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| 8/1/1994 12:00:00 AM

REGRESO A CASA

La llegada de Yasser Arafat a la franja de Gaza es un paso controvertido hacia la paz en el área.

HACIA MAS DE 20 AÑOS QUE el líder más reconocido mundialmente de los palestinos no visitaba la región. Por eso la expectativa era enorme. Por fin, ese hombre del uniforme militar y el kaffiyeh en la cabeza se arrodilló, besó el suelo, y con lágrimas tras orar, prometió a miles de sus conciudadanos palestinos visitar a la ciudad sagrada de Jerusalén. "Desde Gaza iremos a Hebrón, a Nablus, a Tulkarm, a Beit Salla y Beit Sahur, y, finalmente, a Jerusalén, como prometimos a los mártires", dijo en su dicurso, en medio de las aclamaciones.
Esas frases demostraron que el Yasser Arafat, presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) insiste en tocar el tema de Jerusalén, uno de los puntos más difíciles del acuerdo de paz con Israel en un pacto secreto firmado en Noruega, ratificado en septiembre pasado en Washington y negociado durante meses en Egipto. Y, sobre todo, las palabras de Arafat pusieron en claro que su prioridad está más en aplacar a las facciones palestinas que le son adversas, que a la opinión pública israelí.
Al fin y al cabo, no todos los palestinos estaban tan contentos con su visita. Los grupos fundamentalistas, como Hamas, no aceptan el acuerdo que permitió entregar la autonomía a los territorios ocupados, y que ha convertido en policías a antiguos combatientes de la OLP. El máximo dirigente del extremista Frente Popular para la Liberación de Palomina en Gaza, Rabah Mohanna, dijo que "no estamos contra la paz, pero creemos que el acuerdo Gaza-Jericó traerá mayores problemas". Aludía así al hecho de que el área autónoma negociada, el pueblo cisjordano de Jericó y la mayor parte de la franja de Gaza, es insuficiente para muchos palestinos que quieren regresar a sus sitios de origen en Israel o al menos aspirarían a la liberación total de los territorios ocupados en la guerra de 1967.
Al menos por ahora las celebraciones populares parecen tener a raya a los extremistas palestinos, pero eso no sucede con los derechistas de Israel, para quienes Arafat es un terrorista que debería ser juzgado por sus atentados. De ahí que declaraciones como la de su llegada (que parece corresponder por otra parte, a un acuerdo secreto con el gobierno israelí para rezar en la mezquita jerosolimitana de Al Aksa) tengan una gran capacidad para disociar un proceso que se caracteriza por su fragilidad. -
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