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| 4/7/2014 12:00:00 AM

Polémica sobre el papel de Francia en el genocidio de Ruanda

Aunque París dice que no está implicada en el genocidio, sí reconoció que había cometido "errores de apreciación".

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AFP
El papel de Francia en el genocidio ruandés hace 20 años sigue provocando polémica, ya que Ruanda acusa al país europeo de haber sido actor de las matanzas, acusación que París rechaza aunque admite "errores de apreciación".

Este lunes, las autoridades ruandesas y la comunidad internacional, sin la participación de Francia, excluida por el Gobierno ruandés, conmemoraron en Kigali el 20º aniversario del genocidio que causó en 1994 unos 800.000 muertos, sobre todo tutsis, pero también hutus moderados.

El meollo del contencioso franco-ruandés es el apoyo de París y de sus fuerzas armadas al régimen hutu ruandés, culpable del genocidio. De 1990 a 1993, los soldados franceses intervinieron para ayudar al ejército ruandés a luchar contra la rebelión tutsi del Frente Patriótico Ruandés (FPR) actualmente en el poder en Ruanda.

Esto le vale a Francia desde hace 20 años la acusación, por parte de Kigali, de "complicidad" de genocidio por haber formado y armado las fuerzas ruandesas. También se acompaña de una denuncia de la operación militar 'Turquesa' (junio a agosto de 1994), lanzada oficialmente por razones "humanitarias" con mandato de la ONU. En la realidad, acusa Kigali, esta misión permitió proteger a los responsables del régimen genocida en su fuga hacia Zaire (que se convirtió después en la República Democrática del Congo, RDC).

Sin llegar a abrir sus archivos, como reclama este lunes un editorial del diario Le Monde, las autoridades francesas han negado durante mucho tiempo toda responsabilidad: "Las fuerzas armadas francesas fueron ejemplares en Ruanda", juzgaba en 2010 Edouard Balladur, primer ministro en la época de los hechos.

Aunque Francia ha dicho que no está implicada en el genocidio, sí reconoció que había cometido "errores de apreciación" al subestimar sobre todo el carácter "autoritario y racista" del régimen ruandés, juzgó no obstante en 1998 una comisión parlamentaria francesa.

En 2010, el presidente francés de la época, Nicolas Sarkozy, que oficializó una reanudación de las relaciones diplomáticas, suspendidas durante tres años, fue más lejos: sin presentar excusas, como reclamaban algunos representantes de las víctimas, reconoció durante una histórica visita a Kigali que se habían cometido "graves errores de apreciación" y una "forma de ceguera" de Francia por no haber visto "la dimensión genocida" del régimen ruandés hutu.

En el plano judicial, tribunales franceses rechazas sistemáticamente toda demanda de extradición de Kigali de los presuntos culpables de genocidio y hubo que esperar 20 años para que se abriera por fin un primer proceso en Francia. En febrero, un ex-oficial de la guardia presidencial, Pascal Simbikangwa, fue condenado a 25 años de cárcel.

Para Kigali, aún queda mucho por hacer. "Hay docenas de actas de acusación en curso en el sistema judicial francés. En función de lo que ocurrirá con esos próximos expedientes, las semanas y meses que vendrán servirán para probar si este proceso es simbólico", dijo el ministro de Justicia ruandés, Johnston Busingye.
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