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| 12/11/2003 12:00:00 AM

Revolcón quechua

Lucio Gutiérrez asume en medio de problemas. Tiene el Congreso en contra y sus nombramientos indígenas han desnudado un país polarizado racialmente.

Al posesionarse esta semana como nuevo presidente del Ecuador el coronel (r) Lucio Gutiérrez enfrenta una tormenta política que ni él ni sus partidarios llegaron a imaginar siquiera. El establecimiento político tradicional no está dispuesto a ceder fácilmente sus posiciones de poder frente a un gobierno respaldado por indígenas y marxistas que resulta amenazante a pesar de la retórica conciliadora del presidente. La presencia de ministros indígenas en su gabinete no hace más que alborotar un racismo soterrado y el temor porque lo que se abra de ahora en adelante sea una polarización imposible de superar. Una serie de maniobras "truculentas y mañosas" para entorpecer la posesión pareció confirmar que los opositores están dispuestos a todo. La principal fue que el Partido Social Cristiano, liderado por el ex presidente León Febres Cordero, con 25 de las 100 curules, rechazó ejercer la presidencia del Congreso en virtud a que, según indicó, no quiere que se le identifique con los "resultados nefastos" que se generarán para los ecuatorianos de continuar con una mala práctica política en el país. Como resultado el nuevo Parlamento unicameral instalado hace ocho días- resolvió no elegir su presidente para el período 2003-2005 pero eligió al primer y segundo vicepresidente, Guillermo Landázuri, de la minoritaria socialdemócrata Izquierda Democrática, que dirigen el ex presidente Rodrigo Borja y Ramiro Rivera, de la democristiana Democracia Popular (DP), del ex presidente Jamil Mahuad. Sin presidente titular del Congreso no habría allí constitucionalmente quién tomara el juramento a Gutiérrez. Pugna de poderes Si los legisladores "no eligen a su presidente yo me posesionaré de todas maneras el 15 de enero ante los diputados, teniendo en frente la Biblia, como guía espiritual a Dios y con mi mano sobre la Constitución de la República", dijo Gutiérrez a SEMANA. Indicó que luego del acto se reunirá con el pueblo en el estadio Olímpico Atahualpa, en el norte de Quito. En tales circunstancias la alianza progubernamental presentará una demanda de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional (TC) contra la actuación del Congreso durante su instalación pues nunca eligió un presidente como manda la Carta Magna. De todos modos Gutiérrez deberá sortear un Congreso con un bloque frágil y en el que la mayoría multipartidista es de total oposición. "Si pasan (las reformas) no habrá problemas, pero si el Congreso no las aprueba, entonces la Constitución faculta al presidente de la República a convocar a consulta popular para asuntos de trascendencia", sostuvo Gutiérrez a SEMANA, recalcando que "la reforma va porque va", lo cual es interpretado por sus opositores como un anuncio de que "está por llegar la dictadura". Gutiérrez se refirió especialmente a proyectos como las reformas al Poder Judicial, que consistirán fundamentalmente en su despolitización. La mayoría anticipó su oposición pues aduce que a través de la despolitización de las cortes se abre la vía para el retorno al país del ex presidente Abdalá Bucaram, ahora asilado en Panamá. El futuro mandatario también tiene entre su agenda la creación de un "cuarto poder del Estado", en el que estarían agrupados la Comisión de Control Cívico de la Corrupción, la Contraloría y la Fiscalía de la Nación. De todas maneras es el Congreso el que debe calificar la importancia de un referendo, con lo que Gutiérrez una vez más dependerá de la mayoría opositora: 62 de los 100 diputados. Aflora el racismo Para diversos estudiosos de la política ecuatoriana, sin embargo, todo el asunto tiene un trasfondo: el racismo. El nombramiento de los líderes indígenas Nina Pacari y Luis Macas como ministros de Relaciones Exteriores y Agricultura, así como de otros dirigentes nativos en diversas funciones, causó impacto en algunos sectores blanco-mestizos, que cuestionan la capacidad de los aborígenes para gobernar. En 172 años de vida republicana no sólo es la primera vez que una mujer es designada como canciller en Ecuador sino que, además, es indígena. Nina Pacari, la nueva ministra, es doctora en jurisprudencia y llegó a vicepresidenta del Congreso Nacional, defendiendo siempre los movimientos aborígenes. De 1,55 metros de estatura, cabello recogido hacia atrás y anteojos, lleva permanentemente la vestimenta indígena que incluye el anaco o falda larga, chalina o pañolón y las más tradicionales gualcas, o cuentas de vidrio doradas, a manera de collar. Ante su nombramiento Pacari afirmó a SEMANA que "simplemente constituyó un reconocimiento a los pueblos históricamente postergados. En medio del mundo globalizado hay un reconocimiento a las identidades que construyen el Ecuador y a un proyecto político que integra esas diversidades y busca promover la participación de sectores sociales que históricamente han sido relegados y discriminados", argumentó. Para Macas, en tanto, abogado y fundador de la Universidad Indígena, participar en el futuro gobierno es un desafío más para los movimientos sociales del campo y "sólo un paso en la construcción de un país más equitativo y solidario". Para la analista Rosa Rodríguez, del quincenario Tintají, las presiones en contra del nombramiento de Pacari al frente de la Cancillería demuestran el racismo escondido en algunos sectores políticos y económicos de Ecuador. "Además de tener una posición política progresista y una formación destacada, Nina Pacari representa a dos sectores discriminados por la sociedad ecuatoriana, como son los indígenas y las mujeres. El hecho de no nombrarla podría ser tomado como una forma más de discriminación", sostuvo. Por su parte el analista Jorge Vivanco, subdirector del diario Expreso, anotó que tales designaciones muestran que "Gutiérrez tomó el timón" y decidió despejar las dudas sobre el carácter de su gobierno. Se rompe así "un largo e injusto ciclo en el que los indígenas han sido marginados de toda decisión nacional", destacó. De los 12 millones de ecuatorianos, 3,5 millones son indígenas repartidos en 11 etnias, la principal de las cuales es la quechua, que habita la región de la Sierra y la Amazonia. Su incorporación al poder en Ecuador podría ser un hito clave en la formación de la América Latina del siglo XXI.
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