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| 7/14/2012 12:00:00 AM

Rico MacRomney

En un país en el que ser millonario es motivo de admiración, el dinero se convirtió en la pesadilla del aspirante republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney.

Mitt Romney es un hombre rico. Muy rico. Con acciones, bonos del Estado, inversiones, tres casas, cuatro autos, caballos y unos 16 millones de dólares en efectivo, su fortuna es de 230 millones de dólares. De llegar a la Casa Blanca en las elecciones de noviembre próximo, el republicano se convertiría en uno de los presidentes más acaudalados de la historia de Estados Unidos. Pero en una sociedad donde la riqueza es una bendición y un sinónimo de éxito, ser millonario se le convirtió en un problema gracias a los ataques de la campaña de Barack Obama, la falta de transparencia del propio Romney y sus metidas de pata en la campaña.

Romney nació en una familia de mormones, dedicados al trabajo duro y al ahorro. Su abuelo no tenía plata. Vivió en una comunidad agrícola en el norte de México que la familia abandonó en 1907 por la revolución. Su padre George, apenas bachiller, se instaló en Detroit. Ahí escaló en la industria automotriz hasta dirigir American Motors. Empezó con poco, prosperó gracias a su ingenio y se hizo rico. El sueño americano en su máxima expresión.

Aunque George le tendió un camino más fácil a su hijo, Mitt no se durmió sobre la fortuna paterna. Revolucionó la consultoría con Bain Capital, firma que no solo les daba consejos a sus clientes, sino que empezó a invertir en sus negocios para sacarlos de problemas. Entre otras, rescataron a Burger King y al gigante de las salas de cine AMC. Romney pasó de ser un hijo de papi a un multimillonario.

Desde hace años Romney ha sostenido que trabajó en Bain hasta 1999. Pero la semana pasada el Boston Globe lo contradijo, basado en documentos de la comisión que regula los mercados financieros. Según el artículo, Romney fue hasta 2002 "el único accionista, jefe de la junta directiva, director ejecutivo y presidente" de Bain. El momento en el que el republicano abandonó la firma es clave, pues Romney debería responder por inversiones que provocaron bancarrotas, despidos y deslocalizaciones en China y México.

Y esas son municiones de grueso calibre de la campaña Obama, que sostiene que Romney no es un empresario modelo, sino un "destructor de empleos", y agregó que "Mitt Romney es el candidato más secreto desde Richard Nixon". Pero fueron más allá acusándolo de mentir e insinuando que Romney podría haber violado la ley. Los republicanos contraatacaron diciendo que la campaña de Obama "está fuera de control". El problema de Romney es que ahora está a la defensiva, atrapado en una trampa donde tiene que justificar su pasado, dando complejas explicaciones de operaciones financieras que son difíciles de entender.

El asalto viene solo una semana después de una investigación de la revista Vanity Fair, que reveló que Romney ha tenido cuentas en las Bermudas, las Islas Caimán y Suiza, paraísos fiscales donde es posible evadir impuestos con toda impunidad. Romney solo ha aceptado publicar su declaración de renta de 2010, lo que ha generado suspicacias.

Unos días antes, como el resto de sus compatriotas, Romney pasó las tradicionales vacaciones del 4 de julio en familia. Pero no se contentó con la típica barbacoa. Invitó a sus cinco hijos, sus parejas y sus 18 nietos a relajarse en su mansión en New Hampshire. Las actividades incluyeron paseos en jetskis, navegación en yate y torneos de tenis en su cancha privada. Si Romney quería cambiar su imagen de multimillonario alejado de la realidad, difícilmente hubiera podido hacerlo peor.

No era su primera metida de pata. En un debate en las primarias republicanas, le apostó 10.000 dólares al tejano Rick Perry. En un mitin en Detroit, la capital del automóvil, dijo que su esposa tenía un "par de Cadillacs", los autos más lujosos de la industria. También dijo que los 374.000 dólares que le pagaban por sus apariciones públicas "no era mucho dinero". La competencia no necesitaba mucho más para decir que es un "Rico MacPato" insensible.

Romney no es el primer millonario que trata de llegar a la Casa Blanca. Se calcula que la familia de John F. Kennedy tenía más de 1.000 millones de dólares. Y la fortuna de Obama alcanza los 10 millones de dólares. El problema es que en plena campaña, con solo dos puntos que separan a Obama (47 por ciento) y a Romney (45 por ciento) según la última encuesta de Gallup, nadie entiende cómo está dando tales 'papayazos'.
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