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| 2/15/2014 1:00:00 AM

Revolución islámica en punto de quiebre

La revolución llega a su aniversario 35 entre dos opciones: recobrar las relaciones con el mundo o hundirse definitivamente en el aislamiento, como prefieren sus opositores.

Como siempre, una atmósfera entre festiva y combativa dominaba la plaza Azadi, o Libertad. Miles de personas, muchas jóvenes, celebraban el martes el trigésimo quinto aniversario de la Revolución que en 1979 derrocó la monarquía del sha Reza Pahlevi y entronizó al gobierno de los ayatolás liderados por Ruhollah Jomeini, padre de la enigmática República Islámica de Irán.

La ocasión, una semana antes de la nueva ronda de conversaciones con Occidente sobre el programa nuclear, servía para auscultar el ambiente ante las aperturas del presidente Hasan Rohani, quien ha demostrado intenciones serias de normalizar las relaciones con el resto del mundo. Pero el balance, al menos en la plaza, no parecía muy favorable.

“Nunca nos rendiremos al imperialismo”, decía Mohammed, uno de los miles de jóvenes milicianos de los cuerpos basijis (creados por Jomeini para defender la revolución). Repetía los murmullos de miles de radicales: solo aceptarán las negociaciones nucleares mientras el sucesor de Jomeini, el gran ayatolá Alí Jamenei, las siga respaldando, pero rechazan las amenazas de Estados Unidos.

Se refería a las declaraciones de funcionarios del Departamento de Estado, que aseguraban que “todas las opciones con Irán estaban sobre la mesa”. Y la semana que termina, el presidente Barak Obama –acosado por su propia oposición– fue directo al amenazar con sanciones a las empresas que decidieran hacer negocios con el país chiita.

Son palabras que han acentuado las críticas de sectores militares y políticos, que rechazan las concesiones que Irán hizo en el primer acuerdo efectivo por seis meses a cambio de que le descongelaran 500 millones de dólares y se aliviaran sanciones en algunos sectores.

Las críticas, sin embargo, se han hecho más incisivas al acercarse la nueva ronda, programada para este martes en Ginebra, Suiza. El jefe de las Fuerzas Armadas, el general Hasan Firouzabadi, dijo que Irán estaba preparado para esa guerra “decisiva” y Ali Janati, cabeza del influyente Consejo de Guardianes, dijo que los “estadounidenses son traidores y no se puede confiar en ellos”.

Y es que los procesos comenzados por Hasan Rohani hacen pensar que Irán está en un punto de quiebre. Puede terminar con unas relaciones más constructivas con el mundo y mayores libertades a la población, o cerrarse aún más como muchos radicales quisieran. Como dijo a SEMANA un analista iraní que prefiere reservar su nombre: “Yo soy optimista. Tardará tiempo, habrá caídas, pero vamos por el camino correcto. La gente lo ha decidido”.

Esa gente estaba cansada del radicalismo de Mahmoud Ahmadineyad, acusado del endurecimiento de las sanciones económicas. Con las ventas del petróleo –su principal ingreso– en picada, la inversión extranjera desaparecida, la inflación en cifras no oficiales del 50 por ciento y la moneda local, el rial, en una tercera parte su valor, el país había entrado en la desesperanza.

Rohani, en cambio, habló desde el comienzo de su gobierno de adelantar negociaciones sobre el programa nuclear, la principal razón de los desencuentros con Occidente. Las consecuencias son claras, especialmente en el sector económico, donde miles de firmas internacionales –en particular del sector petrolero– hacen fila para trabajar en ese país, que tiene las cuartas reservas de petróleo del mundo, las segundas de gas y un mercado de alrededor de 75 millones de personas.

“El gobierno de Irán está trabajando en las sanciones y por mejorar la economía primero, sin poner más presión del que puede para mejorar las libertades internas”, dijo a SEMANA confidencialmente un diplomático extranjero haciendo eco de las denuncias de que no ha habido mayores cambios en las libertades sociales, con la excepción de algunos cambios pequeños pero significativos. Algunos presos políticos han sido liberados, los escritores y cineastas ahora tienen más libertad para producir y publicar en el país, y cada vez empiezan a llegar más periodistas extranjeros.

Pero para otro sector de la población, el más necesitado, el nuevo gobierno sigue estando en deuda. La población se queja por el alto costo de vida. “El gobierno va a cumplir sus promesas”, aseguró Rohani ante la multitud el 11 de febrero. Pero “es muy difícil que los moderados, así estén respaldados por gran parte de la población, derroten a los radicales. Pero no tenemos otra opción que agarrarnos con las uñas a la esperanza de cambio. Y eso estamos haciendo”, concluye Ali Reza, un industrial de 33 años, que se ha dedicado a poner a punto su compañía de metales para el día en que Irán se abra el mundo. “Ojalá”, suspira. 
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