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| 9/24/2013 12:00:00 AM

Rousseff: espionaje de EE.UU. es violación a la soberanía

La presidenta de Brasil dijo en la Asamblea de la ONU que la lucha contra el terrorismo no justifica esa práctica.

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EFE
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, denunció hoy el espionaje diplomático y económico por parte de Estados Unidos denunciado por Edward Snowden, algo que consideró "una violación" de la soberanía de su país.

Rousseff, que centró su intervención ante la Asamblea General de la ONU en el espionaje del que ella misma fue víctima, afirmó que se trata de "una afrenta" y "una falta de respeto" que no puede justificarse en la lucha contra el terrorismo.

La presidenta brasileña no mencionó directamente a Estados Unidos por este caso, por el que ya anuló su viaje oficial a este país previsto para octubre, pero sí recalcó que la actividad de esta "red mundial de espionaje" es un asunto "sumamente importante y grave".

Rousseff destacó que este espionaje "ha generado enojo y repudio" en todo el mundo y señaló que ha afectado especialmente a Brasil porque se interceptaron comunicaciones de la oficina de la Presidencia, de la misión de su país ante la ONU e incluso informaciones "de alto valor económico e incluso estratégico".

Estas revelaciones, añadió, muestran una injerencia en asuntos internos, lo que consideró aún más repudiable por ser entre "países amigos".

Además, Rousseff consideró "totalmente inaceptable" el espionaje a empresas y dijo que es "insostenible" justificar estas prácticas por la lucha contra el terrorismo.

"Brasil sabe cómo protegerse, lucha contra los grupos terroristas y no los alberga", recalcó la mandataria, quien destacó: "vivimos en paz con nuestros vecinos desde hace más de 140 años".

En una referencia a su pasado como militante de oposición a la dictadura militar brasileña, Rouseff dijo que "al igual que otros muchos latinoamericanos", luchó "de manera directa contra el autoritarismo y las actuaciones arbitrarias".

Se trata -resumió- de "un caso de falta de respeto a la soberanía nacional de mi país", añadió la presidenta, quien recalcó que si no hay un respeto a la privacidad "no hay una verdadera democracia", por lo que pidió una acción internacional concertada para evitar que estas prácticas puedan repetirse.

El tema del espionaje político centró también buena parte de la reunión que mantuvo la presidenta brasileña con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, antes de que arrancaran los debates en el pleno de la Asamblea General.

Rousseff también dedicó una buena porción de su intervención a la ola de manifestaciones y protestas que vivió su país en junio pasado, de las que dijo que son "parte inseparable de la construcción de la democracia y el cambio social".

Sin embargo, señaló que su Gobierno "no reprimió a los manifestantes, sino que los escuchó", ya que "nosotros vinimos de las calles. Las calles son nuestro lugar, son nuestra base".

Dilma Rousseff recordó que los manifestantes "reclamaban un futuro de mayores derechos, mayor participación y mayores logros sociales", y lo relacionó con la fuerte reducción de la pobreza que ha logrado su país en la última década, que a su vez ha generado mayores peticiones de profundización democrática y social.

Dilma Rousseff insistió además en dos viejas peticiones de Brasil: la reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Consejo de Seguridad de la ONU para que ambos organismos otorguen peso a los países emergentes más importantes, como el suyo.

"La gobernanza del fondo debe reflejar el peso de los países emergentes", subrayó.

En cuanto al Consejo de Seguridad, consideró que habrá "una derrota colectiva" si no se produce una reforma para 2015, ya que el organismo mantiene una "limitada representación" que no sirve para afrontar los retos del siglo XXI.

Como ejemplo, Rousseff mencionó la inacción del Consejo ante la guerra civil de Siria, que dura ya dos años y medio, o la "parálisis" ante el conflicto israelo-palestino.

La guerra civil en Siria y la situación en Oriente Medio fue otro de los temas abordados por la presidenta y el secretario general, así como la aportación que hace Brasil a la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití.

Pronunciamiento de Obama 

Durante su intervención en la 68va asamblea de la ONU, el presidente de EE. UU. tuvo una mínima referencia a las declaraciones de Roussef al defender  la "humildad" con la que su país se involucra en los "eventos decisivos de otros países". "Algunos podrán estar en desacuerdo, pero creo que EE. UU. es indispensable", afirmó Obama.

No obstante, su discurso se centró en la intervención de su país en los conflictos de Oriente Medio. 

Sobre Siria manifestó: "No creo que una acción militar lleve a la paz duradera”. Acto seguido le pidió al Consejo General de la ONU que apruebe una resolución "fuerte" contra el uso de armas químicas.

En cuanto a Egipto declaró: “decidimos apoyar estas transiciones a la democracia porque las sociedades serían más prósperas". Y resolvió: "Aunque se nos ha acusado de inconsistencia e hipocresía, EE. UU. seguirá comprometida en la región". 

Al repasar la posición del país norteamericano frente a la crisis económica y las guerras en Afganistán e Irak aseguró: "Para EE UU esto ha significado el alejamiento de un estado de guerra permanente". 

Y precisó en cuanto a los desafíos bandera de su administración en materia de relaciones exteriores: "Nuestros esfuerzos diplomáticos se van a centrar en dos asuntos: el diálogo entre Israel y Palestina y las armas nucleares en Irán". 

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