Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 1992/09/07 00:00

Regreso sin gloria

El juicio a Erich Honnecker, último jefe de la RDA, podría ser una piedra en el zapato para Alemania.

Regreso sin gloria

DESDE LA FUGA DE PABLO Escobar, el preso más famoso del mundo es Erich Honnecker, quien durante muchos años fuera jefe de Estado de la República Democrática Alemana. Honnecker es acusado por la muerte de unas 350 personas que intentaron escapar de la RDA, ya que fue él quien ordenó a los guardas fronterizos disparar para evitar la fuga, y quien dispuso la instalación de minas en la llamada "franja de la muerte". Los cargos se refieren también a la utilización indebida de unos nueve millones de dólares para la construcción de un complejo vacacional para los jerarcas de la RDA.
Tras una larga batalla legal, el viejo dirigente fue trasladado a Berlín desde la embajada chilena en Moscú, donde estaba en calidad de "huésped". Pero no todo parece tan claro.
Después de la Segunda Guerra Mundial, Honnecker se convirtió en uno de los fundadores de la República Democrática, creada con el modelo comunista bajo la ocupación de la Unión Soviética. Fue el encargado de construir el Muro de Berlín y en 1971 llegó al poder cuando Walter Ulbricht fue depuesto por su avanzada edad. Pronto demostró que no era menos totalitario que su antecesor. Su impopularidad fue creciendo hasta que el 18 de octubre de 1989, para prevenir la caída del comunismo, el Politburó le quitó su apoyo. Era demasiado tarde, porque sólo tres semanas después cayó el Muro de Berlín y pasado un año, en los términos de la unificación con la República Federal, la República Democrática Alemana dejó de existir.
Para evitar su arresto, el ex líder se refugió en un hospital militar soviético antes de escapar, el 13 de marzo de 1991 hacia Moscú. Pero ante la inminencia de la caída de Mijail Gorbachov se vio obligado en diciembre de 1991 a pedir asilo en la embajada de Chile donde fue recibido por su amigo y protegido Clodomiro Almeyda. Su idea era viajar a Chile a pasar sus últimos días con su hija, casada con un chileno que se refugió en su país durante la represión anticomunista de Augusto Pinochet. Pero los alemanes y los nuevos dirigentes de Rusia presionaron al gobierno chileno de Patricio Aylwin, quien decidió reemplazar a Almeyda en la embajada y retirar a Honnecker su condición de "huésped".
Ahora los analistas piensan que su juicio podría ser más complicado de lo que parece. No se trata solamente de la dificultad en probar la responsabilidad directa en las muertes. El abogado de Honnecker, Friedrich Wolf, sostiene que el proceso será eminentemente político, por fundarse más en el concepto de venganza que en el de justicia. Según él, basado en una autoridad que percibía como legítima, Honnecker expidió unas órdenes destinadas a preservar la integridad de un Estado de legalidad indiscutible.
Por otro lado, en el lado oriental la población vivió muchos años con el régimen comunista, y la mitad de la gente espiaba a la otra mitad, en seguimiento de las órdenes de la policía secreta de Honnecker, la STASI. O sea que pocos en el lado oriental podrían lanzar la primera piedra.
Pero además, los defensores piensan que si el propio Helmut Kohl se reunió con Honnecker, era porque se consideraban legales los actos de su dirigencia. Todos esos conceptos se entremezclan con la idea, prevalente en casi todas las legislaciones del mundo, de que un acto no puede ser delito si no estaba configurado como tal en un estatuto preexistente.
Ninguno de esos aspectos parece conveniente en un momento en el que los alemanes orientales se sienten relegados a una condición de inferioridad, y muchos parecen sentir nostalgia por su pasado. Para muchos, Honnecker no tiene sobre sí mayores crímenes que otros dirigentes, comunistas o no, pero tiene en su contra haber creído en un sistema que no resultó viable. En su defensa se advierte además que el anciano no tiene casa propia ni bienes personales algunos, lo que resultaría extraño en un dirigente occidental. Honnecker jamás abjuró de sus creencias comunistas, y eso podría ser, con la perspectiva de la historia, su crimen principal.

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