Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/04/28 00:00

Rojo y negro

Una confrontación tradicional entre la derecha y la izquierda marcará la segunda vuelta presidencial el domingo en el país galo.

La candidata socialista tiene buenas posibilidades de atraer a quienes votaron por Bayrou. En su contra juegan su inexperiencia y el hecho de ser mujer

El próximo 6 de mayo, los franceses sentirán una especie de deja vu. Ese domingo, la segunda vuelta de la elección presidencial enfrentará a los dos contendores clásicos de la política gala. De un lado estará el candidato Nicolas Sarkozy (de la conservadora Unión por un movimiento popular UMP, de derecha), y del otro, la socialista Ségolène Royal. Como pasa siempre que se camina por terreno conocido, muchos franceses encuentran "tranquilizadora" esa contienda. Recuerdan lo ocurrido en 2002 cuando la extrema derecha de Jean Marie Le Pen alarmó a todo el mundo al 'colarse' en la segunda vuelta, superando al candidato socialista Lionel Jospin.

Porque a pesar de representar campos opuestos, Sarkozy y Royal, quienes obtuvieron en la primera vuelta 31 y 25 por ciento, tienen, paradójicamente, varios puntos en común: Ambos representan la renovación generacional de la clase política y una nueva forma de hacer política, basada más en su personalidad que en las maquinarias partidistas que los sostienen. Según dijo a SEMANA el periodista político Jean-Dominique Berchet, "es un hecho relevante que los tres candidatos más importantes de esta elección tengan entre 50 y 55 años y en el caso de Sarkosy y Royal, sea la primera vez que aspiren a la Presidencia de la República".

Si el candidato de la extrema derecha Jean Marie Le Pen fue el factor sorpresa en 2002, en estas elecciones lo fue el centrista François Bayrou (UDF), quien con un resultado de más de 18 por ciento se convirtió en el factor decisivo, pues sus votantes podrían desequilibrar la balanza. Este candidato, que ya había aspirado en 2002, es hoy objeto de la coquetería de Royal y Sarkozy, si bien el jueves decidió dejar en libertad a sus partidarios para escoger.

La gran pregunta es cuál camino escogerán. Y la respuesta no es fácil. Bayrou ha dado muestras de mayor afinidad con Royal, pues cuando era candidato, ofreció nombrar un primer ministro socialista, y entre sus seguidores hay voces de esa tendencia, como el gremio de los maestros. Pero los políticos que lo respaldan son en su mayoría de derecha. En cualquier caso, como le explicó Berchet a SEMANA, "no es evidente que los electores franceses sigan las instrucciones de voto de los aparatos políticos a los que adhieren, como se vio en el referéndum para aprobar la Constitución europea en 2005, en el que los franceses dijeron 'No' a pesar de que los grandes partidos iban por el 'Sí'".

Sarkozy y Royal asumen la crisis que atraviesa Francia como un hecho y coinciden incluso en algunas de sus propuestas. Entre estas figuran la necesidad de reactivar la economía, favoreciendo la creación de empleos y la adhesión a una Europa capaz de proteger al país, de los efectos no deseados de la globalización. Pero mientras la candidata socialista cree en un pacto donde eficacia económica y seguridad social vayan de la mano, Sarkozy busca disminuir las ayudas sociales de manera drástica, rehabilitar el trabajo como medio de ascensión social y ponerle freno a la entrada de extranjeros al país, a través de un proyecto de inmigración 'escogida'. Para Berchet, "el problema de Sarkozy es que centró buena parte de su campaña en hacerle oposición a Chirac. Hoy el candidato derechista se encuentra en una situación delicada, pues no contar con el apoyo del Presidente de la República, que es de su mismo partido, sería más que incómodo, pero por el contrario, recibir un apoyo demasiado entusiasta de éste lo puede comprometer con un gobierno que los franceses ya no quieren ver más en el poder".

Los partidos de extrema izquierda y los ecológicos, que sumaron en total 10,57 por ciento de voces en la primera vuelta, en su mayoría han llamado a sus seguidores a votar por Royal. Entre tanto, es de esperar que el ultraderechista Le Pen se abstenga de dar orientaciones en ese sentido, ya que su campaña se centró en una batalla frontal contra los partidos tradicionales. Pero son a tal punto impredecibles las votaciones para la segunda vuelta, que según una encuesta realizada por Ifop-Fiducial la noche del 22 de abril, el 18 por ciento de los electores de Le Pen le darían su voto a Royal. Para el director del diario Libération, "en el papel Nicolas Sarcozy ya está elegido con cerca de 55 por ciento. Pero las voces del FN son probablemente muy antisistema, antiderecha clásica y puede haber entre ellos votos 'contra natura' en favor de la izquierda. Es extraño, pero eso ya se ha visto en el pasado...".

A pesar de lo anunciado en las encuestas en cuanto a una intención de voto favorable a Sarkozy, algunos elementos pueden hacer pensar que Royal puede ser la futura presidenta de Francia. Por un lado, los excesos que Sarkozy cometió siendo ministro del Interior de Chirac; las acciones policiales que se llevaron a cabo bajo su política de seguridad, han tenido una percepción negativa en una amplia franja de la población, por considerarlas arbitrarias y desmesuradas. Por otro lado, el equilibrio que a menudo buscan los franceses al alternar en el poder a la izquierda y a la derecha, especialmente después de 12 años de era Chirac, podría ser otro factor favorable para la izquierda. Sobre todo si se piensa que en su campaña a la Presidencia de 1995 Chirac prometió acabar con la "fractura social" que, según él, dividía a Francia en dos. Dicha fractura no sólo no disminuyó durante su mandato, sino que se vino acentuando, como lo hicieron sentir ampliamente los jóvenes de las banlieues (periferias de las ciudades) en sus protestas incendiarias de octubre de 2005.

Otro aspecto que podría jugar a favor de Ségolène Royal es el fenómeno Angela Merkel y el hecho de que por primera vez una mujer francesa acaricia tan de cerca la jefatura del Estado. Royal tuvo que pelear el lugar que ocupa hoy hasta con su propio compañero sentimental, François Hollande, secretario del partido socialista, y soportar las críticas de sus compañeros más experimentados -entre los cuales figuran ex primeros ministros-, que sólo le dieron su apoyo una vez que fue elegida candidata oficial por los militantes del PS.

Acusada durante mucho tiempo de carecer de un programa, de ser incapaz y hasta demasiado bonita para ejercer la Presidencia de la República, hoy Ségolène Royal tiene el reto de demostrar que un socialismo moderno, al estilo de su vecino del norte, Tony Blair -hacia quien la candidata ha manifestado su admiración- es lo que necesita la Francia actual. Una Francia preparada para aceptar que una mujer sea la que la gobierne. De ahí el eslogan de su campaña: ¡La France présidente!, ¡Francia presidenta!

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