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| 2/11/2011 12:00:00 AM

Renunció Mubarak: ¿Qué viene?

El reto en Egipto no solo es consolidar un modelo de Estado que incluya todas las facciones, sino que responda a las demandas sociales. El camino es culebrero.

La pregunta en Egipto cambió. Dejó de ser ¿cuándo caerá Mubarak?, y pasó a ser ¿cuál es el régimen que vendrá?

Tras el levantamiento de los tunecinos que tumbaron al presidente Zine El Abidine Ben Alí y las violentas protestas registradas en Argelia, Jordania y otros países árabes, el pasado 25 de enero estalló un movimiento de egipcios descontentos con el régimen de Hosni Mubarak, de 82 años.

Este 11 de febrero pasará a la historia como el día en que el dictador se fue, pese a que sólo un día atrás había dicho que todavía no lo haría. Pero las protestas no cejaron en la Plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, y Mubarak tuvo que ceder el poder.

Uno de los temores reseñados en los últimos días era la posibilidad de que el Ejército egipcio, que hasta ahora había jugado un papel de mediador, se fracturara, y se produjera un cruento enfrentamiento.

Por esta razón, Carlos Alberto Patiño, director de la Oficina de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, adujo que el principal reto que tiene Egipto “es mantenerse unido y no entrar en una guerra civil”.

Aún no se sabe qué camino cogerá la revuelta. Los analistas internacionales coinciden en que no es seguro hacia qué sistema político transitará Egipto.

“La gran incertidumbre es a qué tipo de régimen pasará Egipto. Puede ser a la democratización, a la liberalización o a un régimen autocrático reencauchado”, dijo Andrés Molano, profesor de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario.

Por ahora, hay elecciones previstas para septiembre y el poder está en manos de una junta militar, en cabeza del vicepresidente, Omar Suleiman, quien será el encargado de facilitar la transición, según se comprometió.
 
El papel de Suleiman

Omar Suleiman es un veterano de guerra de 74 años, quien desde 1993 hasta el pasado 29 de enero, cuando fue nombrado vicepresidente, fue el director de la Central de Inteligencia Egipcia.

Su posición militar lo convierte en pieza clave en la transición al régimen democrático, pese a que sectores de oposición lo responsabilizan de la violación a derechos humanos y de ser aliado de Israel y Estados Unidos.

Suleiman, quien considera a Mubarak como “padre y líder de la nación”, en reiteradas ocasiones llamó a los manifestantes a volver a su casa y culpó de las protestas a la influencia extranjera.

Un perfil hecho por la cadena Al Jazeera en su versión on line destaca su importante papel como mediador en el conflicto entre palestinos e israelíes. Pero sus críticos han cuestionado sus motivaciones, pues han dicho que actúa “para sofocar el sentimiento popular de Egipto”.

Suleiman tiene el reto de facilitar la transición y cada paso que dé será determinante. Su legitimidad ante las Fuerzas Armadas de ese país, de las mejor equipadas del mundo, cuenta a su favor. No obstante, falta ver cómo devienen los acontecimientos para poder hacer un juicio sobre los resultados de su tarea.

“Por ahora hay una situación prerrevolucionaria. Se derrocó al faraón, pero no hay nada escrito”, dijo Molano. Incluso, no se descarta que con el paso del tiempo surja un vacío de poder que desemboque en un caos.

¿Llegará la democracia?

Egipto ya no será igual y el mundo árabe tampoco. Las revueltas amenazan con extenderse por otros países del Magreb y Medio Oriente en los que los regímenes monárquicos o dictatoriales todavía están vigentes. El malestar se ha extendido a Argelia, Yemen, Mauritania, Jordania, Siria e incluso a Arabia Saudí.

Sin embargo, el problema no es sólo el malestar con el régimen político. No hay que olvidar que las protestas surgieron por el descontento social, por la falta de empleo.

Molano explica que “en el fondo de las movilizaciones en el norte de África hay características estructurales por la transformación demográfica”. En su criterio, hay una nueva generación joven que no se identifica con la política tradicional, que no ha sido absorbida por el sistema económico, permeada por la globalización, más educada y descontenta.

Ahí arrancaron las protestas. Para Ricardo García Duarte, experto en asuntos internacionales y colaborador de Razónpública.com, fue “la masa actuante” la que se movilizó.

