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| 7/5/2011 12:00:00 AM

Río expulsa a pobres de las favelas en preparación para los Olímpicos

Algunos barrios pobres de Río de Janeiro están siendo destruidos por las Olimpiadas de 2016. Brasil, dice, está trabajando para mejorar su infraestructura.

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BBC

 
Berenice Maria da Neve está fuera de sí por el dolor y la rabia. Y señala furiosamente un montón de escombros, mientras nos encontramos al lado de una carretera muy transitada en las afueras de Río de Janeiro.

"Mira eso", dice. "Ahí es donde estaba mi casa. Ahí es donde yo vivía con mis hijos y nietos.

"Entonces llegaron y la tiraron. Destruyeron todo, mi mesa, mi sofá, un armario, incluso con toda mi ropa interior",

La desgracia de Berenice era vivir en uno de los barrios de Río de Janeiro que serán demolidos con motivo de los Juegos Olímpicos de 2016, ya que Brasil trabaja para mejorar su infraestructura.

Ella es - o mejor dicho, era - una de los millones de personas que viven en las favelas o barrios marginales construidos ilegalmente. Trata de ganarse la vida vendiendo alimentos a los trabajadores en las obras de construcción.

En la pequeña comunidad donde vivió durante los últimos ocho años, la viviendas de unas 1.000 personas fueron destruidas para dar paso a una nueva y mejorada autopista que las autoridades aseguran es parte de sus preparativos para acoger los Juegos Olímpicos de 2016.

El proceso

Un día de mayo, Berenice fue convocada por la Alcaldía, a más de una hora en autobús de viaje de distancia, en el centro de Río.

Allí, se le dijo que la demolición de su casa había sido decretada por las autoridades y se le entregó un cheque por 8.000 reales (US$5.000) por concepto de indemnización. En el momento en que llegó a su casa, ésta ya había sido destruida.

"¿Para qué sirven 8.000 reales?", pregunta.

"Se necesitan por lo menos cuatro veces más para comprar una casa. Y tuve una terrible experiencia tratando de cambiar el cheque porque no puedo leer ni escribir".

Tanto el relator especial del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas como la organización internacional de derechos humanos Amnistía Internacional condenaron a Brasil por su política de desalojo de sus hogares de las personas como Berenice.

Programa de realojamiento

Las autoridades de Río dicen que planean demoler cerca de 3.000 casas antes de las Olimpiadas e insisten en que están tratando a las personas de la forma más justa posible.
"Ya hemos realojado a miles de personas", dijo Carlos Nuzman, presidente del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Río.

"Hay algunos problemas, pero creo que ustedes fueron al lugar equivocado para ver lo que está sucediendo".

El urbanista Jorge Luis Borges Ferreira dice que el verdadero número de casas que se demolieron en Río de Janeiro probablemente es mucho más alto que 3.000.

Asegura que hay un claro proceso de aburguesamiento en curso, donde los pobres son empujados más hacia fuera de la ciudad para dar paso a la creciente clase media que puede pagar precios más altos por desarrollos de lujo de nueva construcción en los barrios que solían ser pobres.

Por el momento, Berenice está viviendo en las ruinas de una casa a medio demoler cerca de donde estaba su casa.

El suelo está cubierto de agua estancada y asegura que constantemente sufre las picaduras de los mosquitos. Está aterrorizada ante la posibilidad de contraer dengue, que transmiten los mosquitos.

Como nación, Brasil está en auge. Su economía es una de las de más rápido crecimiento en el mundo y está muy orgullosa de que en los próximos cinco años será sede de la Copa del Mundo y de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, su infraestructura es deficiente, por lo que ahora hay un enorme programa de construcción de carreteras en curso.

En las afueras

Algunos de los antiguos vecinos de Berenice viven ahora en una nueva urbanización más en las afueras de Río de Janeiro.

En la pequeña ciudad de Campo Grande, a una hora y media del centro de la ciudad, unas 800 casas han sido construidas para las personas cuyas casas fueron demolidas para dar paso a nuevos caminos.

Cleyton Martins, un trabajador de un restaurante de 27 años de edad, es uno de ellos.

Se mudó hace siete meses con su madre y su hija -y dice que ha sido difícil acostumbrarse a la falta de espíritu de la comunidad en su nuevo entorno.

"La casa en la que estoy viviendo es mejor que la que solía tener", admite. "Pero no hay tiendas, (no hay) ningún lugar para que los niños jueguen y estamos muy lejos de la ciudad".

Le preocupa cómo va a llevar a su madre al hospital cuando se enferme y se queja de que las autoridades se toman demasiado tiempo para responder a las quejas por las fugas de aguas residuales entre las casas.

El concejal Eliomar Coelho dice que la forma en que las autoridades están tratando a los pobres del país es "criminal" y que están utilizando la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos como pretexto para apoderarse de la tierra y permitir a los urbanizadores que hagan grandes ganancias.

"Este es un claro ejemplo de cómo el gobierno trata a los pobres", dice.

"Una gran oportunidad se ha perdido. En lugar de mejorar como resultado del auge, estas personas terminan peor".

"Es una completa violación de sus derechos humanos".
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