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| 7/31/2000 12:00:00 AM

Resquebrajado

El suavizamiento del bloqueo a Cuba en el Congreso norteamericano podría iniciar el fin de esa política.

No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Y por más de 40 la piedra angular de la política norteamericana hacia Cuba ha sido el bloqueo económico de la isla. Congreso tras Congreso y presidente tras presidente han puesto su esperanza en que la prohibición de comerciar con ella resquebraje el régimen comunista y, sobre todo, saque por fin del poder al hombre que los ha lidiado con éxito durante todos estos años: Fidel Castro.

Pero a partir de las 2 a.m. del martes el cimiento de esa política comenzó a resquebrajarse. Después de un día de negociaciones varios miembros del Partido Republicano llegaron a un acuerdo que suavizaría el bloqueo. Según sus términos, los estadounidenses podrían vender alimentos y medicinas a la isla, algo que han tenido vedado todos estos años.

Aunque los defensores del bloqueo cantaron victoria por las restricciones que le colgaron al acuerdo, como la prohibición de que la isla acceda al crédito bancario norteamericano, para muchos analistas es el comienzo del fin de esa política. El acuerdo demuestra que dentro del partido de la línea dura comienza a verse el cambio de tono típico de los grandes virajes.

En un lado del ring estaba George Nethercutt, representante por el estado de Washington, que propuso abrir el mercado de la isla a los norteamericanos. En la otra esquina estaba Lincoln Díaz-Balart, representante por Florida de origen cubano, pariente político de Fidel Castro y uno de sus enemigos más acérrimos.

El arreglo es parte de un paquete que plantea suavizar las restricciones económicas a países como Libia e Iraq. Para aplacar a Díaz-Balart y su grupo los republicanos aceptaron la prohibición al crédito y una cláusula para evitar que el presidente Bill Clinton pudiera por decreto abrir el turismo a la isla, una opción que los cubano-norteamericanos de extrema derecha no quieren ni considerar.

“En realidad fue un buen negocio para (Nethercutt) a pesar de las circunstancias en que se encontraba”, dijo a SEMANA Joe García, director ejecutivo de la Fundación Cubano-Americana, la principal defensora del statu quo de la política hacia Cuba. “Aunque la Fundación no le da su bendición a este acuerdo, en realidad para nosotros fue una victoria por punta y punta”.

García argumenta que aunque parezca que se debilitó el embargo, ha ocurrido lo contrario porque en primer lugar se le arrebató a Clinton el derecho de abrirle la isla a los dólares de los turistas gringos, algo que la Fundación temía podría ocurrir en cualquier momento. Segundo, “porque para poder hacer compras, Cuba va a tener que pasar por la peripecia de buscar financiamiento en otro país si es que tiene con qué pagar”. Como prueba dijo que Castro inmediatamente criticó el acuerdo.

John Kavulich, un analista de comercio exterior especializado en Cuba, está de acuerdo en que todavía será difícil para los norteamericanos penetrar el mercado cubano. “Inmediatamente esto nada más tiene un valor simbólico pero a la larga esto es la hendija clave”, dijo Kavulich a SEMANA. “La falta de financiación puede ser problemática, pero nadie en sus cabales iba a esperar que el gobierno permitiera que entidades de aquí emitieran créditos. Para los cubanos a la larga será mucho más barato comprarle trigo a Estados Unidos que a Francia (que le provee el 90 por ciento del trigo a la isla) por los ahorros en transporte”.

Fuentes cercanas a las negociaciones dijeron que normalmente estos cambios se hubiesen esperado del partido demócrata y sus ideas liberales. Pero una serie de factores en el último año comenzó a crear un giro en el partido republicano, siendo los más sobresalientes la situación en la China y el caso del balserito Elián González. La apertura de la economía que ha estado gestándose en China y la decisión de Estados Unidos de normalizar las relaciones económicas con el gigante asiático (a pesar de su récord en derechos humanos) dejaron sin piso los argumentos contra Cuba.

Y con la lucha por Elián y la atención que acaparó fue imposible frenar el cambio. Por primera vez en dos décadas el resto del país fuera de Miami se percató que Cuba existía. Con el rechazo contra los exiliados que el caso generó y la nueva atención hacia la isla, comenzó una revaluación de la política hacia ésta. Congresistas como Nethercutt tuvieron la munición para convencer a sus electores que no sólo los cubanos como Bob Menéndez de Nueva Jersey y Díaz-Balart de la Florida podían manejar el tema.

“La imagen antigua de Cuba era la de un viejo barbado en traje militar gritando ante un micrófono”, dijo a SEMANA Tom McArthur, vocero de Nethercutt. “Ahora la imagen de Cuba es la de un niño de 6 años a quien no podíamos justificar quitarle el pan de cada día”.

A esto se sumó que Nethercutt se enfrenta este noviembre a una dura reelección y necesita el apoyo del gremio agropecuario, el cual hace rato tiene en sus miras a Cuba. Para su partido perder el escaño puede ser perder la mayoría que tiene en la Cámara. De ahí que pesados como el vocero de la Cámara Dennis Hastert y Tom Delay buscaran un acuerdo entre Nethercutt y Díaz-Balart.

Lo que McArthur no acepta es que este proyecto, en el que ellos trabajaron los últimos meses, sea cosmético y dice que las críticas desde La Habana son el modus operandi de Castro, quien siempre critica cualquier acción de Estados Unidos. “Llamarle a esto simbólico es subestimar nuestro trabajo. En los mercados financieros hay creatividad, así que no creo que estas restricciones sean un obstáculo. Esto es victoria para los granjeros a lo ancho de nuestro país y para compañías médicas que le quieren vender a Cuba. Ni la medicina ni la comida deben de ser armas de política exterior”.

McArthur calcula que este cambio representa unos 1.000 millones de dólares para Estados Unidos. Para Cuba significa comida y medicinas que se necesitan desesperadamente. En lo político, ve esto como otro puente que su país puede utilizar para llevar a Cuba a un cambio al crear más contacto entre los dos vecinos.

Elena Freyre, directora del Comité Cubano para la Democracia, dice que este es un cambio que se necesitaba porque era obvio que el aislamiento no está funcionando. “El embargo ha sido la gran excusa del gobierno cubano. Se la pasan diciendo que si no fuera por el enemigo ellos estarían mejor. Esa es la noción que el gobierno le ha vendido al cubano de a pie”, dijo Freyre a SEMANA. “¿Por qué no quitarle la gran excusa?”.

Freyre dice que a pesar de que organizaciones como la Fundación sigan a favor de esa política arcaica, esa actitud no es la de todo el exilio. Como prueba apunta a una encuesta hecha antes de la visita del Papa a Cuba en 1998, en la que un estudio de la Universidad Internacional de la Florida mostró que un 30 por ciento de los cubanos en Miami estaban en contra del embargo. Freyre se atreve a decir que con los cambios recientes ese número debe estar más cerca a un 40 por ciento y aumentando cada vez más.

Freyre explica que sus compatriotas en Miami se están dando cuenta que el daño en realidad ha sido para sus familiares en la isla y no para Castro. Para ella esta será la grieta que reventará el modelo económico de la isla y eventualmente traerá consigo cambios políticos. “Yo soy de la opinión de que los últimos cambios que ocurren son los cambios políticos. Pregúntale a un chino si las cosas han mejorado en los últimos 10 años. Te van a decir que sí, y todavía no ha habido cambios políticos sustanciales. Aquí lo que hay que dar es pasitos cortos y ahora hay que esperar un poquito para poder ver la verdadera respuesta de Cuba”.
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