“En ella participaron universitarios, jóvenes, trabajadores; básicamente, es una movilización popular. Ahí se origina un cambio profundo y se abren enormes posibilidades. Incluso podría ser la transición a un régimen democrático de secularización avanzada, en un país de mayoría islámica”, dijo.

Para García, el hecho de que las protestas se hayan originado espontáneamente en sectores diversos de la sociedad egipcia es un indicio de que la vía será la democratización de ese país.

El analista destaca que la Hermandad Musulmana, el movimiento de oposición al régimen más antiguo, ortodoxo y organizado, haya participado activamente en la movilización, pero sin figurar, es un buen síntoma.

No obstante, hay quienes dudan de que ese sea el camino que tome la política egipcia, como lo señaló el profesor Patiño. En su criterio, la preeminencia del Islam seguirá jugando un papel determinante.

Los movimientos islámicos

La pregunta que se hacen varios politólogos occidentales es si es posible la coexistencia de un régimen democrático en una sociedad islámica.

Para los musulmanes la religión cunde todos los aspectos de la vida. Eso explica que haya sectores que quieran imponer la Sharia, la ley islámica a rajatabla. Y aunque Mubarak logró mantener un gobierno que separaba la política de la religión, en la vida cotidiana de los egipcios no existía tal separación.

En el proceso de transición jugarán un papel importante los movimientos islámicos, ya sean fundamentalistas o moderados. Para que el proceso sea exitoso esas facciones no pueden quedar por fuera.

En ese sentido, la Hermandad Musulmana, un movimiento transnacional que se mantuvo en oposición al régimen, jugará un papel preponderante. No tanto por su representación política, pues no es mayoría, sino por lo que representa.

Para el internacionalista Patiño, su fortaleza no se define en los términos políticos “occidentales”, es decir, bajo los criterios de organización política de un partido. “Sino porque manejan las escuelas, los orfanatos, los ancianatos, entre otras obras sociales”, explicó.

Esta hermandad, que tiene como lema “el Islam es la solución”, fue fundado en 1928 por el profesor Hassan al-Banna. Al respecto de su posición frente al fundamentalismo islámico las opiniones son diversas. Hay quienes aseguran que en sus orígenes fue un grupo conservador, pero “no violento”. Pero algunas de sus facciones se radicalizaron y enfrentaron al Estado con la violencia.

En Occidente, varios analistas coinciden en que los han satanizado, pues sus enseñanzas inspiraron la creación de grupos fundamentalistas como Hamas, de Palestina.

Sin embargo, en Egipto, la hermandad prefirió jugar un papel discreto. Se ubicó detrás de Mohamed el Baradei, un diplomático egipcio, premio Nobel de Paz, quien fue llamado a liderar las protestas.

La Hermandad se sometió a unos acuerdos básicos. Según Tariq Ramadan, profesor de Estudios Islámicos Contemporáneos en Oxford, “los líderes de los Hermanos Musulmanes han hecho ver que no es momento de destacarse y plantear exigencias políticas que pudieran asustar a Occidente, e incluso al propio pueblo egipcio. El lema es: Prudencia”.

Mohamed el Belthagi, un exparlamentario de la Hermandad, aseguró que para las elecciones de septiembre el movimiento no presentará un candidato. En una entrevista reciente con la Cadena Ser de España, indicó que “los Hermanos Musulmanes no queremos instalar un estado islámico, queremos un estado civil”. También sostuvo que no han recibido dinero de Hezbollah o de Hamas.

A pesar del perfil bajo que ha querido jugar, el movimiento es una de las organizaciones más respetadas y organizadas de la oposición. Por eso su participación será clave.

No obstante, como el mismo exparlamentario lo reconoció, esta fue una movilización popular. Los líderes del movimiento ya no representan las aspiraciones de los más jóvenes ávidos de verdaderas reformas y fascinados con el ejemplo de Turquía.

Cada país del Medio Oriente tiene su historia y en cada uno el Islam y los movimientos islámicos juegan un papel distinto. No se puede pensar que el futuro de Arabia Saudí, Siria y Jordania será el mismo.

Para el caso de Egipto, en el trasfondo están sus particularidades, los 30 años de dictadura, el papel de las Fuerzas Armadas y la espontaneidad de sus manifestantes. Su futuro depende de cómo juegue cada uno de esos factores.
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