Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/08/28 00:00

RELACIONES PELIGROSAS

El caso del espía Félix Bloch podría ser uno de los grandes misterios de la época.

RELACIONES PELIGROSAS

Félix S. Bloch tardó casi 30 años en ascender a un puesto importante,pero aún le faltaba cumplir su otra aspiración: salir del anonimato. Pero su sueño se cumplió de una forma poco usual: Bloch tiene hoy el dudoso honor de ser el funcionario diplomático de mayor rango que haya sido investigado por sospechas de ser un espía de la URSS,desde que terminó la Segunda Guerra Mundial.
La trascendencia del boquete abierto en las redes de espionaje de Estados Unidos es aún incierta. Hasta ahora, lo único que han podido hacer las autoridades es suspender a Bloch de su cargo actual en el Departamento de Estado y prohibirle salir del país. Pero la circunstancia misma de que los sabuesos del FBI no hayan podido encontrar hasta ahora pruebas suficientes para ponerlo trás las rejas, podría indicar que la infiltración soviética es más grande de lo que se creía.
Bloch nació en Viena en 1935 y su familia emigró a Estados Unidos siendo él muy pequeño. En 1958 ingresó al servicio diplomático, en el cual recorrió un rosario de puestos de segundo orden, que incluyeron un consulado en Venezuela y una temporada,en los años 70, como funcionario comercial en la recién creada embajada en Alemania Oriental.Se sospecha que desde esa época fue contactado por los soviéticos, pero esa es una suposición sin bases sólidas.
Lo cierto es que en 1983 Bloch llegó a un cargo secundario en la estratégica embajada en Viena y, en contraste con su lentitud anterior, allí ascendió rápidamente hasta llegar a ser el segundo de abordo en la representación diplomática, posición que ocupaba cuando fue trasladado a Washington en 1987.
El origen austriaco de Bloch y una buena disposición para las relaciones públicas hicieron que el diplomático se ganará el aprecio de varios funcionarios del gobierno austriaco,entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores, Alois Mock, quien había sido su compañero estudiantil. Por esta razón, hoy se sabe que Bloch fue uno de los mayores defensores del canciller Kurt Waldheim, cuando se suscitó el escándalo de la participación de este en la segunda guerra mundial, del lado de los nazis.
Eso, sin embargo, es sólo una arandela del asunto. Segun el FBI, Bloch usó su posición clave en una embajada tan importante como la de Viena para entorpecer los esfuerzos destinados a evitar la transferencia de tecnología estratégica hacia la Unión Soviética. Aún más, se piensa que los propios soviéticos le permitieron algunos triunfos diplomáticos que aceleraron su ascenso.
Uno de los puntos que están siendo examinados por los investigadores es que, precisamente en los años en que Bloch estuvo en la embajada en Viena, los soviéticos tuvieron la tendencia de usar esa capital como punto de contacto con sus espías en el mundo occidental. Eso se ha demostrado por el hecho de que John Walker, oficial de la Marina convicto por espionaje, viajó a Viena varias veces en la misma época, lo mismo que Ronald Pelton, antiguo agente de la CIA, que cumple hoy cadena perpetua por traición. Hoy parece claro que los agentes soviéticos sentían una gran confianza en usar a Viena, pues allí nadie menos que el segundo norteamericano en importancia estaba de su lado.
Las investigaciones avanzan como dando palos de ciego. Uno de los frentes que se están examinando con más atención es el escándalo de la embajada en Moscu entre 1986 y 1987. En esos años se descubrió que algunos marines permitieron el acceso a sectores vitales del edificio a agentes soviéticos que instalaron aparatos de escucha electrónica.Lo que las investigaciones están tratando de determinar es si fue el propio Bloch quien alertó a los soviéticos sobre la investigación, lo que les habría dado tiempo para retirar los aparatos y borrar cualquier evidencia.
Un esquema parecido se ha presentado en el caso de Bloch. Se ha revelado que el FBI logró interceptar una llamada telefónica en la que alguien, presumiblemente un agente soviético le dijo a Bloch que había "un virus en los alrededores y nosotros pensamos que usted está infectado". Esa llamada podría ser la clave de la inexistencia de pruebas documentales contra Bloch, quien habría ganado tiempo para destruir cualquier papel comprometedor. Pero, sobre todo, puso al Departamento de Estado a preguntar se si esa información ultrasecreta habría o no salido de un tercer espía infiltrado en el corazón de esa dependencia.
Por lo pronto, algunos observadores anotan que el Departamento de Estado ha puesto el caso en conocimiento de la opinión pública, aún sin tener pruebas suficientes, como una manera de ejercer presión sobre el sospechoso. Pero, como lo puso un funcionario, "este podría llegar a ser uno de los grandes misterios de nuestra época. A menos que Bloch resuelva hablar o desertar hacia la URSS y publicar sus memorias, tal vez nunca sepamos la verdadera extensión de sus actividades".

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