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| 10/18/1982 12:00:00 AM

¿RETORNO HACIA LA DEMOCRACIA?

Más de 50 millones de brasileños se preparan para elegir sus autoridades legislativas tras 18 años de dictadura militar.

Al cabo de 18 años de gobierno militar, Brasil intenta volver a la democracia. Bajo su programa de cinco años de apertura política, el gobierno gradualmente ha levantado la censura, liberado presos políticos y concedido amnistía a miles de activistas exiliados. El 15 de noviembre próximo -si todo sale de acuerdo con lo programado- el plan de liberalización dará otro paso adelante cuando 55 millones de electores brasileños depositarán su reto en las primeras elecciones generales desde que el ejército dio el golpe de Estado de 1964. A lo largo de los 23 Estados del Brasil, los ciudadanos elegirán gobernadores, alcaldes y representantes nacionales de entre cinco partidos políticos. El único puesto importante que no está en oferta es la propia presidencia; ese cargo se llenará en enero próximo por medio del voto indirecto. A pesar de ello, el presidente, Joao Baptista Figueiredo, de 64 años, está participando activamente en la campaña para afianzar a su partido de gobierno.
Mientras las elecciones constituyen el evento principal, las reglas del juego aún no se clarifican bien. Los oficialistas han estado presionando con toda clase de regulaciones para inclinar las elecciones en favor del gobernante Partido Social Demócrata, (PSD).
Ha sido tal el enojo de los rivales que dos de ellos -el Partido del Movimiento Democrático del Brasil (PMDB), primer opositor al régimen, y el más pequeño Partido Popular (PP)- se lanzaron a la pelea. Por otra parte, el gobierno también presiona en favor de una cédula de votación tan complicada que los opositores dicen confundirá a los ciudadanos semianalfabetos y que finalmente sus votos resultarán nulos.
El problema es que el elector tendrá que escribir los nombres de candidatos a 6 cargos y si indica candidatos de partidos diferentes en su boleta le será anulado su sufragio. El director del Instituto de Sao Paulo, Bolívar Lamounier, señala: "Brasil tiene la oportunidad de implementar un sistema democrático duradero, pero el gobierno está boicoteando ese es fuerzo con manipulaciones disfrazadas".
Políticos que hasta hace pocos años eran considerados enemigos del Estado, hoy aspiran a puestos públicos. El concurso gubernamental de Sao Paulo incluye a Janio Quadros, cuya renuncia abrupta a la presidencia del Brasil, en 1961, desencadenó los eventos que condujeron al golpe militar de 1964. Luis Ignacio de Silva -el famoso "Lula"- a quien el gobierno arrancó toda posibilidad presidencial por conducir una huelga de trabajadores metalúrgicos en 1980 -también es candidato para gobernador de Sao Paulo, por el Partido de los Trabajadores (PT), que pasa ya del millón de miembros y planea tener 2.5 millones de afiliados antes del 15 de noviembre. Y Leonel Brizola es candidato a gobernador de Río de Janeiro. En 1964 Brizola trató de convencer al entonces presidente Joao Goulart de montar un contragolpe en contra de los generales. Cuando falló el intento, Brizola huyó al Uruguay, volviendo más tarde a Brasil, en 1979. Hoy Brizola se encuentra en ardiente campaña, con sus condiciones retóricas intactas. Alega que sus tres oponentes, a quienes él llama "el diablo, el demonio y Satán", conducirán a Brasil de vuelta "al infierno".
Algunos podrían argumentar que Brasil sufre ya una situación infernal. Los economistas esperan que el crecimiento real de este año sea inferior al 4% y la balanza comercial del Brasil registra una cifra inferior a los mil quinientos millones de dólares. Mientras tanto, la inflación se acerca al 100% anual. En parte, los problemas del Brasil son el resultado de la caída de la economía mundial. Pero también reflejan el fracaso de las medidas de austeridad del gobierno, que van desde minidevaluaciones a ajustes salariales. "La mayor ventaja de la oposición, en estos momentos, es el costo de vida y la inflación", admitió recientemente el presidente Figueiredo.

PRECARIA VICTORIA
La precaria situación económica bien puede herir las proyecciones que se han hecho al partido de gobierno para las elecciones de noviembre. "Creo que el gobierno lo va a hacer mucho peor que lo que se ha anticipado", dice Rui Mesquita, director del diario "O Estado de Sao Paulo", de gran influencia en el país. Las encuestas de opinión muestran ahora que las posibilidades para el PSD, en tres de los poderosos estados industriales brasileños -Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais- son escasas. Además, el PSD hace desafíos electorales en el adinerado estado de Río Grande do Sul y en el políticamente influenciable estado de Pernambuco donde si las gana, las gana por una cabeza y no más. La derrota en estas cinco regiones claves sería determinante en el resquebrajamiento de la poderosa imagen del PSD, avalado por el gobierno y los militares, aunque consiga un triunfo importante en otros lugares.
Sean cuales fueren los resultados electorales -y a pesar de las movidas gubernamentales en la tergiversación de las normas- Brasil aparece haciendo un esfuerzo para volver a la ruta hacia la democracia. Su intento para efectuar una transición estable del gobierno militar hacia la democracia podría tener un impacto significativo internamente, como en otros países sudamericanos.
"Lo que estamos viendo en Brasil es lo más cercano a una retirada inteligente de un gobierno autoritario", dice Riordan Rouet, de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad John Hopkins. "Y ese tipo de liberalización política tendrá implicaciones en Chile, Uruguay y posiblemente Argentina". Eso queda por verse. Lo que está claro es que Brasil -centro de poder económico y político del continente- está iniciando un cambio importante.

UN CACIQUE XAVANTE PARA LA DIPUTACION
"Me presento como candidato para defender mejor los derechos de toda la comunidad indígena", explicó el 13 de septiembre el cacique Mario Juruna, de la nación Xavante, quien muy probablemente será el primer diputado federal indígena en la historia de Brasil.
Juruna se destaco en los últimos 20 años como un líder indígena obstinado en la defensa de mejores condiciones de vida para su pueblo y como un áspero critico de la política gubernamental hacia los indígenas. Su actuación lo transformó en una persona conocida en todo el país e inclusive en el exterior. Su candidatura al parlamento en las elecciones próximas por el opositor Partido Democrático de los Trabajadores (PDT) estará casi seguramente entre las victoriosas, en opinión de los observadores políticos.
"Yo me considero vocero de la comunidad indígena, de todos los indios brasileños, y no sólo de mi pueblo, los Xavantes", dijo Juruna. Agregó que asumió esa tarea por su propia cuenta, "sin indicación ni reconocimiento del gobierno", porque se trataba de una necesidad, ya que los indígenas "nunca tuvieron un legítimo vocero".
Jaruna tiene 42 años y nueve hijos dos de los cuales viven con él y su segúnda esposa en Río de Janeiro. El último nació hace dos meses. Los Xavantes con un total de casi 5.600 personas distribuidas en 25 aldeas, viven en sus reservas, en el municipio amazónico de Barra de Garzas, al norte del Estado de Mato Grosso. Según Juruna, su pueblo está muy reducido a causa de las masacres que comenzaron en 1956. Tras una larga lucha, conducida por Juruna, terminaron tras la demarcación de las reservas de los Xavantes.
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