Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1999/11/15 00:00

REVANCHA SANGRIENTA

Los rusos parecen dispuestos a todo para vengar su derrota anterior en Chechenia y recuperar la <BR>soberania en esa República.

REVANCHA SANGRIENTA


EL EJERCITO RUSO, ENVAlentonado por sus éxitos en su segunda guerra contra Chechenia, amenaza liberar
a Grosny, la capital de la pequeña República. En 1996 los generales que hoy conducen las operaciones
conocieron la derrota al intentarlo, y desde entonces Chechenia es un territorio renegado, independiente de
hecho pero desconocido por Moscú y la comunidad internacional. Hoy, cuando en la capital rusa la sucesión
del presidente Boris Yeltsin es el tema, el primer ministro Vladimir Putin tiene entre manos una operación
capaz de convertirlo en el hombre más popular de Rusia. Pero para ello debe correr la sangre.
El pretexto se presentó hace un par de meses cuando rebeldes chechenos incursionaron a la vecina
Daguestán. La operación fue un fracaso por la reacción rusa y el escaso apoyo popular pero desembocó en
una serie de bombazos atribuidos a los chechenos. Esto se convirtió en el primer punto a favor del ejército en
esta oportunidad: el apoyo de la población rusa que busca castigo para los terroristas.
A diferencia de hace cinco años, los 50.000 soldados se están moviendo con cautela, siguiendo el ejemplo de
la Otan en Yugoslavia. Rusia espera doblegar a Chechenia cortándole la luz, el gas y el agua, alimentos y
medicamentos, bombardeando desde el aire las fábricas y depósitos de combustible antes de que llegue el
invierno. Rusia cuenta con el debilitamiento del presidente checheno, Aslan Masjadov, cuyo poder
escasamente se extiende sobre Grosny. Mas jadov es cada vez más cuestionado por los comandantes
rebeldes, encabezados por Shamil Basaev y el jordano Jattab. Como dijo a SEMANA Apaev Obu Yazid,
presidente del Centro Cultural Checheno en Moscú "Masjadov no pudo liberar a Chechenia de los bandidos, no
pudo reconstruir la economía. Nuestra tragedia es que el presidente no cumplió ninguna expectativa ".
Por otra parte, el gobierno checheno no apoyó la incursión de Basaev en Daguestán. "Masjadov ha dicho que
no aprueba la conducta de Basaev. Este es un 'soldado de la fortuna ', que comba- te en tod as partes por
dinero, sólo que co mo es checheno nos quieren echar la culpa a nosotros", dijo a SEMANA Mairbek
Bachagaev, representante de Chechenia ante la Federación Rusa. Sin embargo, la invasión rusa ha vuelto a
unir a los comandantes con su gobierno.
Por ahora las cosas van bien pero una cosa es ocupar los valles del río Terek y otra tomar una ciudad hostil.
Con el invierno a la puerta los ataques aéreos se verán reducidos, y "en este caso las posibilidades de triunfo
no son grandes", según el semanario Moscovski Novosti. Los gastos militares consumen un tercio del
presupuesto, no hay con qué pagarles a los soldados. El alto mando se ve obligado a contratar solda dos
profesionales, prometiéndoles sueldos que no pueden pagar, para mantener al menos las operaciones
especiales y enfrentar a los 30.000 chechenos bien armados que combaten en su propio terreno. Rusia se
arriesga a convertirse en el enemigo número tres del mundo islámico, concentrando en su territorio
combatientes que vienen de Afganistán, Kazajstán y las repúblicas asiáticas de la antigua Unión Soviética y de
las demás regiones de Cáucaso.
Obu Yazid lamenta la suerte de su pueblo. "Ningún gobierno tiene derecho de destruir su gente, ni los
políticos ni los bandidos, porque las bombas están matando gente pacifica. ¿La salida? Negociar con presión
pero sin empezar una gran guerra ", dice.

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