Martes, 2 de septiembre de 2014

ROMPECABEZAS

| 1992/02/10 00:00

ROMPECABEZAS

DESACUERDOS ECONOMICOS Y ENFRENTAMIENTOS POR LAS FUERZAS ARMADAS SIEMBRAN INCERTIDUMBRE SOBRE EL FUTURO DE LA CEI

DESDE CUANDO SE REUNIEron en Minsk los líderes de las once constituyentes de la Comunidad de estados independientes, los observadores señalaron que sólo se habían conseguido acuerdos sobre puntos de segundo orden, como la aviación o la repartición de los costos a asumir por la catástrofe de Chernobyl. Pero cuando se enfrentaron con la estructura de los organismos centrales de la CEI, a los temas militares y a la coordinación de la cconomía, el fracaso fue rotundo. Lo unico claro en cuanto a esos temas cruciales fue una proposición negativa: "La Comuniclad de Estados Independ¿entes no es un estado ni una estructura superestatal ".

Por eso, el futuro de las relaciones interrepublicanas de la,ex Unión Soviética, así como el de sus relaciones internacionales se mantiene en el limbo. Por lo pronto, lo único que parece claro es que las repúblicas quieren antes que nada definir su identidad nacional, lo que excluye cualquier figura que semeje a la antigua unión. Pero al contrario de lo que muchos piensan, esa identidad parece motivada más por la necesidad de que cada cual saque adelante a la economía rima la percepción de que las medidas en conjunto han sido un fracaso que por la historia o la raza. El semanario "Komsomolskaya Pravda" afirma que "no de otra forma puede explicarse que una creciente mayoria de rusos de Ucrania (notablemente en la Crimea rusófona) se manifiestan por la independencia de Ucrania", un argumento aplicable a Kazakhstán, donde la población tiene un 50 por ciento de rusos que no se han manifestado contra la independencia.

El rechazo al pasado se manifiesta también en la reacción contra la federación rusa, por su semejanza con el antiguo régimen imperial. Apoyado en que Rusia tiene tres cuartas partes del peso de la antigua Unión, el presidente Boris Yeltsin se apresuró a obtener el puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, a declarar rusas a las embajadas de la ex URSS. Pero, sobre todo, se empeñó en liberalizar los precios a partir del 2 de enero, a pesar de las objeciones de las demás repúblicas. Rusia controla todas las instituciones financieras de la fenecida Unión, incluida la impresión de billetes, lo que le permitió imponer eI rublo como moneda común. Por lo pronto, Yeltsin logró que la semana pasada un grupo de furiosos compradores le rodearan agresivamente en Kirov, en una gira destinada a medir el efecto social (desastroso desde todo punto de vista) de la liberalización de los precios.

La reacción más fuerte contra Rusia es la de los otros dos socios eslavos de la CEI. Ucrania, la mayor defensora de la independencia, criticó por boca de su presidente Leonid Kravchuk la decisión de las embajadas y anunció la creación este año de su propia moneda. Entre tanto dispuso el pago de parte de los salarios en "cupones reusables", que en la práctica se convirtieron en la primera moneda extraña al rublo en la ex URSS. Bielorrusia hizo eco de esas medidas, que tomará en su propia oportunidad.

Sin embargo el tema que más preocupación produce en occidente es el militar. Ucrania impuso el derecho de las repúblicas a tener su propio ejército avorecido por Moldavia y Azerbaiján y pronto entró en conflicto con Rusia al ordenar fidelidad a las fuerzas ex soviéticas estacionadas en su territorio, incluida la poderosa flota del mar Negro. La negativa de miles de soldados a jurar la bandera ucraniana parece haber motivado el traslado de 850 batallones hacia Rusia. Pero el tema de la flota quedó pendiente, como símbolo de la amenaza a la paz que brota en la antigua URSS en los cuatro puntos cardinales.

ALTA TENSION
FUERON DOS SEMANAS DE SANgre, en las que la oposición logró expulsar al presidente Zviad Gamsajurdia. El episodio terminó en Tblisi, la capital de Georgia, pero demostró que aún falta mucho antes de que las repúblicas ex soviéticas adopten la democracia y que la violencia puede ser el común denominador de muchos enfrentamientos.

El derrocado había sido en la era pre-Gorbachev, un disidente encarcelado por defender la independencia de Georgia. Pero sobre todo desde que fue elegido por segunda vez en mayo pasado, Gamsajurdia se convirtió en un dictador que, por lo visto, consideró su victoria de 96 por ciento como una patente de corso para los abusos. Encarceló a los opositores como reos de alta traición, censuró la prensa y reprimió con violencia todas las manifestaciones de descontento.

La situación llegó a su clímax con la ruptura con Tenguiz Seguia, su primer ministro. Seguia capitalizó la desilusión generalizada al agrupar a su alrededor a las mismas fuerzas que habían apoyado a su antiguo jefe, y dirigió una violenta ofensiva armada contra el presidente, quien se refugió junto con unos 800 soldados leales en un edificio del parlamento. Tras dos semanas de violentos combates, Gamsajurdia se vio obligado a huir a la vecina Armenia, donde se le concedió asilo.

Sin embargo, el nuevo Consejo de Gobierno no sólo no ha probado su vocación democrática sino que ya se lanzó a las mismas prácticas de Gamsajurdia. El enredo se complica puesto que la escena política georgiana está atomizada en 130 movimientos, y por la existencia de múltiples grupos paramilitares que la semana pasada dispararon contra una multítud que apoyaba al presidente derrocado.

A pesar de sus abusos, Gamsajurdia tiene todavía muchos partidarios y ello podría ser el germen de una guerra civil generalizada. Se trata del último foco de tensión de la ex URSS, pero de ningún modo el único. En la misma Georgia, Osetia del Sur tiene su propia guerra contra Tblisi, pues aspira a ser integrada con Osetia del Norte, que forma parte de Rusia. Los chechenos han declarado la independencia de Rusia de su minúsculo país, pero dirigen su proclama a todo el Cáucaso. Nagomo Karabaj sigue siendo fuente de violencia entre armenios y azerbaijanos. La vida de Moldavia está amenazada no sólo por las veleidades independentistas de las mirías gagauzas, rusas y ucranianas, sino por sus propias intenciones de fusionarse con la vecina Rumania. Esas fuentes de tensión son apenas la punta del iceberg de lo que podría ser la bomba de tiempo más grande de la historia.

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