Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/12/09 00:00

REGRESO A LAS URNAS

Los democristianos ganan primera batalla en el proceso de retorno a un gobierno Civil

REGRESO A LAS URNAS

Las elecciones en Guatemala respetaron todas las previsiones de los observadores: se impuso el abogado demócrata cristiano Vinicio Cerezo Arévalo, con el 39 por ciento de los sufragios. Ningún candidato alcanzó el 50 por ciento de los votos más uno, que suprime la segunda vuelta y por lo tanto habrá "ballotage" el 8 de diciembre próximo, y hubo un alto porcentaje de abstención y votos en blanco.
Es altamente improbable que el postulante que consiguió el segundo lugar, el neoliberal Jorge Carpio Nicolle, de la Unión de Centro Nacional (UCN) desista de ir a la nueva confrontación electoral.
Carpio, empresario periodístico y líder de la coalición de centroderecha, sacó casi el 21 por ciento de los votos válidos, pero ha dicho que no renunciará a la segunda vuelta electoral a menos que Vinicio otorgue a la UCN "la mitad" del futuro gobierno. Sobre un total de dos millones 753 mil empadronados, votaron un millón 285 mil guatemaltecos y una parte ponderable de estos sufragios fueron en blanco o anulados.
La suma de quienes no votaron o lo hicieron en blanco, alcanza el 37 por ciento del padrón. Es decir que la Democracia Cristiana obtuvo un 25 por ciento real y la UCN un 12 por ciento.
Tampoco hubo, si se espera que haya, sobresaltos por el lado de las Fuerzas Armadas, que han venido gobernando en forma directa o indirecta a Guatemala desde hace 31 años, desde que derrocaron al gobierno constitucional de Jacobo Arbenz, con el apoyo militar de Estados Unidos.
El actual presidente, general Oscar Mejía Víctores, ha reiterado que el próximo 14 de enero entregará los atributos presidenciales al nuevo Mandatario civil y se retirará del Ejército.
Pero no se trata solamente de declaraciones: Mejía Víctores ha depurado los mandos castrenses de aquellos elementos ultraderechistas que pudieran intentar un golpe.
Estas definiciones y medidas de una conducción militar que lleva tantos años en el poder no obedecen a una súbita vocación civilista: forman parte de un verdadero "plan de campaña militar", como lo señaló en octubre último la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información (Alasei), en un despacho emitido desde Guatemala que no fue desmentido por las autoridades.
El plan tuvo una primera fase el año pasado cuando se realizaron elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente y sus objetivos son muy claros: Retirar a las Fuerzas Armadas de un primer plano institucional que les ha producido un evidente desgaste.
Legitimar con los atributos formales de la democracia la represión contra las crecientes demandas populares y, sobre todo, las tareas de contrainsurgencia frente a una guerrilla que ha recuperado iniciativa táctica.
Superar un prolongado aislamiento internacional, derivado del salvajismo y la sevicia de un largo terrorismo aplicado desde la impunidad del Estado.
Obtener mayor ayuda económica y militar de Estados Unidos. Esta estrategia tiene varios promotores internos y externos. El Departamento de Estado es uno de ellos. En el plano interno sobresale un civil estrechamente ligado a los militares y a los sectores más lúcidos de la iniciativa privada: el actual canciller, Fernando Andrade.
Andrade ha sido un cerebro de la " apertura" política, al tiempo que propiciaba una politica exterior más cercana a México y Contadora.
El candidato triunfador, Vinicio Cerezo, ha señalado ya que su gobierno profundizará una "neutralidad activa" en la crisis centroamericana.
Pero el hecho de que pertenezca a la Democracia Cristiana, como el presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte, sugiere a muchos observadores la posibilidad de una coordinación entre ambos mandatarios.
El diseño trazado por EE.UU., los militares y los sectores más realistas del área empresarial, ha funcionado a la perfección hasta el momento, pero su verdadera prueba deberá afron tarla a partir de enero. Entonces, Vinicio Cerezo, primer civil que gobernará en 20 años, deberá enfrentarse a los graves y endémicos problemas del país; la cuestión de los derechos humanos y las consecuencias sociales de una crisis económica despiadada. --

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