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| 4/29/2006 12:00:00 AM

Resurrección

El ex presidente Alan García, hasta hace poco el político más odiado de Perú, tiene grandes posibilidades de reconquistar el poder. ¿Cómo se hizo este milagro político?

Hace tres meses nadie hubiera dado un peso en Perú por la candidatura del ex presidente Alan García. En el mejor de los casos, las encuestadoras lo daban tercero y en cambio señalaban que era el político más impopular -por lejos- de quienes participaban en la contienda electoral peruana.

Pero la realidad del 9 de abril pasado, cuando se celebró la primera vuelta presidencial peruana, mostró otra cosa: en un envión de última hora, desplazó del segundo lugar a la derechista Lourdes Flores y ahora enfrentará en el balotaje al nacionalista Ollanta Humala, a quien tiene buenas posibilidades de derrotar.

Fue un triunfo in extremis, con una diferencia a su favor sobre Flores de cerca de 75.000 votos sobre un total de 16 millones de sufragios (con 99,25 por ciento de los votos escrutados), suficientes, sin embargo, para darle un cupo en la segunda vuelta, prevista para finales de mayo o comienzo de junio.

Los analistas consideran que la resurrección política de Alan se debe fundamentalmente a sus extraordinarias calidades como candidato, que permitieron contrarrestar los fantasmas de su Presidencia (1985-1990), cuando la violencia guerrillera de Sendero Luminoso alcanzó su apogeo y el país se desfondó económicamente.

García representa al socialdemócrata (Alianza Popular Revolucionaria Americana Apra), el más importante partido de la historia política de Perú, pero no sin cierta ironía, los medios indican que el mayor movimiento en el país es en realidad el antialanismo: en los sondeos a lo largo de la campaña, siete de cada 10 peruanos afirmaban que nunca votarían por él.

El ex presidente pasa a segunda vuelta con 25 por ciento de los votos (contra 30 por ciento de Humala) y el escenario que se le presenta es favorable porque si bien su nombre genera enormes resistencias, el del nacionalista Humala -un militar retirado que se rebeló contra Fujimori- las genera aún más.

No en vano el escritor Mario Vargas Llosa, reconocido por sus ideas conservadoras y quien ha denunciado el carácter autoritario y violento de Humala, señaló recientemente la necesidad de cerrarle el paso a la "catástrofe" que supondría un gobierno suyo, y eso supone que la derecha deberá apoyar a García, así sea tapándose la nariz, según una figura que ha empleado la prensa peruana.

Pero el apoyo de la derecha se podría convertir en un regalo envenenado, pues hay una sensación de hartazgo con este sector político, en un país con una población pobre que supera el 50 por ciento de pobres y que ahora clama por un discurso social, que tanto Humala como García ofrecen. Captar los votos de la derecha, pero mantenerse al mismo tiempo alejado de ella, es el reto del ex presidente.

Una primera encuesta sobre la segunda vuelta le da a García 56 por ciento de intención de voto, contra 46 por ciento de Humala. Es decir, de candidato indeseable ha pasado a ser el favorito para convertirse en el próximo Presidente de Perú por los próximos cinco años.

Este Alan García que viene de atrás, como los caballos de pura sangre, es un dirigente de 56 años cuya gestión en su presidencia provoca todavía escalofríos entre sus detractores, que la perciben como una de las más corruptas de la historia peruana.

La política económica de García incluyó un severo control del tipo de cambio, la estatización de la banca, así como sucesivas emisiones de moneda, un coctel explosivo que terminaría provocando una inflación acumulada de más de 7.600 por ciento y la necesidad de cambiar dos veces la moneda (el sol y el inti), debido a la pérdida de su valor. Igualmente, limitó el pago de la deuda externa al 10 por ciento del valor de las exportaciones, y el retraso en ese pago llevó al Fondo Monetario a considerar a Perú como "país inelegible".

