila por una Green Card (residencia permanente) como todos los que quieren vivir en Estados Unidos. Se calcula que ese trámite se demora entre seis meses y varios años. Eso sin hablar de la batalla política que le espera a la reforma en el Senado y sobre todo en la Cámara de Representantes, dominada por los republicanos, donde todo se puede dilatar aún más. 

Para Neidi Domínguez, una joven activista de Dream Team LA que habló con Eileen Truax, “el presidente menciona que tendremos que recorrer un camino durante un lapso indefinido, que puede ser de cinco o 50 años, para ganar la ciudadanía; pero nuestros padres han dado décadas de trabajo en este país y han contribuido a su economía, nosotros crecimos aquí. No somos criminales. Creo que merecemos una oportunidad de ser parte de este país”. Pues más allá de cifras, leyes o discursos de la reforma dependen 11 millones de vidas. Y si Estados Unidos pretende seguir dando lecciones de libertad y democracia, las cosas tienen que cambiar.

Los pasos para ser legales

La Casa Blanca propone una transformación integral que combina la zanahoria y el garrote: nuevos derechos pero más control. Estos son los criterios para acceder al nuevo estatus legal provisional:

  • No tener antecedentes penales y pasar los controles de seguridad nacional.
  • Pagar impuestos y multas.
  • Hablar inglés y aprender educación cívica.
  • Aplicar a una Green Card (tarjeta de residencia permanente). Los que llegaron a Estados Unidos siendo menores de edad podrán aplicar a este estatus. 
  • Enlistarse en el Ejército o estudiar en una universidad facilitará su acceso a la ciudadanía.

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