Por otro lado, la violencia terrorista del maoísta Sendero Luminoso alcanzó sus picos durante su gobierno. Su gobierno fue acusado tanto de ineficiencia para atacar el fenómeno como de excesos en la lucha antisubversiva, con la formación incluso de escuadrones de la muerte. La más grande acusación contra García en este rubro se refiere a una acción desproporcionada de la Fuerza Pública contra amotinamientos en cárceles en 1986, que dejó unos 260 reclusos muertos, en hechos que nunca fueron debidamente investigados, y menos aun juzgados.

Pero estas acusaciones, al igual que las de corrupción que quiso impulsar el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), sobre todo después del autogolpe, quedaron en nada. Perseguido por el 'Chinito', García salió del país en 1992 y pidió asilo en Colombia, aunque pasó la mayor parte del tiempo en Francia, para regresar a Perú en 2001, cuando todas las acusaciones en su contra habían prescrito. Candidato en la elección de 2001, pasó a la segunda vuelta (a costa, como hoy, de Lourdes Flores), pero fue derrotado por Alejandro Toledo.

Candidato seductor

Para lograr su paso a segunda vuelta, García ha tenido que romper con su pasado y por ello ha reconocido errores y prometido que es un dirigente más reflexivo y lejos de ese exceso de entusiasmo que llevó a que lo llamaran 'caballo loco'. "Sólo Dios y los imbéciles no cambian", ha señalado para reforzar su mea culpa y esa metamorfosis.

Buscando seducir a una juventud que no recuerda su gobierno, García realiza sus manifestaciones a ritmo de reggaeton, bailando de manera coqueta y empleando una extraordinaria oratoria y un arte de seducción que no alcanza, sin embargo, a todos.

En Villa del Salvador, uno de los barrios populares de Lima, SEMANA habló con Edith Pico, de 35 años, quien recuerda un aspecto del gobierno de Alan que la llevará a preferir a Humala: "Mi mamá me despertaba y me decía que debía ir a hacer la cola. ¿Para comprar qué? No se sabía. Yo hacía la fila, y adelante decían 'es que llegó pan'. O 'es que llegó azúcar'. Y comprábamos lo que podíamos porque no había nada. Él hizo campaña en nuestro barrio y prometió muchas cosas. Pero lo que él prometió después lo hizo Fujimori", añadió. Otros, como Fernando Dañino (42), piensan que "el Alan de ahora aprendió la lección y hará un buen gobierno. Tiene que desquitarse".

Independientemente de los odios o los afectos que el nombre de García genera, lo cierto es que cuenta a su favor con la experiencia y la tradición del Apra. Fundado en 1924, en su exilio mexicano, por el mítico dirigente Víctor Raúl Haya de la Torre, el Apra tuvo desde su origen una vocación americanista, estudiantil y obrera.

Comprometido con la causa de César Sandino en Nicaragua y otros movimientos en Guatemala y El Salvador, Haya de la Torre recorrió Centroamérica con una prédica contra el imperialismo yanqui, hasta fundar, en 1936, el Partido Aprista Peruano (PAP), que se convirtió en el primer gran movimiento de masas en su país.

Su lucha, que lo llevó a la cárcel, lo elevó a la categoría de caudillo que sin embargo no llegaría nunca a la Presidencia y que en cambio lo obligó en 1949 a asilarse durante cinco años en la embajada de Colombia en Lima, un enorme caserón sobre la Avenida Arequipa, una de las avenidas principales de Lima. Ese recordado episodio es crucial en el origen del asilo político, una figura de estirpe latinoamericana.

En 1962, Haya de la Torre ganó las elecciones, pero fueron anuladas y repetidas en 1963 cuando venció Fernando Belaúnde. Son sus banderas las que García enarboló para convertirse en el primer y único Presidente aprista de la historia, lo que de por sí es una paradoja, dado que el Apra es el único partido realmente organizado. Alan García quiere demostrar que no hay muertos políticos y que las segundas partes sí pueden ser buenas. Pero, para repetir Presidencia, debe vencer a Humala... y a su propio pasado.
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